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Murió una adolescente en una pileta de Ingeniero Maschwitz y denuncian negligencia

La víctima tenía 13 años y asistía a un centro terapéutico. Su familia denuncia falta de supervisión. Hay cuatro imputados y las cámaras de seguridad serán clave para determinar responsabilidades.

Jueves, 30 de abril de 2026 a las 17:28
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La adolescente asistía al lugar por su condición dentro del espectro autista y tenía dificultades motrices, lo que requería supervisión constante.

La tarde del pasado sábado en Ingeniero Maschwitz terminó en tragedia dentro del centro terapéutico AUPA, donde Renata Victoria Aris Fajka, una adolescente de 13 años con discapacidad, murió ahogada en una pileta que formaba parte de las actividades recreativas del lugar. La escena, que en un principio fue presentada como una descompensación dentro del agua, rápidamente empezó a reconstruirse bajo otra hipótesis: la de una presunta negligencia en el cuidado de una menor que, según su familia, necesitaba supervisión constante y especializada.

Renata asistía a ese espacio dedicado a personas con Trastorno del espectro autista (TEA), donde se desarrollaban terapias y actividades físicas adaptadas. Entre ellas, el uso de la pileta. Su padre, Ignacio, explicó que su hija tenía dificultades motrices que le impedían desenvolverse con autonomía en el agua. Por eso, remarcó que su presencia allí implicaba necesariamente la intervención permanente de adultos responsables. “Se supone que es un centro preparado para chicos con discapacidad. No podía nadar ni manejarse sola”, sostuvo, marcando desde el inicio una contradicción central entre el funcionamiento esperado del lugar y lo que, según él, terminó ocurriendo.

Qué dijeron desde el Centro Terapéutica  AUPA sobre la muerte de la nena

El relato institucional indicó que la menor se descompensó mientras estaba en la pileta. Según esa versión, fue retirada del agua por el personal y asistida con maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) hasta la llegada de una ambulancia. Sin embargo, el traslado a la Unidad de Diagnóstico Precoz de la zona confirmó el peor desenlace: Renata ingresó sin signos vitales y los médicos no pudieron revertir el cuadro. Para la familia, esa secuencia no solo resulta insuficiente como explicación, sino que además encubre lo que consideran una cadena de fallas graves en la supervisión.

El padre de la víctima aseguró haber tenido acceso a información clave a través del fiscal de la causa, especialmente en relación a las cámaras de seguridad del lugar. Según su reconstrucción, las imágenes mostrarían que la adolescente ingresó a la pileta acompañada, pero que en un momento quedó sola dentro del agua sin intervención del personal. “En el video se ve que la dejan sola. Los guardavidas no hacen nada”, afirmó, reforzando la sospecha de abandono en un contexto donde cada segundo era determinante.

Qué dijo la familia de Renata respecto de la muerte

Las críticas de la familia se volvieron más duras al describir el accionar de quienes estaban a cargo del cuidado. Ignacio apuntó directamente contra los guardavidas y el equipo terapéutico, cuestionando su nivel de atención durante el episodio. “No sé para qué estaban. Estaban con el celular, distraídos, en vez de mirar lo que pasaba”, denunció públicamente. En la misma línea, Ángeles, tía de la adolescente, rechazó la versión de la descompensación y aseguró que la muerte fue consecuencia directa de la falta de control: sostuvo que Renata fue ingresada al agua por su acompañante y luego quedó completamente sola, sin que nadie interviniera a tiempo.

El dolor de la familia se transformó también en un reclamo público. “A mi sobrina la sacaron muerta de la pileta”, afirmó Ángeles, quien además pidió el cierre del centro y advirtió a otros padres sobre la situación. Para los allegados, el hecho no puede leerse como un accidente inevitable, sino como el resultado de una negligencia evitable en un ámbito que debía garantizar cuidado permanente.

La causa judicial fue caratulada como homicidio culposo y ya hay cuatro personas imputadas: una guardavidas y dos cuidadores del centro, mientras la investigación avanza para determinar responsabilidades concretas. En ese proceso, las grabaciones de las cámaras de seguridad aparecen como una prueba central para esclarecer qué ocurrió en esos minutos críticos dentro de la pileta, donde una adolescente que necesitaba asistencia constante terminó sola, sin respuesta inmediata, en un entorno que debía protegerla.

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