Mientras máquinas, obreros y estructuras avanzan sobre el brazo Todero del río Limay, en Neuquén capital empieza a tomar forma una obra que durante décadas parecía imposible de recuperar. El Puente Anaya atraviesa su etapa final y ya se convirtió en una de las intervenciones más importantes para el sistema hídrico y vial de la ciudad.
El proyecto no solo busca mejorar la circulación en un sector cada vez más transitado, sino también recuperar un cauce que permanecía cerrado desde 1972. La reapertura del brazo Todero permitirá restablecer parte del funcionamiento hidráulico original de la zona y mejorar el escurrimiento de las aguas durante lluvias intensas.
Una obra que ya muestra cambios concretos
Los trabajos financiados por la Provincia ya tienen ejecutadas las losas principales del puente y las defensas tipo New Jersey. En paralelo, las cuadrillas avanzan con las veredas, las losas de aproximación y las conexiones de servicios esenciales que cruzarán la estructura, entre ellos agua, gas y energía eléctrica.
Cada avance empieza a modificar la imagen de una zona históricamente afectada por problemas de drenaje y circulación. La futura habilitación del puente permitirá ordenar el tránsito y conectar sectores estratégicos de la capital neuquina.
Además, la intervención forma parte de un plan integral vinculado al saneamiento y la sistematización hídrica urbana, con impacto directo sobre el comportamiento del arroyo Durán y su relación con el río Limay.
El brazo Todero vuelve a abrirse después de más de medio siglo
Uno de los puntos centrales de la obra es la recuperación del brazo Todero, cerrado desde hace más de cinco décadas. La reapertura permitirá que el agua vuelva a circular de manera más eficiente en un sistema que fue cambiando con el crecimiento urbano.
Desde el gobierno provincial destacaron que el objetivo es mejorar la funcionalidad hidráulica de toda el área y reducir riesgos ante precipitaciones fuertes.
Con el correr de los años, el avance de la ciudad modificó cauces y dinámicas naturales. Ahora, la obra busca recuperar parte de ese funcionamiento para acompañar el crecimiento urbano con infraestructura preparada para nuevas demandas.
Una inversión millonaria para una zona estratégica
La obra fue adjudicada mediante licitación pública a la empresa ARCO SRL y comenzó a ejecutarse en junio de 2025. Tiene un plazo de 472 días y una inversión de 6.243 millones de pesos financiados a través del Fondo Hídrico Provincial.
Cuando quede habilitado, el Puente Anaya se convertirá en una pieza central para la conectividad de Neuquén capital y en uno de los proyectos más importantes vinculados al sistema hídrico urbano de los últimos años.