Con el correr de las horas, la investigación por la violenta entradera que sufrió la familia Zárate en su vivienda de Lago Guillelmo e Hipólito Yrigoyen, en Cipolletti, comenzó a tomar un rumbo distinto. Si bien la hipótesis del robo continúa vigente y no fue descartada, cada vez son más los elementos que llevan a los investigadores a preguntarse si detrás de la irrupción de la banda existía un motivo mucho más profundo. En ese escenario, empieza a cobrar fuerza la posibilidad de que el hecho haya estado vinculado a una presunta venganza, aunque por el momento se trata de una línea de trabajo que todavía debe ser corroborada.
Uno de los primeros interrogantes surgió apenas terminó el enfrentamiento. Los investigadores pusieron la lupa sobre la reacción de Tomás Zárate, de 21 años, quien respondió prácticamente de inmediato al ataque. El joven tenía un pistola 9 milímetros cargada al alcance de la mano y, según la reconstrucción realizada hasta el momento, actuó sin demoras cuando los delincuentes irrumpieron en la propiedad. Esa rapidez llamó la atención desde el primer momento y abrió una serie de preguntas que aún no tienen respuesta. Los pesquisas intentan determinar si se trató simplemente de una reacción instintiva o si existía algún antecedente que hiciera prever un ataque de esas características.
A ese dato se suma otro que también modificó el análisis de la causa. La banda no llegó con herramientas improvisadas. Los delincuentes utilizaban un inhibidor de señal de seis antenas, un dispositivo poco frecuente en robos convencionales. Según establecieron los peritos, el equipo anuló prácticamente todo el sistema de cámaras de seguridad de la vivienda y dejó operativa solamente una cámara ubicada en el patio, donde había al menos una decena de autos y camionetas ofrecidos para la venta. Para los investigadores, ese nivel de preparación podría ser un indicio de que los atacantes conocían el lugar y habían planificado cada movimiento antes de ingresar.
Mientras tanto, la búsqueda del resto de los integrantes de la banda continúa a contrarreloj. En paralelo, la Fiscalía mantiene un intercambio permanente de información con la Policía de Neuquén, ya que los primeros indicios apuntan a que el grupo tendría origen en esa provincia y huyeron hacía alla después de dejar abandonado el Toyota Corolla. El objetivo es reconstruir los desplazamientos de los sospechosos antes y después del ataque, identificar posibles vínculos y determinar si participaron en otros hechos similares.
Como parte de esa reconstrucción, una de las medidas consideradas clave será el análisis de dos teléfonos celulares que fueron secuestrados durante la investigación. La tarea estará a cargo de la Oficina de Investigación en Telecomunicaciones (OITel), que deberá extraer y analizar la información almacenada en ambos dispositivos. Uno de los teléfonos fue hallado dentro del Toyota Corolla utilizado por la banda, mientras que el otro estaba en poder de Franco Nicolás Padilla, el delincuente que murió durante el enfrentamiento y cuyo cuerpo fue encontrado dentro de ese mismo vehículo. Los investigadores esperan que el contenido de esos equipos permita reconstruir comunicaciones, contactos, recorridos y posibles conexiones con otros integrantes de la organización.
En ese contexto, también comenzaron a revisar antecedentes que podrían tener algún punto de contacto con el caso. Una de las líneas de trabajo busca establecer si existe alguna relación con un incendio de vehículos de alta gama ocurrido meses atrás en Neuquén, un episodio que en su momento generó fuerte repercusión. Por ahora las evidencias se mantienen en estricto hermetismo, pero los pesquisas intentan descartar o confirmar cualquier elemento que pueda aportar a la investigación.
Al mismo tiempo, otra hipótesis que permanece bajo análisis, siempre con extrema cautela, es la posibilidad de que el ataque esté relacionado con un conflicto económico derivado de un presunto negocio vinculado al narcotráfico y una importante deuda de dinero. Fuentes cercanas a la investigación, insistieron en off the récords, plantearlo como una hipótesis sin mencionar pruebas e indicios. Aunque forma parte del abanico de posibilidades que surgen para intentar explicar el nivel de violencia desplegado por la banda.
También se espera los resultados del barrido electrónico sobre las muestras tomadas en la morgue de Roca, que serán fundamentales para saber si Padilla disparó algún arma de fuego durante el ataque del pasado miércoles en el barrio Rincón Lindo de Cipolletti.
Con varios sospechosos todavía prófugos y numerosas preguntas sin respuesta, la causa atraviesa una etapa decisiva. El resultado de las pericias tecnológicas, el análisis de los teléfonos celulares y el intercambio de información con Neuquén podrían aportar las piezas que hoy faltan para responder el principal interrogante que se hacen los investigadores: si la banda llegó a la casa de la familia Zárate únicamente para cometer un robo o si, detrás del feroz ataque, existía un objetivo mucho más específico.