Una banda de motoqueros armados actúa entre Cipolletti y Fernández Oro, sembrando el terror en la Ruta Chica con una modalidad de robo que es muy conocida y frecuente en las grandes urbes: persecuciones a balazos, robos de motos y víctimas que apenas logran escapar con vida.
La semana pasada, un joven que viajaba en su Yamaha 110cc. rumbo a su trabajo fue interceptado en la ruta 65. No se detuvo y la respuesta fue brutal: disparos directos contra él. Su moto terminó con tres impactos de bala y él en estado de shock, asistido de urgencia en una estación de servicio. El episodio estuvo a un paso de convertirse en tragedia.
Sin embargo, lo más inquietante es que no se trata de un caso aislado. Los vecinos denuncian que la misma mecánica se repite en Ferri sobre calle San Luis y otros accesos: acorralar, intimidar y disparar si la víctima intenta escapar. La violencia se multiplica y la sensación de inseguridad crece sin freno.
Ahora bien, lo que sorprende es el paralelismo con lo que ocurre en las grandes ciudades. En Buenos Aires, Rosario o incluso en metrópolis internacionales, esta metodología se ha instalado hace años: bandas en motos de alta cilindrada que roban vehículos y escapan a toda velocidad por autopistas, imposibles de atrapar. Lo que antes parecía un fenómeno urbano, hoy se traslada a rutas provinciales, con la misma lógica de terror y la misma impunidad.
Además, la comunidad intenta defenderse como puede. En los grupos de WhatsApp circulan advertencias y relatos que pintan un panorama cada vez más oscuro. Allí se señala que la banda tendría su base en los barrios Puente 83 y Martín Fierro. "Son más jóvenes y más agresivos; tiran por cualquier cosa y no les importa nada. Tiran al cuerpo", denunció un vecino que transita habitualmente la zona.
La Ruta Chica, que hasta hace poco era un camino de tránsito cotidiano, hoy se convirtió en un territorio de miedo. Cada motociclista que se aventura por allí sabe que puede ser el próximo blanco. La violencia, la impunidad y la falta de respuestas oficiales alimentan un clima de inseguridad que recuerda a las peores postales de las grandes ciudades.