Baches que obligan a hacer maniobras bruscas, banquinas descalzadas que pueden convertirse en una trampa y un pavimento cada vez más deteriorado forman parte de la rutina de quienes transitan a diario por las rutas del Alto Valle, en especial las destruídas Ruta Nacional 22 y la Ruta Nacional 151. Pero cuando las lluvias se intensifican aparece otro enemigo, mucho más silencioso e impredecible: el aquaplaning. En apenas unos segundos, un vehículo puede perder completamente el contacto con el asfalto y quedar fuera de control, una situación que ayuda a explicar varios de los despistes registrados durante el último mes.
Los recientes siniestros ocurridos sobre la Ruta Nacional 22, especialmente en el acceso a General Enrique Godoy, volvieron a poner el fenómeno bajo la lupa. En ese sector, donde el agua suele acumularse sobre la calzada, ya se registraron varios despistes en pocos días. Aunque muchas veces se atribuyen simplemente a la lluvia, detrás de esos incidentes suele esconderse un fenómeno físico que sorprende incluso a conductores con experiencia.
El aquaplaning, también conocido como hidroplaneo, se produce cuando los neumáticos ya no logran evacuar toda el agua acumulada sobre el pavimento. En lugar de apoyarse sobre el asfalto, las ruedas comienzan a deslizarse sobre una fina película de agua, como si el vehículo estuviera flotando. Durante esos instantes desaparece prácticamente toda la adherencia y el conductor pierde la capacidad de controlar la dirección y el frenado.
La situación suele presentarse de manera repentina. El volante se siente mucho más liviano de lo habitual, el auto deja de responder con precisión y la sensación es la de avanzar "patinando" sobre la ruta. Cuanto mayor es la velocidad, más profunda es la lámina de agua y más desgastados están los neumáticos, mayor es el riesgo de que ocurra.
¿Qué hacer frente al aquaplaning?
Frente a esa situación, la reacción del conductor puede marcar la diferencia. Lo primero es evitar el pánico. Frenar bruscamente es uno de los errores más comunes y puede agravar la pérdida de estabilidad. Tampoco conviene acelerar para intentar salir del charco. La recomendación es levantar suavemente el pie del acelerador, sostener el volante con firmeza y mantener la dirección del vehículo sin realizar movimientos bruscos. A medida que disminuye la velocidad, los neumáticos recuperan el contacto con el pavimento y vuelve el control del automóvil.
Otro error frecuente es girar el volante de forma violenta intentando corregir la trayectoria. Cuando el vehículo vuelve a recuperar adherencia, ese movimiento puede provocar un trompo o hacer que cruce de carril de manera repentina. Por eso, los especialistas aconsejan realizar únicamente correcciones suaves y esperar a que el auto vuelva a responder antes de frenar con decisión, si la situación realmente lo requiere.
La prevención empieza mucho antes de encontrarse con un enorme charco. Reducir la velocidad cuando llueve es la medida más eficaz para evitar el aquaplaning. También resulta fundamental mantener los neumáticos en buen estado, con la profundidad adecuada en sus dibujos, ya que son los encargados de expulsar el agua y mantener el contacto con el asfalto. Circular con cubiertas desgastadas multiplica el riesgo de perder adherencia.
En el Alto Valle, además, el problema se agrava por el estado de muchas rutas. El agua suele ocultar baches de gran tamaño, deformaciones del pavimento e incluso sectores donde las banquinas presentan importantes desniveles. Así, un conductor que intenta esquivar un pozo o corregir una pérdida de adherencia puede encontrarse con otro peligro apenas unos metros más adelante.
Los reiterados despistes registrados durante las últimas semanas son un llamado de atención. Si bien el estado de las rutas y la acumulación de agua representan un riesgo evidente, la velocidad sigue siendo un factor determinante. Cuando llueve, levantar el pie del acelerador, aumentar la distancia con el vehículo que circula adelante y evitar maniobras bruscas puede ser la diferencia entre llegar a destino o protagonizar un accidente.