Gonzalo "Chispa" u "Omar" Sánchez, uno de los integrantes del grupo de tareas de la ESMA que participó en la desaparición del escritor Rodolfo Walsh, fue condenado a 16 años y 8 meses de prisión por 178 privaciones ilegales de la libertad cometidas durante la última dictadura. La sentencia vuelve a poner en el centro de la escena a un represor con una historia particularmente incómoda para Río Negro: después de permanecer prófugo y refugiarse en Brasil, se instaló en San Antonio Oeste, donde intentó reconstruir su vida como empresario naval, en la misma provincia en la que había nacido el escritor al que la dictadura persiguió, secuestró y desapareció.
La coincidencia geográfica es tan brutal como difícil de ignorar. Walsh nació en Lamarque. Sánchez terminó refugiado en San Antonio Oeste. Los dos quedaron unidos para siempre por una historia que comenzó a escribirse con sangre en Buenos Aires y que, décadas después, volvió a golpear las puertas de Río Negro.
La condena conocida esta semana no es una condena más dentro de las causas por delitos de lesa humanidad. El Tribunal Oral Federal N°5 encontró a Sánchez coautor de 178 privaciones ilegales de la libertad triplemente agravadas. Entre los hechos investigados estuvo el operativo en el que fue secuestrado Rodolfo Walsh, el periodista y escritor rionegrino que se había convertido en una de las voces más incómodas para la dictadura.
El escritor de Lamarque que la dictadura quiso silenciar
Rodolfo Walsh había nacido en Lamarque, en el Valle Medio rionegrino, 9 de enero de 1927. Desde allí salió una de las plumas más importantes de la literatura y el periodismo argentino. El autor de Operación Masacre, desarrolló una forma de hacer periodismo policial única hasta el momento. Además, incomodaba al poder. Investigaba, reconstruia y poner nombres donde otros preferían silencio.
Y en 1977 volvió a hacerlo. El 24 de marzo, al cumplirse un año del golpe militar, Walsh difundió su célebre Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, un documento demoledor en el que denunció las desapariciones, los asesinatos, la tortura y las consecuencias económicas de la dictadura.
Al día siguiente, el 25 de marzo de 1977, fue emboscado en las inmediaciones de San Juan y Entre Ríos, en Buenos Aires. Intentó resistir. Fue baleado. Y luego fue llevado por los integrantes del grupo de tareas. Desde ese momento, nunca más volvió a aparecer.
Entre quienes integraban aquella maquinaria represiva estaba Gonzalo Sánchez, conocido como "Chispa" u "Omar", un prefecto que había ingresado a la fuerza en 1975 y que, después del golpe, pasó a integrar el Grupo de Tareas 3.3.2 que operaba en la ESMA.
Y el represor terminó en Río Negro
Lo que ocurrió después parece escrito por un guionista demasiado cruel. Mientras el nombre de Walsh se transformaba en símbolo de la resistencia y su obra atravesaba generaciones, Sánchez consiguió mantenerse fuera del alcance de la Justicia durante años.
Y terminó en Río Negro. A comienzos de la década del 2000 apareció en San Antonio Oeste, vinculado a la actividad pesquera y naval. No llegó presentándose como un represor. Por el contrario, buscó construir otra historia: la de un hombre dedicado a los barcos, al trabajo y a los proyectos productivos. Incluso impulsó la idea de instalar un astillero. Hablaba de construcción naval y de puestos de trabajo. Pretendía proyectarse como empresario y armador.
Pero había algo que no podía ocultarse para siempre. Su pasado. Una investigación periodística comenzó a reconstruir quién era realmente aquel hombre que había aparecido en la costa rionegrina. Los testimonios de sobrevivientes de la ESMA permitieron identificarlo y ubicarlo dentro del centro clandestino de detención. Entonces, el disfraz de empresario naval comenzó a desmoronarse.
San Antonio no lo dejó pasar
La historia llegó al Concejo Deliberante de San Antonio Oeste y la respuesta fue contundente. Sánchez fue declarado persona no grata y el proyecto para instalar el astillero quedó rechazado. Aquella decisión significó algo más que el fracaso de un emprendimiento privado: una ciudad rionegrina se negó a aceptar que un hombre señalado por su participación en el aparato represivo de la dictadura pudiera reconstruir su vida sin responder por su pasado. Mucho antes de la condena que hoy vuelve a colocarlo en las primeras páginas, San Antonio Oeste ya había puesto la lupa sobre Sánchez.
La Legislatura provincial llegó a impulsar una declaración de persona no grata para el represor, mientras avanzaban las investigaciones judiciales y el reclamo por su captura. De la mano de un sobreviviente de la dictadura como Eduardo "Bachi" Chironi.
Brasil, otra fuga y finalmente la Justicia
Pero Sánchez volvió a escapar. Después de abandonar la Argentina, Brasil se convirtió en su refugio. Fue detenido en 2013 en Angra dos Reis, aunque el proceso de extradición se extendió durante años. Incluso consiguió una prisión domiciliaria y volvió a escapar, hasta que finalmente fue localizado nuevamente y quedó a disposición de las autoridades brasileñas.
En 2020 fue extraditado a la Argentina. El represor que durante años había conseguido esquivar a la Justicia terminó regresando esposado al país. Pero todavía faltaba el capítulo decisivo que iba a definir su suerte.
178 víctimas y una condena de 16 años y 8 meses
El proceso contra Sánchez comenzó en 2025 y formó parte del noveno tramo de la megacausa ESMA. La investigación judicial abarcó 193 secuestros cometidos entre 1976 y 1978 y terminó con una condena de 16 años y 8 meses de prisión para el exintegrante del Grupo de Tareas 3.3.2.
La Fiscalía y las querellas habían solicitado 25 años de prisión. El tribunal, integrado por Daniel Obligado, Germán Castelli y Adriana Palliotti, resolvió imponer la pena por 178 privaciones ilegales de la libertad agravadas. Sánchez continuará detenido en Campo de Mayo.
Entre los nombres que atraviesan la historia represiva de Sánchez aparece el de Rodolfo Walsh. Y ahí es donde la condena adquiere una dimensión especialmente fuerte para Río Negro. Porque Walsh no era un escritor cualquiera nacido en otra parte del país. Era un rionegrino de Lamarque. Y quien fue señalado y ahora condenado por su participación en el operativo que terminó con su secuestro y desaparición terminó, años después, intentando echar raíces en esta misma provincia.
Una historia que volvió a Río Negro
Hay algo difícil de esquivar en esta historia. Walsh salió de Lamarque para convertirse en uno de los grandes periodistas y escritores argentinos. Sánchez llegó a San Antonio Oeste intentando convertirse en otra cosa. Uno dejó una obra que sobrevivió a la dictadura. El otro pasó décadas intentando escapar de las consecuencias de lo que había hecho.
Uno fue perseguido por escribir. El otro terminó condenado por integrar la maquinaria que persiguió, secuestró y torturó. Y entre ambos quedó Río Negro. Lamarque fue la tierra donde nació Walsh. San Antonio Oeste fue el lugar donde Sánchez intentó esconder su pasado. La distancia entre ambas ciudades no alcanza para borrar la conexión. Mucho menos ahora.
Y un nombre que vuelve a quedar asociado para siempre al de Rodolfo Walsh.