Durante casi cuatro días, Campeón quedó atrapado en el murallón del embalse de Casa de Piedra, en Río Negro, sin poder escapar por sus propios medios. El caballo, ya viejo y ciego, estaba completamente indefenso y expuesto al frío. Su historia podría haber terminado de la peor manera, pero una vecina lo encontró a tiempo y decidió no mirar para otro lado. Un grupo proteccionista hizo una colecta y consiguieron rescatarlo a tiempo.
La mujer fue quien dio el aviso y, mientras se organizaba el operativo, hizo lo que pudo para mantenerlo con vida: le llevó agua y comida. El animal permanecía inmovilizado entre las rocas, sin posibilidades de encontrar por sí solo una salida. Según trascendió, había sido abandonado por su dueño algunos días antes.
El pedido de auxilio llegó hasta Rescate Animal No Humano (RANHU), que rápidamente puso en marcha un operativo para sacarlo de allí. El desafío no era sencillo: había que conseguir una grua capaz de retirar al caballo de las piedras y después trasladarlo unos 100 kilómetros hasta Roca.
La solidaridad apareció enseguida. RANHU lanzó una colecta para reunir $150.000 destinados a cubrir los gastos de combustible y el objetivo se alcanzó rápidamente gracias a los aportes de la comunidad. Jorge Acuña y su hija también se sumaron a la misión y aportaron el carro indispensable para poder transportar al animal.
Después de varias horas de trabajo y tensión, llegó finalmente el momento más esperado: Campeón fue liberado de las piedras. El caballo pudo ser retirado del lugar y comenzó entonces otro viaje, esta vez hacia un destino completamente diferente: un hogar donde alguien estaba dispuesto a cuidarlo.
Al llegar a Roca apareció la mejor noticia. Una familia se ofreció a adoptarlo y hacerse cargo de sus cuidados. Pese a su avanzada edad y a su discapacidad visual, las primeras señales fueron alentadoras: se encontraba en buen estado general y comenzó a alimentarse normalmente.
Desde RANHU compartieron una actualización que llevó tranquilidad a todos los que habían seguido el rescate: “Está muy bien” y “no ha parado de comer”. Los voluntarios remarcaron que había pasado hambre durante los días que permaneció atrapado y aprovecharon la historia de Campeón para insistir con un mensaje fundamental: los animales no se abandonan y la tenencia responsable puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.