En Catriel, un apicultor decidió dar un giro inesperado en un rubro históricamente atado a los tambores y grandes volúmenes: comenzó a vender miel en pequeños sachets de 20 gramos, una apuesta que busca meterse en el consumo cotidiano con un formato simple, práctico y distinto. Con unas 2.500 colmenas en producción y hasta 90 mil kilos anuales, el proyecto combina volumen con una estrategia que apunta directo al bolsillo y al hábito del consumidor.
La escena rompe con lo tradicional. Durante años, la miel se pensó en grandes cantidades, muchas veces destinadas a exportación. Sin embargo, este emprendimiento, que funciona bajo el nombre de Miel Monte Austral, empezó a explorar otro camino: fraccionar, diversificar y acercar el producto a un consumo más inmediato.
Y ahí aparece la clave. El sachet de 20 gramos no es solo un envase chico. Es una idea que apunta a cambiar la forma en que se consume la miel, una porción individual, lista para usar, fácil de transportar y pensada tanto para hogares como para gastronomía, oficinas o viandas.
Pero detrás de esa pequeña presentación hay una estructura mucho más grande. El establecimiento cuenta con planta de extracción y fraccionamiento propia, lo que le permite controlar todo el proceso. Además, mantiene el esquema tradicional de exportación en tambores, mientras abre nuevas puertas en el mercado interno con formatos más accesibles.
El salto no fue improvisado. Para avanzar, el emprendimiento necesitó incorporar tecnología y adaptar su producción a nuevas exigencias. En ese camino, el acceso a financiamiento y el acompañamiento técnico resultaron determinantes para sostener el crecimiento y animarse a innovar en un sector que no siempre se mueve rápido.
Entre colmenas, máquinas y nuevas ideas, este apicultor apuesta a algo más que producir miel: quiere cambiar cómo se vende y cómo se consume. Y en un mercado acostumbrado a lo de siempre, ese pequeño sachet puede ser mucho más que un envase: puede ser el inicio de otra forma de hacer negocio.