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La dura realidad que enfrenta la nueva conducción de la Universidad

A la elegida continuidad política en la Universidad Nacional del Comahue, le corresponde otra continuidad, la del durísimo drama presupuestario.

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La Universidad Nacional del Comahue (UNCo) renovó, por elecciones, su conducción, tal como se ha informado en las últimas horas. Básicamente, se entiende que seguirá con la política de los últimos años, pues se impuso (por poco margen) el oficialismo, con una posición que la hizo ser oficialista durante los gobiernos kirchneristas, los últimos 20 años, y opositora cuando gobernó, como ahora, otro sector político-ideológico.

¿Qué realidad enfrenta, la nueva conducción de la UNCo? Sin duda, así como no ha cambiado la línea que conduce, tampoco ha cambiado el drama presupuestario vigente, con resultados académicos muy pobres.

El 95 por ciento de los ingresos (aportados por Nación, mayormente) se va en salarios, lo que deja 5 por ciento solamente para todos los demás gastos que debe enfrentar la Universidad; y tal situación se corresponde, inexorablemente, con el hecho de que solo uno de cada 10 estudiantes que ingresa, logra finalizar su carrera.

Así ha sido durante los últimos años, en los que la Casa de Altos Estudios ha sobrevivido con mucha dificultad, con frecuentes caídas en la inacción en distintas áreas.

La propia Universidad ha enfocado el problema desde el diagnóstico, y, siempre, ha justificado esta realidad (asumida) desde lo que sucede en el país social y económicamente. Así, tanto la relación entre ingresos y egresos, como la base presupuestaria, se explican afirmando “hay una brecha estructural común en el sistema universitario público argentino, donde el acceso es irrestricto, pero la permanencia y el egreso están condicionados por factores socioeconómicos, como el hecho de que más de un tercio de los ingresantes trabaja”.

Según los últimos informes de la Secretaría de Planeamiento y Desarrollo Institucional de la UNCo, la relación de egreso está fuertemente influenciada por el perfil del estudiante actual, que se corresponde con el tema de ser primera generación en ese nivel de estudios, 55.8% del total; y, paralelamente, con el hecho de que 34.5% de los nuevos estudiantes trabaja, “lo que suele extender la duración real de las carreras”.

Desde lo estrictamente presupuestario, la propia Universidad explica que sus ingresos están concentrados, y, a la vez, condicionados, por las partidas que envía el Estado nacional; pues solo representan ingresos (muy) menores los derivados de convenios específicos de asistencia técnica o servicios con terceros.

También se reconoce que el gasto está “rígidamente estructurado”, pues 95% de los egresos monetarios se destina exclusivamente al pago de salarios del personal docente y no docente, y el 5% restante se utiliza para los gastos de funcionamiento generales, que incluyen el mantenimiento de infraestructura en sus sedes de Río Negro y Neuquén, servicios públicos, insumos de laboratorio, investigación y políticas de bienestar estudiantil.

Esta situación no tiene ningún misterio, y ha caracterizado a la Universidad durante las últimas décadas, independientemente de quien la condujera, e, incluso, de quien gobernara el país. Por eso, es inevitable decir que, así como no ha cambiado, con la nueva conducción, el enfoque político-ideológico básico que distinguió a la UNCo, tampoco ha cambiado (y difícilmente cambiará) la situación estructural, con base en su deficitario presupuesto.

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