El fenómeno de El Niño está asociado con un período de mayores precipitaciones en el norte de la Patagonia y la cordillera de los Andes. El geólogo e investigador del CONICET Lucas Ruiz advirtió que la combinación de lluvias persistentes, nieve acumulada y el próximo deshielo podría elevar los caudales de los ríos y arroyos de Neuquén, por lo que pidió mantener el monitoreo y las medidas de prevención.
En una entrevista con el programa Entretiempo, que se emite por AM550 La Primera, Ruiz explicó que el impacto de El Niño no se limita a las lluvias de primavera: también puede influir en las temperaturas del verano y en la cantidad de agua que baja de la cordillera.
El especialista señaló que el norte de la Patagonia y la zona cordillerana de Mendoza y San Juan suelen registrar mayores precipitaciones durante los períodos de El Niño. Sin embargo, aclaró que la evolución de los caudales dependerá de cómo se combinen las próximas lluvias con el derretimiento de la nieve acumulada durante el invierno.
Por qué El Niño puede intensificar las lluvias en Neuquén
El Niño es un fenómeno climático asociado con el aumento de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial. Esta variación modifica los patrones de circulación atmosférica y puede favorecer cambios en las precipitaciones de distintas regiones del planeta.
En el norte de la Patagonia, su presencia suele estar relacionada con temporadas más húmedas y con mayores nevadas en la cordillera. Según explicó Ruiz, el calentamiento del océano favorece el ingreso de aire con mayor contenido de humedad, lo que contribuye a las precipitaciones en la región.
El investigador remarcó que la intensidad de los efectos depende de cada episodio. Por eso, no alcanza con identificar la presencia de El Niño: también es necesario evaluar las condiciones meteorológicas, la cantidad de nieve acumulada y la respuesta de los ríos y arroyos.
La combinación de lluvias y deshielo que puede elevar los caudales
Uno de los principales puntos de atención es lo que puede ocurrir cuando aumenten las temperaturas y comience a derretirse la nieve acumulada durante el invierno.
Ruiz explicó que el agua procedente del deshielo puede sumarse a las precipitaciones líquidas que caigan en los valles y en otras zonas de la cuenca. Si ambos procesos coinciden, el aporte de agua a los cursos fluviales puede incrementarse.
La combinación de lluvias y deshielo es un factor que requiere seguimiento, aunque no implica que necesariamente se produzca una crecida extraordinaria en todos los ríos.
El especialista sostuvo que resulta difícil anticipar con mucha antelación cómo evolucionará esa combinación. Por eso, consideró fundamental monitorear las condiciones y mantener las alertas de acuerdo con la situación de cada zona.
Añelo, Rincón de los Sauces y Zapala, entre las zonas afectadas por las lluvias
Las precipitaciones no generan complicaciones únicamente en las localidades próximas a los ríos principales. Ruiz mencionó también a Añelo, Rincón de los Sauces, Cutral Co y Zapala entre las zonas del interior neuquino que han sufrido episodios de lluvias intensas.
Estos casos muestran que los efectos de los temporales pueden extenderse a sectores alejados de los valles fluviales. Los anegamientos, el escurrimiento del agua desde terrenos elevados y las dificultades para evacuar las precipitaciones pueden provocar problemas en áreas urbanas y caminos.
En ese escenario, el especialista planteó la necesidad de revisar la capacidad de respuesta de las localidades ante episodios de lluvias que superen las previsiones habituales.
La prevención no depende solamente del pronóstico meteorológico. También requiere infraestructura adecuada, sistemas de drenaje, planificación urbana y seguimiento de los sectores más expuestos.
El cambio climático y el uso del suelo agravan los riesgos
Ruiz también advirtió sobre la combinación entre el cambio climático y las transformaciones en el uso del suelo. Ambos factores pueden aumentar la exposición de determinadas zonas a inundaciones y otros fenómenos asociados con las lluvias intensas.
El investigador explicó que hay sectores donde se construyeron viviendas e infraestructura que décadas atrás no existían. Si esas áreas se urbanizaron sin contemplar escenarios de mayor escurrimiento, pueden quedar expuestas a eventos para los que no fueron diseñadas.
Por eso, la planificación urbana debe considerar no solo las condiciones climáticas actuales, sino también los episodios de mayor intensidad que podrían ocurrir.
El planteo cobra importancia en una región donde las lluvias pueden concentrarse en períodos cortos y donde el agua que baja desde las zonas altas puede alcanzar áreas pobladas.
Cada cuánto ocurre El Niño y en qué se diferencia de La Niña
El Niño y La Niña son las dos fases principales del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se trata de una variación natural del sistema climático que se desarrolla principalmente en el océano Pacífico tropical.
Según explicó Ruiz, estos episodios se presentan con una frecuencia variable, aproximadamente cada dos a siete años, aunque no siguen un calendario fijo.
En términos generales, durante los años de El Niño, el norte de la Patagonia y la cordillera central de los Andes suelen registrar condiciones más húmedas. En cambio, La Niña se asocia con temperaturas superficiales más bajas en el Pacífico ecuatorial y puede favorecer condiciones más secas en esta región.
El investigador señaló que durante los últimos 15 a 20 años hubo períodos de El Niño cuyos efectos se produjeron en un contexto de sequía regional. Por eso, consideró llamativa la cantidad de nieve y precipitaciones observada en la cordillera durante el período actual.
Hasta cuándo puede durar El Niño
De acuerdo con las estimaciones mencionadas por Ruiz durante la entrevista, el episodio de El Niño podría extenderse hasta el final del verano. Durante ese período, las temperaturas del océano Pacífico y la circulación atmosférica asociada podrían seguir favoreciendo condiciones propicias para las precipitaciones en la región.
El especialista también señaló que el verano puede traer temperaturas elevadas y olas de calor, por lo que recomendó prestar atención tanto a las lluvias como a las condiciones térmicas.
La evolución concreta dependerá de los pronósticos meteorológicos y de cómo se desarrollen las condiciones en cada cuenca. La duración estimada del fenómeno no permite anticipar por sí sola la cantidad de lluvia, la intensidad de una tormenta o el nivel que alcanzarán los ríos.
Por eso, el seguimiento de los informes oficiales será fundamental durante las próximas semanas, especialmente en las zonas expuestas a anegamientos, crecidas o dificultades de circulación.
Qué deben tener en cuenta las autoridades ante este escenario
Para Ruiz, el objetivo no debe ser intentar evitar un fenómeno natural como El Niño, sino reducir sus posibles consecuencias.
Esto implica sostener el monitoreo meteorológico e hidrológico, revisar los sistemas de drenaje y evaluar la capacidad de respuesta de las localidades ante lluvias intensas. También supone identificar las zonas urbanizadas más expuestas y mejorar la planificación frente a episodios de mayor escurrimiento.
El panorama requiere atención durante la primavera y el verano, cuando las lluvias pueden coincidir con el aumento de las temperaturas y el inicio del deshielo.
Por el momento, el principal desafío es anticipar cómo evolucionará esa combinación de factores. El comportamiento de las precipitaciones, la nieve acumulada y los caudales determinará cuáles serán los sectores que necesiten mayores medidas de prevención.