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"Lo conocí por la pantalla de un celular”: el encuentro de Adriana Metz con su hermano que se convirtió en el nieto recuperado 140

Adriana Metz tenía un año cuando secuestraron a sus padres en Cutral Co. Cuarenta y ocho años después pudo encontrarse con su hermano, nacido en cautiverio y recuperado en 2025 como el nieto 140 de Abuelas de Plaza de Mayo. En una charla con Entretiempo por AM550 contó cómo fue ese primer contacto.

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El viernes 4 de julio de 2025 él supo que era el hijo de Graciela Romero y Raúl Metz. Adriana recibió la noticia al día siguiente. Ese mismo sábado, a las 19, se vieron por primera vez. (Foto Marcelo Nuñez)

Hay encuentros que llegan después de una espera de días, meses o algunos años. Otros, parecen atravesar una vida entera. Para Adriana Metz, el encuentro con su hermano llegó después de 48 años de búsqueda. Primero fue una fotografía mental construida con relatos familiares. Después, una ausencia. Más tarde, una búsqueda. Y finalmente, el 5 de julio de 2025, una pantalla de celular.

“Me pasó de conocer a mi hermano por primera vez a través de un celular”, contó Adriana en una charla con Entretiempo, por AM550, al recordar aquel primer contacto con el hombre que había nacido en cautiverio en abril de 1977 y que, casi cinco décadas después, fue identificado como el nieto 140 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo.

El resultado de ADN había sido comunicado un día antes. El viernes 4 de julio él supo que era el hijo de Graciela Romero y Raúl Metz. Adriana recibió la noticia al día siguiente. Ese mismo sábado, a las 19, se vieron por primera vez.

No hubo abrazo. No hubo una puerta que se abriera para que dos hermanos separados desde el nacimiento pudieran mirarse frente a frente. Hubo una videollamada. “El primer encuentro que tuve con mi hermano fue a través de una pantalla de celular, propio de esta época”, relató.

La conversación duró aproximadamente media hora, aunque a ella le pareció mucho menos. Hablaron de muchas cosas, sin detenerse demasiado en ninguna. Y hubo una sensación difícil de explicar después de tantos años. “Hablamos como si nos conociéramos de toda la vida, y como si la última conversación la hubiéramos tenido hacía dos o tres días atrás”, recordó.

“Crecí con la búsqueda de mi hermano”: Adriana Metz y el encuentro que esperó toda su vida.

Un hermano que siempre estuvo presente

Adriana tenía apenas un año cuando sus padres fueron secuestrados, durante la última dictadura. Graciela estaba embarazada de cinco meses. La pareja había sido trasladada desde Cutral Co al centro clandestino de detención conocido como "La Escuelita", en Neuquén, y posteriormente al centro clandestino del mismo nombre en Bahía Blanca. Adriana quedó al cuidado de vecinos hasta que sus abuelos paternos pudieron hacerse cargo de ella.

Fueron ellos quienes comenzaron a contarle, de a poco, la historia que marcaría su vida. No le entregaron toda la información de una vez. A medida que crecía, fueron incorporando nuevos datos. “Mis abuelos tuvieron la gran sabiduría de ir contándome a medida que iba creciendo y agregando información a medida que estaba en condiciones de ir entendiendo de qué se trataba”, explicó.

Adriana tenía apenas un año cuando sus padres fueron secuestrados, durante la última dictadura. Graciela estaba embarazada de cinco meses. La pareja había sido trasladada desde Cutral Co al centro clandestino de detención conocido como "La Escuelita", en Neuquén, y posteriormente al centro clandestino del mismo nombre en Bahía Blanca. Adriana quedó al cuidado de vecinos hasta que sus abuelos paternos pudieron hacerse cargo de ella.

Primero supo que sus padres se habían ido y que no sabían dónde estaban. Después conoció la existencia de los centros clandestinos y, fundamentalmente, supo algo que cambiaría para siempre su historia: tenía un hermano.

Su madre había dado a luz a un varón el 17 de abril de 1977, mientras permanecía secuestrada en La Escuelita de Bahía Blanca. La información llegó a la familia a través de sobrevivientes. Una de ellas, Alicia Partnoy, pudo aportar un dato fundamental: durante un descuido de los guardias logró cruzarse con Graciela y hablar con ella. La joven le contó que había dado a luz a un varón y que el bebé estaba bien.

“Mis abuelos me contaron que mi mamá estaba embarazada, porque mis abuelos me contaron que había un hermano. No sabíamos dónde, pero que había un hermano y que en algún momento iba a aparecer”, recordó Adriana.

“Hablamos como si nos conociéramos de toda la vida”: el encuentro de Adriana Metz con su hermano.

“Después de 48 años de búsqueda, efectivamente lo encontramos”

Durante décadas, ese hermano estuvo presente en la vida de Adriana sin estar físicamente en ella. La búsqueda comenzó siendo familiar y terminó convirtiéndose también en una tarea colectiva. En 1999, Adriana se presentó ante la Justicia en Bahía Blanca para comenzar formalmente la búsqueda. Con el paso del tiempo se vinculó cada vez más con Abuelas de Plaza de Mayo, organización que lleva adelante la tarea de encontrar a los hombres y mujeres que fueron apropiados durante la última dictadura y recuperar su derecho a la identidad.

“Yo encontré a mi hermano gracias al trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo”, destacó. La identificación se produjo luego de que él fuera convocado por la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), ante la existencia de elementos que permitían sospechar que podía tratarse de un hijo de desaparecidos. Accedió a realizarse una prueba genética y su ADN fue comparado con los grupos familiares conservados en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

El resultado confirmó aquello que Adriana había buscado durante casi toda su vida. Era su hermano. Pero el encuentro no significó que todo estuviera resuelto. Para Adriana, el proceso recién comenzaba. “A partir del resultado de ADN, él la tiene difícil porque él tiene que acomodar su identidad a una que no conocía y que también es historia de él”, explicó.

Por eso entiende que recuperar la identidad no significa que una persona deba convertirse automáticamente en aquello que dice su historia genética. La identidad, sostuvo, es mucho más compleja. “La identidad es algo que se va construyendo. El hecho de tener un ADN que diga que es mi hermano no lo va a convertir ni en hincha de San Lorenzo como yo”, dijo con humor.

El resultado confirmó aquello que Adriana había buscado durante casi toda su vida. Era su hermano. Pero el encuentro no significó que todo estuviera resuelto. Para Adriana, el proceso recién comenzaba. “A partir del resultado de ADN, él la tiene difícil porque él tiene que acomodar su identidad a una que no conocía y que también es historia de él”, explicó.

Lo que sí cambia es la posibilidad de acceder a una parte de la historia que le fue arrebatada. “Ahora él tiene que incorporar mucha información, 48 años de información que él no tenía”, señaló.

Graciela Romero y Raúl Metz fueron secuestrados en Cutral Co el 16 de diciembre de 1976. La mujer estaba embarazada de cinco meses cuando fue detenida ilegalmente. Su hijo nació en cautiverio en abril de 1977.

El hermano que buscó y el hermano que ahora conoce

Durante la conversación, Adriana también marcó un límite que considera fundamental: el respeto por los tiempos y las decisiones de su hermano. Él puede decidir cuánto quiere saber, cuánto quiere compartir y cómo quiere transitar el proceso. Después de haber vivido casi cinco décadas con una identidad que desconocía que había sido construida sobre una historia de apropiación, ese proceso no puede ser impuesto por nadie.

“Ahora él puede elegir juntarse o no con la familia. Pero es una decisión de él”, afirmó. Y agregó: “Como hermana mayor, lo cuido”.

La identificación también abre preguntas sobre lo ocurrido con el bebé después de su nacimiento. Los responsables de la apropiación ya fallecieron y, por lo tanto, no existe la posibilidad de que el hombre pueda preguntarles directamente cómo llegó a sus manos un bebé nacido en un centro clandestino de detención.

Por ahora, Adriana prefiere concentrarse en algo más íntimo: construir el vínculo que les fue negado. “Estamos tratando de establecer el vínculo de hermanos que siempre debió estar y que no nos permitieron tener”, expresó.

“Yo siempre supe que tenía un hermano”: la historia de Adriana Metz hasta encontrar al nieto 140

Un cumpleaños que durante años fue un mensaje al aire

Hay un detalle de la historia de Adriana que permite dimensionar cuánto tiempo duró aquella búsqueda. Desde 2016, cada 17 de abril, fecha en la que su hermano cumplía años, ella publicaba un saludo dirigido a ese hombre que todavía no conocía.

Durante años ese mensaje no tenía destinatario conocido. Era un saludo lanzado al mundo con la esperanza de que alguna vez pudiera llegar a quien correspondía. “Cada 17 de abril hacía un saludo al aire de un feliz cumpleaños para mi hermano”, contó. En 2026 pudo hacerlo de otra manera. “Recién este 2026 se lo pude decir directamente a él. Feliz cumpleaños, mi hermano, en su día, y decírselo a su celular directamente”. Esta vez el mensaje sí llegó.

 

La historia familiar que se convirtió en búsqueda colectiva

La historia de Adriana no terminó con la recuperación de su hermano. Por el contrario, el hallazgo reforzó su compromiso con la búsqueda de quienes todavía faltan.

Actualmente es una de las referentes de Abuelas de Plaza de Mayo en Mar del Plata y recorre distintos lugares del país para hablar de la búsqueda y del derecho a la identidad.

Su paso por Neuquén forma parte de esa tarea. Estuvo en escuelas secundarias de Cutral Co, en un instituto de formación docente y luego continuó con actividades en Loncopué y Las Lajas. “Una de las formas de búsqueda es salir a contar”, explicó.

Porque la búsqueda ya no se concentra solamente en las grandes ciudades. También necesita llegar a escuelas, institutos, pueblos y comunidades de todo el país.

“Hay que salir por todo el país a seguir contando que a 50 años del golpe, a casi 49 años de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo, continuamos la búsqueda”, sostuvo.

Según explicó, todavía quedan alrededor de 300 personas que podrían haber sido apropiadas durante la dictadura y cuya identidad continúa sin ser restituida. Para Adriana, no se trata solamente de conocer un nombre o de confirmar un vínculo biológico. “El derecho a la identidad de esas alrededor de 300 personas debe ser recuperado para ellos y, si tienen hijos, también para sus hijos”, afirmó.

Durante años ese mensaje de "Feliz cumpleaños" no tenía destinatario conocido. Era un saludo lanzado al mundo con la esperanza de que alguna vez pudiera llegar a quien correspondía. “Cada 17 de abril hacía un saludo al aire de un feliz cumpleaños para mi hermano”, contó. En 2026 pudo hacerlo de otra manera. “Recién este 2026 se lo pude decir directamente a él. Feliz cumpleaños, mi hermano, en su día, y decírselo a su celular directamente”. Esta vez el mensaje sí llegó.

Su propia historia explica por qué insiste en hablar, recorrer escuelas y encontrarse con jóvenes. Adriana recibió de sus abuelos una historia que pudo reconstruir con el aporte de familiares, compañeros de militancia de sus padres y sobrevivientes de los centros clandestinos. Con esa información comenzó a buscar a un hermano que sabía que existía pero al que nunca había visto.

Hoy puede llamarlo hermano. Pero la historia de los Metz no termina allí. Sus padres continúan desaparecidos y quedan interrogantes sobre lo ocurrido con ellos y sobre las circunstancias en las que su hijo fue apropiado. Por eso Adriana continúa buscando y contando.

También porque observa que la memoria necesita ser sostenida especialmente frente a discursos que, según señaló, en los últimos tiempos volvieron a relativizar o reivindicar aspectos del terrorismo de Estado. “Corresponde que la búsqueda continúe y, sobre todo, seguir contando en todos lados”, sostuvo. Y volvió a aquello que aprendió de las Abuelas: memoria, verdad y justicia.

“A 50 años del golpe, la búsqueda continúa por más memoria, por más verdad y por más justicia”, concluyó.

Esta vez, además, esa búsqueda tiene un rostro, una voz y un número de teléfono al otro lado de la pantalla. Después de 48 años, Adriana ya no tiene que imaginar a su hermano. Puede hablar con él.

 

La entrevista a Adriana Metz

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