Había pasado más de medio siglo desde que dejó Allen para convertirse en una de las voces más reconocidas de la música popular argentina, pero nunca terminó de irse de esa ciudad. En 2023, a los 77 años, Piero volvió a Allen para cantar en la Fiesta Nacional de la Pera y protagonizó un reencuentro cargado de recuerdos, abrazos y canciones con la ciudad donde había vivido y crecido. Fue su regreso después de 16 años y, visto hoy, aquella noche adquiere una dimensión distinta: fue la última vez que el artista volvió a pararse frente al público allense.
Piero no llegó a Allen como una estrella. Llegó siendo un chico. Y esa diferencia explica buena parte del vínculo que mantuvo con la ciudad durante toda su vida. Allí quedaron sus amigos, las calles de su infancia, las acequias donde se bañaba durante los veranos y aquellos primeros acordes de guitarra con los que empezó a imaginar que la música podía ser mucho más que una afición.
Por eso, cuando volvió en enero de 2023, la escena tuvo algo de viaje en el tiempo. Pasada la medianoche, las luces del escenario de la Fiesta Nacional de la Pera se hicieron más tenues y apareció Piero, con 77 años, frente a una multitud que lo recibió con aplausos. Habían pasado 16 años desde su última presentación en la ciudad, cuando había cantado por el aniversario de Allen, el 25 de mayo de 2007.
Pero aquella noche no se trataba simplemente de recuperar un recital. Piero estaba regresando al lugar donde había crecido. Y el público lo sabía. Los clásicos comenzaron a sonar y miles de personas los cantaron junto a él. Hubo alegría, nostalgia y también lágrimas entre quienes habían esperado tantos años para volver a escucharlo en Allen.
La historia detrás de ese escenario era todavía más fuerte. Antes del recital, Piero había vuelto a recorrer los lugares que habían formado parte de su infancia. Incluso regresó a la casa donde había vivido. Allí miró las habitaciones y reconstruyó escenas que habían quedado guardadas durante décadas: "Acá dormía yo. Acá tomaba mate con mi viejo. Acá tenía mi viejo un galponcito", recordó durante aquella visita.
Y mientras recorría ese lugar, el cantante famoso parecía desaparecer por un rato. Quedaba solamente el hombre que volvía a la casa de su infancia. El paso de los años había cambiado las paredes, las calles y las vidas de quienes habían vivido allí, pero los recuerdos seguían intactos. Piero había recorrido escenarios de todo el país y había llevado sus canciones mucho más allá de la Argentina, pero aquella casa seguía siendo parte de su historia.
Además, Allen conservaba para él algo que no tenía ningún otro lugar. Era el territorio de los amigos y de la infancia. En aquella visita, los vecinos recordaron que cada vez que regresaba hacía un culto de la amistad, de las comidas compartidas y de los encuentros. Lorenzo Brevi, uno de sus amigos de la ciudad, lo resumió de una manera contundente: "A Piero lo vemos como un hermano, parte de la familia".
Y hubo una frase todavía más fuerte. Para Brevi, aquella visita no era solamente el regreso de un artista consagrado. "Es el regreso de un allense y nos da la oportunidad de sentirnos más allenses", dijo. Esa definición explica mejor que ninguna otra por qué Piero ocupaba un lugar diferente en la memoria de Allen.
Después llegó el escenario. Piero cantó sus clásicos ante una multitud que conocía cada palabra. "Mi Viejo", las canciones de su extensa trayectoria y aquellos temas que habían atravesado generaciones volvieron a sonar en la ciudad donde alguna vez aquel muchacho guitarreaba y soñaba con que sus canciones cruzaran las fronteras.
La noche también tuvo una escena familiar. Piero compartió el escenario con su hija Fiorella y juntos interpretaron “Mundo de fruta encendida”. Después continuó con sus canciones mientras desde abajo llegaba una respuesta que no era solamente la de un público frente a un artista: era la de una ciudad reencontrándose con uno de sus hijos.
Ahora, después de conocerse su muerte a los 81 años, aquella noche de enero de 2023 quedó inevitablemente cargada de otro significado. Piero volvió a Allen cuando tenía 77 años, cantó frente a su gente, recorrió la casa de su infancia y volvió a encontrarse con los amigos que había dejado atrás. Sin saberlo, había dejado una de las últimas grandes postales de su vínculo con la ciudad.
Porque antes de ser el cantante de Mi Viejo, antes de los grandes escenarios, de la canción social y de la fama, Piero fue aquel chico que vivió en Allen. Y cuando regresó, décadas después, la ciudad no lo recibió solamente como una figura de la música argentina. Lo recibió como uno de los suyos.
Por eso, mientras el país despide a una de las voces más reconocidas de su música popular, en Allen queda una memoria mucho más íntima: la de Piero volviendo a casa, a los 77 años, para cantar una vez más en la ciudad que lo vio crecer.