La causa por trata de personas que tiene como principal acusado al ruso Konstantin Rudnev volvió a quedar bajo la lupa después de las fuertes acusaciones lanzadas desde su entorno contra la Justicia argentina: lo calificaron de “preso político”, denunciaron que el expediente fue “fabricado” y cuestionaron la existencia de pruebas para mantenerlo detenido. Ahora, un informe de una antropóloga de la UBA también puso en discusión la utilización judicial de conceptos como “persuasión coercitiva” y la decisión de considerar víctima a una mujer que niega haber sido explotada por los acusados.
La causa de la secta rusa está lejos de apagarse. Mientras Rudnev continúa imputado en la investigación federal por trata de personas, el expediente suma cuestionamientos que golpean directamente contra la estrategia de la Fiscalía y, particularmente, contra el fiscal general Fernando Arrigo.
Y ahora apareció una nueva pieza que vuelve a encender la polémica. La antropóloga María Vardé, del Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, cuestionó el modo en que determinadas investigaciones judiciales utilizan las categorías “secta”, “organización coercitiva” y “persuasión coercitiva”. Según su análisis, el problema aparece cuando esas categorías dejan de ser una hipótesis a investigar y pasan a funcionar como una explicación previa de los hechos.
Pero hay más. Porque uno de los puntos más explosivos de su análisis está relacionado con Elena Makarova, la mujer rusa considerada presunta víctima en el expediente de Bariloche. En su declaración en Cámara Gesell, según el informe difundido, fue contundente al referirse a Rudnev: “No, no lo conozco”.
Makarova también negó haber sido manipulada, explotada o privada de su libertad durante el período que la Fiscalía utiliza para sostener su hipótesis. Incluso aseguró que en Bariloche podía desplazarse libremente y que vivía con una amiga.
Sin embargo, la Fiscalía mantuvo su consideración como víctima. Y justamente ahí Vardé encuentra el nudo de la discusión.
La antropóloga advierte que si se parte de la idea de que una persona perdió su capacidad de decidir autónomamente, su propia negativa a reconocerse como víctima puede terminar interpretándose como una prueba más de la supuesta manipulación.
Es una acusación metodológica de enorme peso porque apunta directamente a la manera en que se valoran las declaraciones dentro de una investigación penal.
Detenciones en Bariloche, Neuquén y Aeroparque
Rudnev fue detenido en un operativo que desarticuló al grupo investigado en Bariloche y quedó como el principal acusado de una organización a la que la investigación vincula con presunta trata de personas. La Justicia mantuvo la investigación abierta y permaneció privado de su libertad, mientras otros integrantes fueron beneficiados posteriormente con medidas menos gravosas.
El expediente, además, tiene un capítulo que alimentó desde el comienzo las sospechas de los investigadores: el desplazamiento del grupo y su intento de abandonar Argentina.
Rudnev fue detenido en Bariloche cuando se encontraba próximo a viajar hacia San Pablo, mientras otros integrantes fueron localizados en Aeroparque. Y varias mujeres rusas fueron encontradas en un hostel de Neuquén. Ese episodio fue interpretado dentro de la investigación como parte de un intento de salida del país.
Por eso, el debate actual no puede reducirse a una frase de una presunta víctima ni a la defensa pública de Rudnev. Hay una investigación federal, imputaciones y elementos que la Fiscalía considera suficientes para sostener la acusación.
Pero también hay algo que resulta imposible ignorar: hay mujeres cuya condición de víctimas es discutida por ellas mismas.
Todo comenzó cuando una mujer rusa, que no hablaba castellano, se presentó en el hospital de Bariloche a dar a luz. El personal que la atendió reconoció a Rudnev como quien esperaba ansioso ese bebé por nacer.
En ese escenario apareció uno de los ataques más duros contra la investigación.
Tamara Rudneva, esposa de Rudnev, denunció públicamente que la Justicia argentina había “fabricado” la causa contra su marido y sostuvo que el ciudadano ruso era un “preso político”. Además, cuestionó la prisión preventiva y aseguró que su esposo permanecía detenido sin pruebas suficientes.
La mujer también apuntó contra el tratamiento médico que recibe Rudnev durante su detención y afirmó que su estado de salud se había deteriorado considerablemente. Según su relato, presenta problemas pulmonares y antecedentes cardíacos y necesitaba atención médica que, a su entender, no estaba recibiendo adecuadamente.
Pero la denuncia fue mucho más allá de las condiciones de detención.
Rudneva sostuvo que su marido fue perseguido por razones políticas y vinculó su situación actual con su pasado como supuesto disidente ruso. Incluso relacionó el caso con el escenario internacional y con los vínculos políticos entre Argentina, Estados Unidos y Rusia.