Algunos diputados neuquinos están ocupados en marcar su rechazo a la manifiesta intención que tiene el actual gobierno de Javier Milei de conseguir modificar la actual Ley de Salud Mental que rige en el país, y por eso presentaron en estos días un proyecto de declaración en la Legislatura.
Al mismo tiempo, se va conociendo una historia que curiosamente argumenta por sí sola el por qué, objetivamente, habría que revisar esa Ley (la 26.657). Es la historia de un hecho ocurrido en un establecimiento de salud, que, por sus características, tiene el poder de inquietar a cualquiera que no esté con los sentidos obturados por rígidos conceptos basados más en la ideología que en la ciencia.
En Neuquén, la legisladora Mónica Guanque (Democracia Neuquén) presentó el proyecto de declaración, acompañada por los diputados Federico Méndez (DN), César Gass (JxC-UCR) y Darío Peralta (UxP). Dice que los cambios a la Ley de Salud Mental que se proponen “significan un retroceso en materia de derechos humanos al afectar en forma directa la autonomía de las personas usuarias del sistema de salud”.
Entre otras cuestiones que la actual Ley consagra, y que han sido motivos durante los últimos años de polémicas bien fundadas, los diputados neuquinos ocupados en el rechazo a cualquier modificación, advierten que se “ampliarían criterios de internación involuntaria”; y que también se otorgaría “mayores márgenes de discrecionalidad al momento de aplicar medidas restrictivas sobre la libertad de las personas”.
¿Cuál es el caso que los legisladores neuquinos deberían considerar como un ejemplo concreto para discutir sus aspiraciones?
Se está ventilando el caso por estas horas, cuando el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional 44, de la Ciudad de Buenos Aires, ordenó un allanamiento en el Hospital Durand, en el contexto de la averiguación de la causa de la muerte de un paciente que allí estaba internado, Juan Ignacio Sequeira.
Ya está probado que Sequeira falleció tras ser desconectado por una paciente psiquiátrica. Sequeira había entrado al centro de salud la semana pasada, con un cuadro de neumonía bilateral, por lo que los médicos decidieron inducirle el coma para intubarlo. Evolucionaba bien, pero una paciente psiquiátrica, que deambulaba libremente por el hospital, lo desconectó, y, por eso murió.
Germán, su hijo, explicó (a la agencia Noticias Argentinas) que los médicos “encontraron a esta persona parada frente a la cama (de su padre), con el tubo de oxígeno que se pone en la tráquea, en la mano, se lo había sacado”.
La internación de pacientes con dolencias o trastornos mentales está dispuesta por la actual Ley en hospitales comunes, pues se atendió al concepto de “desmanicomiolizar”, es decir, terminar con los mal llamados “manicomios”; y habilitar el uso abierto de los hospitales, como para cualquier enfermedad.
Este aspecto de la Ley de Salud Mental, aplicado en todos los distritos del país, también en Neuquén, ha provocado muchos incidentes, y las consecuentes polémicas. Ahora, el caso de la muerte de Sequeira, no solo es el más actual, sino también -posiblemente- el más grave y evidente de lo que pasa o puede pasar cuando una Ley dispone cuestiones que hacen al conocimiento científico específico, atendiendo más a la ideología que al saber médico.