El viejo dicho popular parece haber encontrado una escena bastante concreta para hacerse realidad: "tenele miedo a los vivos, no a los muertos". En el Cementerio Municipal de Roca, quedó demostrado que el peligro no estaba entre las tumbas, sino caminando entre ellas. Dos personas terminaron detenidos por la Policía mientras arrancaban placas y cruces metálicas de una tumba.
Todo comenzó a las 17:24, cuando un vecino alertó al 911 RN Emergencias sobre dos hombres que habían ingresado al predio a bordo de una moto y que estaban robando elementos. La advertencia permitió que un móvil policial de la Comisaría 31° se dirigiera hasta el cementerio ubicado en la zona de calle Evita y Mendoza. Al llegar, los efectivos ingresaron al predio y avanzaron hasta el sector ubicado al fondo del acceso principal. Allí encontraron a los dos delincuentes, que no estaban precisamente de visita ni dejando flores: estaban barreteando una de las tumbas.
La situación terminó de complicarse cuando los hombres advirtieron la presencia policial e intentaron escapar. Sin embargo, los efectivos lograron reducirlos antes de que pudieran abandonar el lugar. En el sector quedaron los elementos que, según la investigación inicial, pretendían llevarse: una cruz cromada y una placa con una dedicatoria, de color bronce. También fue secuestrada la barreta utilizada para violentar la tumba.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa un delito que tiene como blanco objetos que para las familias representan mucho más que un pedazo de metal. Placas, cruces, figuras religiosas y otros elementos de bronce o materiales similares pueden terminar convertidos en una mercancía para quienes buscan sacar provecho de su valor como chatarra, mientras que para los deudos tienen un valor afectivo imposible de medir. El robo de placas y objetos metálicos de cementerios ha sido registrado en distintos puntos del país.
En este caso, además, el procedimiento permitió evitar que los elementos fueran retirados del cementerio. La cruz y la placa fueron posteriormente restituidas al encargado del lugar, mientras que personal del Gabinete de Criminalística realizó las pericias correspondientes para documentar la escena. Por disposición de la fiscal de turno, Daniela Espinoza, el hombre de 38 años quedó detenido por el delito de robo. En tanto, el adolescente de 16 años quedó demorado con intervención del SENAF y de las medidas correspondientes por su edad.
Además, los policías secuestraron la moto Appia de color negro en la que se movilizaban. El vehículo fue trasladado a la unidad policial para incorporarlo a las actuaciones, mientras la investigación continúa para determinar con precisión cómo se produjo el ingreso y si los sospechosos podrían estar vinculados con otros episodios similares.
Porque esta vez los muertos no pudieron defender ni sus nombres ni sus recuerdos. Tuvieron que ser los vivos, y más precisamente un vecino que llamó al 911 y los policías que llegaron al cementerio, quienes impidieran que una tumba terminara convertida en fuente de negocio para los que no respetan ni siquiera el último lugar de descanso. Y sí: después de lo ocurrido, aquel viejo consejo vuelve a sonar con una crudeza particular: tenele miedo a los vivos, no a los muertos.