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Día Mundial para la Prevención del Suicidio: qué pasa en Neuquén y cuáles son las claves para detectar a tiempo

Neuquén registró 52 muertes por suicidio durante 2025. Especialistas y organismos provinciales advierten sobre la importancia de escuchar, detectar señales de alerta y garantizar el acceso temprano a la atención en salud mental.

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Septiembre, es el mes de concientización sobre la prevención del suicidio.

Este jueves 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca poner en primer plano una problemática de salud pública que requiere prevención, escucha y respuestas articuladas. En Neuquén, los últimos datos disponibles muestran la dimensión del desafío: durante 2025 se registraron 52 muertes por suicidio, según información recopilada por el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC). La tasa provincial fue de 7,8 casos cada 100.000 habitantes, por debajo del promedio nacional.

El suicidio se incorporó en 2023 como evento de notificación obligatoria a nivel nacional, una medida que permite mejorar el seguimiento de los casos a través del Sistema de Alerta Temprana de Suicidios y contar con información para orientar las políticas de prevención.

Pero detrás de las estadísticas aparece una pregunta central: ¿qué se puede hacer antes de que una situación se convierta en una emergencia?

Para el psiquiatra José Lumerman, el primer paso es reconocer que se trata de un problema real y que existen herramientas para intervenir. “Para que haya tratamiento tiene que haber diagnóstico”, planteó en la entrevista con Mejor Informado y remarcó la importancia de partir de los datos para dimensionar la situación.

Lumerman señaló que el suicidio pasó a ocupar el primer lugar entre las causas de muerte violenta en menores de 25 años, de acuerdo con los datos provinciales que analizó, y sostuvo que ese escenario obliga a “parar la marcha, pensar y accionar”.

 

Pedir ayuda también es prevención

Para el especialista, uno de los aspectos fundamentales de cualquier estrategia preventiva es generar espacios donde niños, niñas y adolescentes puedan hablar de lo que les pasa. “Cada vez que una persona logra pedir ayuda, ahí empezó el 50% de la recuperación de esa persona hacia la vida”, afirmó.

Desde su experiencia de trabajo con jóvenes, Lumerman destacó que cuando se genera un clima de confianza pueden aparecer demandas que de otro modo permanecen ocultas. La posibilidad de hablar, explicó, permite que los adultos se acerquen y activen mecanismos de acompañamiento.

En ese sentido, cuestionó una mirada exclusivamente asistencial del problema y planteó la necesidad de intervenir mucho antes de que aparezca una situación crítica. Para el psiquiatra, la prevención debe involucrar a familias, escuelas, profesionales de la salud y organizaciones de la comunidad.

También puso el foco en el impacto que tienen las pantallas y las redes sociales sobre las infancias y adolescencias. Sin plantear una relación lineal entre el uso de dispositivos y las conductas suicidas, consideró necesario analizar cómo las nuevas formas de vinculación están modificando los espacios de encuentro, comunicación y construcción de identidad.

“Si en realidad este tipo de problemática tiene que ver con la falta de comunicación, con el corte de la comunicación entre las personas y entre las generaciones”, sostuvo, la respuesta debe recuperar precisamente esos espacios de intercambio.

El desafío de detectar las señales en las escuelas

Las escuelas ocupan un lugar estratégico en esa tarea porque son uno de los ámbitos donde niños, niñas y adolescentes pasan buena parte de su vida cotidiana.

Pilar Durán, directora del Equipo de Apoyo y Orientación Profesional a las Instituciones Educativas (EAOPIE) del Ministerio de Educación de Neuquén, explicó que el dispositivo no funciona como un único equipo provincial, sino a través de 14 sedes distribuidas en distintos puntos de la provincia.

El trabajo, señaló, no comienza necesariamente cuando ocurre una emergencia. Los equipos realizan una planificación anual a partir del análisis de situaciones y problemáticas registradas durante ciclos anteriores y desarrollan líneas de prevención en las instituciones.

“No solamente abordamos situaciones emergentes o cuando ya sucedieron”, explicó Durán. La tarea también apunta a trabajar de manera procesual sobre las distintas complejidades que atraviesan a las comunidades educativas.

La detección temprana es uno de los principales instrumentos. Las demandas pueden llegar desde las propias escuelas, pero también desde las familias, compañeros y otras personas cercanas a los estudiantes.

“Estos indicadores también muchas veces los traen otros protagonistas o personas cercanas a ese sujeto o sujeta en riesgo”, explicó Durán.

Cuando aparece una situación que requiere una intervención específica, el trabajo deja de ser exclusivamente escolar. Los equipos articulan con Salud, Defensoría y otros organismos del Estado, porque, como remarcó la funcionaria, una situación de esta naturaleza necesita continuidad fuera de la escuela.

 

Salud mental, una demanda creciente

Durán destacó que una de las solicitudes que con mayor fuerza reciben actualmente las instituciones educativas proviene de los propios estudiantes: la necesidad de contar con mayores recursos de salud mental.

El problema no se limita a la intervención ante una crisis. También existe la dificultad de sostener los tratamientos en el tiempo, conseguir turnos de atención y garantizar la continuidad del acompañamiento.

“Tenemos que trabajarlo en conjunto, que la familia lo pueda sostener, que el mismo alumno o alumna lo pueda sostener”, explicó.

Por eso, para la directora del EAOPIE, la prevención implica también acompañar a los adolescentes en la construcción de un proyecto de vida y en la posibilidad de recuperar sentidos y vínculos.

 

Bullying, redes y aislamiento: una problemática que no tiene una sola causa

Durán advirtió que las situaciones de riesgo no responden habitualmente a un único factor. “Es una cadena de cosas”, sintetizó.

Entre las problemáticas que atraviesan actualmente a las comunidades educativas mencionó el bullying, las dificultades vinculadas con la salud mental y el impacto de las redes sociales y los entornos digitales.

La funcionaria señaló además que la problemática ya no puede pensarse exclusivamente en términos de adolescencia: también aparecen situaciones que involucran a niños y niñas de nivel primario.

En este escenario, planteó la necesidad de que los adultos conozcan mejor los mundos digitales en los que se desenvuelven las nuevas generaciones y puedan establecer acuerdos sobre el uso de dispositivos y pantallas.

Pero hay una herramienta que, según Durán, permanece vigente más allá de cualquier tecnología: la escucha.

“Siempre es la vía para poder encontrarme con el otro y que el otro sepa que me preocupa, que lo estamos cuidando y que lo estamos mirando”, sostuvo.

 

Redes para la Vida: cobertura del 100% para jóvenes afiliados al ISSN

En este contexto, el Instituto de Seguridad Social del Neuquén (ISSN) presentó Redes para la Vida, un programa específico de prevención, tratamiento y contención frente a conductas autolesivas —con o sin intención suicida— y situaciones de suicidio.

La iniciativa está destinada a afiliados de entre 10 y 25 años y contempla cobertura del 100% de las prestaciones incluidas en el programa.

El abordaje será interdisciplinario e incluye atención médica, psiquiátrica y psicológica, tanto en modalidad ambulatoria como mediante internación cuando se trate de situaciones de crisis aguda.

La propuesta fue desarrollada en articulación con el Ministerio de Salud de la Provincia y busca facilitar el acceso oportuno a la atención y fortalecer las estrategias de prevención.

La administradora general del ISSN, Mariane Bartusch, explicó que el programa surgió de un trabajo conjunto con el Ministerio de Salud y destacó que la salud mental constituye una política de Estado provincial.

“Entendíamos que era muy importante implementar un programa de estas características”, sostuvo, y remarcó que la iniciativa permite orientar recursos hacia las situaciones consideradas más críticas.

El ministro de Salud, Martín Regueiro, planteó que la respuesta no puede limitarse a la atención una vez producida una crisis. Señaló la necesidad de fortalecer las acciones preventivas en conjunto con las escuelas, las juventudes y las comunidades, además de promover proyectos de vida, actividades deportivas y el abordaje de los consumos problemáticos.

Por su parte, el director de Prestaciones de Salud y Asistenciales del ISSN, Jorge Alberti, explicó que la franja etaria elegida para el programa responde a una preocupación concreta: “Observamos que la edad de los intentos de suicidio es cada vez menor”.

Los afiliados mayores de 25 años, aclaró, continúan contando con cobertura a través del Plan General del ISSN.

 

Una prevención que empieza mucho antes de la crisis

Las distintas miradas coinciden en un punto: la prevención del suicidio no empieza en una guardia ni cuando aparece una emergencia.

Empieza en la posibilidad de advertir cambios, escuchar sin juzgar, preguntar, acompañar y tomar en serio aquello que una persona expresa, incluso cuando no pueda poner claramente en palabras lo que le ocurre.

También supone que las instituciones puedan trabajar de manera coordinada. Escuela, familia, salud y organismos de protección necesitan compartir información, criterios y dispositivos para que una persona que atraviesa una situación de sufrimiento no quede sola cuando sale de la institución educativa o termina una consulta.

En palabras de Lumerman, hay herramientas concretas para intervenir. “Se puede prevenir”, afirmó. Y en esa prevención, pedir ayuda, habilitar la palabra y generar vínculos de confianza pueden ser algunos de los primeros pasos para acercar a una persona nuevamente a la vida.

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