La voz que emocionó a millones con canciones que atravesaron décadas y fronteras también tuvo una historia ligada a la Patagonia. Piero Antonio Franco De Benedictis, conocido simplemente como Piero, falleció este miércoles dejando un legado musical inmenso, pero también una huella imborrable en Allen, la ciudad de la provincia de Río Negro que marcó buena parte de su infancia. Tenía 81 años.
Nacido en Italia el 19 de abril de 1945, Piero llegó a la Argentina junto a su familia siendo un niño. Los De Benedictis se instalaron en Allen en 1951, cuando el Alto Valle crecía al ritmo de las chacras, los canales de riego y las historias de inmigrantes que buscaban construir una nueva vida. Allí transcurrieron algunos de los años más felices de su niñez, según él mismo recordaba cada vez que volvía a la región.
De Allen al país: el nacimiento de un ícono popular
Aunque más tarde cursó estudios en Viedma y comenzó su carrera artística en Buenos Aires, los recuerdos de Allen nunca se borraron. Las plazas, los amigos, las acequias donde se bañaba en verano y los primeros acercamientos a la música formaron parte de una memoria afectiva que lo acompañó toda la vida.
La fama llegó a fines de los años 60, cuando irrumpió en la escena musical argentina con una propuesta distinta. Sus canciones combinaban sensibilidad social, historias cotidianas y una mirada crítica sobre la realidad. Temas como "Mi viejo", Juan Boliche, Llegando, llegaste y, especialmente, Para el pueblo lo que es del pueblo lo convirtieron en una referencia de la canción popular latinoamericana.
Sus letras trascendieron generaciones y fronteras. En tiempos de profundos cambios políticos y sociales, Piero se transformó en una de las voces más reconocidas de la canción de protesta en América Latina. Esa postura le valió reconocimiento internacional, pero también persecuciones durante la última dictadura militar argentina, etapa en la que debió exiliarse.
El regreso al lugar donde fue feliz
A pesar de haber recorrido el mundo y de haberse convertido en una figura de alcance continental, nunca perdió el vínculo con el Alto Valle.
Uno de los regresos más emotivos ocurrió en enero de 2022, cuando volvió a Allen para reencontrarse con amigos de la infancia y recorrer los lugares donde creció. Durante aquella visita caminó por las calles del pueblo, visitó la vivienda donde había vivido de niño y revivió recuerdos familiares que, según quienes lo acompañaron, lo emocionaron profundamente. "Soy Piero y vengo a ver mi casa", dijo al llegar a la propiedad donde pasó parte de su infancia.
Al año siguiente volvió a subirse a un escenario en la Fiesta Nacional de la Pera, después de 16 años sin actuar en la ciudad. Allí se reencontró con miles de vecinos del Alto Valle y expresó públicamente el cariño que sentía por Allen. "Significa muchas cosas: chicos, amigos, gente y personajes imborrables de toda la vida", afirmó entonces.
Una historia que también pertenece a la Patagonia
Para los habitantes de Allen, Piero nunca fue solamente una estrella de la música. Era también aquel chico que jugaba en las calles del pueblo, el hijo de inmigrantes que creció entre chacras y canales y que, pese al reconocimiento internacional, siempre volvía para abrazar sus raíces.
Su historia quedó ligada para siempre a la Patagonia. No solo porque allí pasó una etapa decisiva de su vida, sino porque jamás dejó de reivindicar ese origen. Cada regreso al Alto Valle era una forma de volver a casa.
Con su muerte desaparece una de las voces más emblemáticas de la música popular argentina. Pero en Allen, en Río Negro y en toda la Patagonia, seguirá siendo recordado como aquel vecino que llevó sus canciones al mundo sin olvidar nunca el lugar donde aprendió a soñar.