La muerte de Osvaldo Daniel Ramírez no es una más. Este sábado, el veterano de la Guerra de Malvinas falleció en un trágico choque frontal sobre la Ruta Nacional 3, en el partido bonaerense de Azul. Tenía 66 años y residía en Cipolletti, donde había construido su vida tras sobrevivir a uno de los episodios más dramáticos de la historia argentina: el hundimiento del ARA General Belgrano.
El siniestro ocurrió a la altura del kilómetro 251, en cercanías de Cacharí, cuando la Renault Duster que conducía impactó de frente contra un camión. Tras el choque, el vehículo se incendió y Ramírez murió en el lugar. La causa fue caratulada como “homicidio culposo” e interviene la UFI 6 de Azul.
Pero su historia excede el trágico final.
Un sobreviviente del infierno en el Atlántico Sur
Ramírez fue uno de los 793 sobrevivientes del hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982 durante la Guerra de Malvinas, tras el ataque del submarino nuclear británico HMS Conqueror. Aquel episodio dejó 323 muertos y marcó para siempre a quienes lograron salir con vida.
Había nacido en San Lorenzo, Santa Fe, y se alistó en la Armada a los 15 años. Se especializó en electrónica y radares, y a los 21 años ya estaba asignado a la Base Naval Puerto Belgrano. Su llegada al Belgrano tuvo algo de destino: se ofreció como voluntario para reemplazar a un suboficial que no podía embarcar. “Nadie pensaba que ese barco se iba a hundir”, recordaba años después.
Durante los días previos al ataque, participó de maniobras, simulacros y ejercicios que, según reconoció, terminaron siendo clave para su supervivencia.
El hundimiento y la lucha por vivir
El 2 de mayo lo sorprendió una explosión que cambió todo. “Alcanzaba a percibir olores como azufre, carne calcinada, cabello quemado, plástico”, relató en uno de sus testimonios más crudos.
El caos se apoderó del buque: fuego, oscuridad, gritos. Logró salir entre estructuras destruidas, cubierto de petróleo, y llegar al exterior. Desde allí, la escena era desoladora. “Parecía como si la proa hubiese sido arrancada por el mordiscón de un monstruo marino”, describía.
Se lanzó al mar helado del Atlántico Sur y logró subir a una balsa. Allí comenzó otra batalla: casi dos días a la deriva, con temperaturas extremas, hambre, miedo y la desesperación de escuchar a compañeros que no sobrevivían. “Al caer al agua sentí como si miles de agujas me pincharan”, contaba.
El rescate llegó recién en la madrugada del 5 de mayo. “Me salvé”, pensó entonces, en medio del alivio y el shock.
“Balsas”, el libro de la memoria
Años más tarde, Ramírez decidió contar su historia. En su libro “Balsas, esfuerzo y abnegación en el Atlántico Sur”, reconstruyó en primera persona los últimos 16 días del Belgrano y el drama del hundimiento.
Allí relató su vida a bordo, su trabajo técnico, el impacto del ataque y, especialmente, la supervivencia en las balsas “contra el clima hostil y el océano embravecido”.
También describió la detección del submarino británico y la imposibilidad del buque de responder, así como las condiciones extremas que enfrentaron durante casi 48 horas en el mar.
El título del libro remite a la condecoración que recibió junto a los demás sobrevivientes: la medalla de la Armada Argentina al “Esfuerzo y Abnegación”, otorgada por el comportamiento durante el abandono del buque y la permanencia en el océano en condiciones límite.
Una vida marcada por la guerra
Ya instalado en la región, Ramírez se convirtió en un activo difusor de la memoria de Malvinas. Participó en charlas, actos y presentaciones, donde compartía su experiencia con nuevas generaciones.
“Las razones políticas o estratégicas de la guerra no curan la muerte ni sanan las heridas del alma”, reflexionaba Ramírez.
Su vida estuvo atravesada por aquella experiencia extrema. Sobrevivir no fue solo salir del mar: fue convivir con la memoria, con las imágenes, con los sonidos que nunca se apagan.
Este sábado, su historia sumó un final inesperado en una ruta argentina. Pero su voz —la del sobreviviente, la del testigo— queda en sus palabras, en su libro y en quienes lo escucharon contar, una y otra vez, cómo se sobrevive al infierno.
Nota: En 2022, quien escribe esta nota compartió con Ramírez una jornada muy especial en la Biblioteca Bernardino Rivadavia de Cipolletti. Allí, Ramírez presentó su libro “Balsas”, mientras hice lo propio con mi obra “Malvinas, historias para no olvidar”. Fue un encuentro atravesado por el recuerdo, la reflexión y la necesidad de mantener viva la historia.