Después de años de malas noticias, cierres de plantas, despidos y un Golfo San Matías cada vez más golpeado por la escasez de recursos, la pesca rionegrina parece haber encontrado un motivo para ilusionarse. La pregunta es si esa esperanza alcanzará para sacar a flote a un sector que lleva demasiado tiempo navegando en aguas turbulentas.
El Gobierno de Río Negro intenta mostrar un cambio de rumbo apoyado sobre tres pilares: la reactivación de la ex planta pesquera Río Salado, el desarrollo de la acuicultura y algunas señales de recuperación en determinadas especies. Sin embargo, la realidad todavía está lejos de reflejar esa recuperación que esperan trabajadores y empresarios.
La reapertura de la histórica planta, ahora bajo la razón social Costa Viva S.A., aparece como la principal apuesta. El establecimiento ya superó pruebas operativas, pero aún depende de autorizaciones judiciales, habilitaciones municipales y permisos administrativos antes de volver a producir de manera formal. Mientras tanto, las máquinas siguen esperando y los puestos de trabajo todavía no regresan.
En paralelo, la Provincia apuesta a abrir un nuevo frente de desarrollo para la actividad: la acuicultura marina. El secretario de Pesca, Jorge Gualtieri, explicó que el plan consiste en trasladar la producción de truchas que hoy se realiza en embalses cordilleranos hacia el mar, mediante la instalación de jaulas flotantes. La iniciativa busca aumentar la escala de producción y obtener peces de mayor tamaño y calidad comercial. Según precisó el funcionario, los futuros centros de cultivo estarán ubicados mar adentro, por lo que no afectarán las áreas tradicionales de pesca ni interferirán con los proyectos energéticos que se proyectan en el Golfo San Matías.
Existe un dato que alimenta cierto optimismo. La temporada nacional de langostino permitió incrementar el movimiento en el puerto de San Antonio Este, con descargas de embarcaciones locales y de otras provincias. Sin embargo, los propios funcionarios admiten que todavía es insuficiente para hablar de una recuperación estructural del sector.
La mayor incógnita sigue estando bajo el agua.
El decreto de emergencia pesquera vence en estos días y el Gobierno provincial todavía analiza si deberá extenderlo. La decisión no será política sino científica: a fines de octubre llegará un buque del INIDEP para realizar una nueva campaña de investigación que permitirá conocer el verdadero estado de especies como la merluza y ofrecer una radiografía actualizada del Golfo San Matías. Ese informe será determinante para saber si la recuperación es real o apenas un espejismo.
Mientras tanto, las voces críticas no desaparecen. Desde distintos sectores políticos y sindicales cuestionan que los anuncios oficiales todavía no se traduzcan en empleo genuino ni en una mayor actividad para las plantas pesqueras de San Antonio Oeste. También reclaman que los recursos económicos generados por la actividad vuelvan efectivamente al sector para financiar infraestructura, investigación y políticas de desarrollo.
Por ahora, la pesca rionegrina sigue transitando una etapa de transición. Hay una planta que quiere volver a producir, una provincia que apuesta por nuevas alternativas y un mar que todavía no termina de dar las respuestas que todos esperan. El desafío será convertir las promesas en trabajo antes de que el Golfo vuelva a quedarse sin redes que lanzar.