Sala estaba colmada. Madres, padres y familiares escucharon con el corazón en la boca el veredicto que puso fin a años de tensión y dolor. El juez Marcelo Álvarez fue quien leyó la decisión sobre el juicio por el abuso de las alumnas: "tener por suficientemente acreditados que los hechos se produjeron de la forma en la que fueron narrados por la acusación”. La frase desató un estallido de emoción: lágrimas, abrazos y un alivio que se mezcló con la bronca acumulada. Después de leer el veredicto de culpablidad, aclaró que la pena se definirá en un juicio posterior.
A continuación, el bloque acusador encabezado por el fiscal de San Antonio, Gustavo Arbués pidió extender la prisión preventiva, que vencía el 5 de julio. Argumentó riesgo de fuga y la necesidad de asegurar que la condena quede firme. La defensa, en cambio, intentó instalar la idea de una medida menos gravosa, alegando que Leal ya lleva dos años detenido. El tribunal no dudó: ordenó que siga en el Penal 1 de Viedma.
El fallo se apoyó en pruebas contundentes. Las Cámaras Gesell fueron determinantes: once niñas, de entre seis y ocho años, relataron situaciones similares ocurridas durante las clases de Plástica. Los informes de la profesional entrevistadora, las denuncias de las madres y las evaluaciones del Cuerpo de Investigación Forense reforzaron la credibilidad de cada relato. El fiscal jefe Hernán Trejo lo sintetizó: “un mismo patrón de actuación respecto de las once niñas”.
Los abogados querellantes, Damián Torres y Santiago Alonso, remarcaron que las niñas pudieron narrar con detalle el entorno y las circunstancias, cada una desde su edad y capacidad de expresión. Alonso fue más allá: denunció la “pedagogía del horror y la didáctica del espanto” de la defensa, que intentó sembrar sospechas sobre niñas de seis, siete y ocho años. La frase quedó grabada como símbolo de la tensión del juicio.
Por su parte, la defensa de Leal, encabezada por Emiliano Gallego, insistió en la absolución. Alegó fisuras en la acusación y contaminación de relatos por el tiempo transcurrido. Pero el tribunal desestimó cada argumento y cerró la puerta a la estrategia defensiva.
Conexión con el “Squishy”
Este fallo es la consecuencia directa de la causa iniciada por el juego del Squishy, como publicó en exclusiva Mejor Informado apenas unas horas después de la pueblada que le quemó la casa en San Antonio Oeste. El objeto infantil que se convirtió en símbolo del horror. Las niñas coincidieron en que el maestro lo usaba como excusa para perpetrar los abusos. Ese detalle, repetido en las entrevistas, fue clave para acreditar el patrón de conducta. Las sentaba en su falda con la excusa de prestarle el llamativo juguete, y las manoseaba.
La audiencia de cesura definirá la pena, que podría superar los tres años de prisión efectiva.