El 4 de junio de 2011, cerca de las 15:40, sonó la sirena del cuartel de Bomberos Voluntarios de la localidad cordillerana de Villa La Angostura. No se trataba de un incendio ni un siniestro vial: el sonido alertaba a los vecinos sobre el inicio una erupción Complejo Volcánico Puyehue-Cordón Caulle, al sur de Chile. Poco a poco, esa localidad del sur de la provincia de Neuquén comenzó a teñirse de grises a raíz de la ceniza que llegaba desde el otro lado de la Cordillera.
Desde lo estadístico, aquella erupción fue el mayor proceso que afectó a la Patagonia en los últimos 10.000 años. Desde lo comunitario fue el comienzo de meses de trabajo mancomunado, solidaridad y, sobre todo, de una emergencia sin precedentes para la localidad.
Cordobés de nacimiento, angosturense por elección
Oriundo de la localidad cordobesa de Mina Clavero, Ariel Domínguez (53) es periodista y vive desde 1998 en Villa La Angostura. Llegó con un montón de sueños a esa localidad cordillerana para nunca más irse. Junto a su compañera y sus tres hijos (dos propios y un 'ahijado' que le dio la vida), armó su vida en torno a los mil colores de verde y a las particularidades de eso que alguna vez fue una aldea de montaña.
Después de haber trabajo durante años para un corralón de materiales, Domínguez colaboró en el armado de la Unión Vecinal Angostura Comunal (UVAC), partido vecinal que logró llegara a la intendencia de Villa La Angostura en 2007 de la mano de Ricardo Alonso. Inicialmente ingresó en el área de Prensa y Comunicación con la Comunidad y luego, para el momento de la erupción, fue el secretario de Gobierno local.
En ese contexto, Domínguez no sólo debió afrontar una emergencia sui generis, sino que también documentó con lujo de detalles, fotografías y testimonios todo lo que ocurrió a partir de la erupción. Su obra se titula 4 de Junio. La Gran Erupción (Editorial Dunken, 2015). Desde su local de artículos deportivos, el comunicador recibió a Mejor Informado y relató cómo fue la experiencia de vivir en un pueblo, donde reina el verde de los árboles o el blanco de la nieve, teñido de gris.
"Siempre que me preguntan por aquella época me limito a decir esto. 'Seguro en tu casa tenés un héroe'. Toda persona que en aquel momento pudo ayudar a otro en la Villa, se convirtió en un héroe anónimo", describió en el comienzo de la entrevista con este portal.
Como en la fábula del pastor, el lobo y las ovejas
En los meses previos a la erupción del cordón Puyehue-Cordón Caulle, dos de los 50 volcanes activos de Chile que amenazan de alguna manera a la Argentina habían registrado indicios de una probable erupción. Y como la prevención nunca está demás, desde el Municipio decidieron informar a la población para que estuviese preparada. "Recurrimos a las escuelas. Elaboramos una suerte de folleto explicativo que enviamos en todos y cada uno de los cuadernos de comunicados para que llegaran a las casas de las familias angosturenses", recordó.
De esa manera, los 11.026 habitantes que -según el Censo nacional- vivían en Villa La Angostura para aquel entonces sabían qué les podía llegar a pasar. Finalmente, no hubo amenaza por parte de los volcanes Llaima y Chaitén. De alguna manera, esto fue como la fábula del pastor, el lobo y las ovejas: cuando la erupción del Puyehue-Cordón Caulle era inminente, había cierto grado de incredulidad.
Toda persona que en aquel momento pudo ayudar a otro en la Villa, se convirtió en un héroe anónimo
El sábado que empezó a llover ceniza y no paró
En los días previos al sábado 4 de junio, hubo un leve sismo en Villa Traful y aledaños. Desde Chile venían monitoreando toda la situación y el aumento de la sismología. Nosotros nos enteramos a través de un medio digital que esperaban una inminente erupción del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle. "Todo se popularizó como la erupción del volcán Puyehue, pero es un volcán inactivo desde el año 850. Tuve la suerte de llegar al lugar exacto de la erupción y está a 7 kilómetros del cono del Puyehue. La entrada en contacto con el tema de la erupción fue casi casual. De hecho, cuando el responsable de Protección Civil lo expuso en el comité no le creyeron", precisó.
Pero cuando las cosas pasan, pasan. El sábado en cuestión había amanecido con un cielo diáfano que hacía relucir las bondades del Jardín de la Patagonia como pocas veces. Sin embargo, en cuestión de horas, todo cambió de manera abrupta. "Conocemos cómo es la conformación de una tormenta de nieve, pero esto era mucho más oscuro. De repente empezó a caer piedras pómez de manera aislada. Una por una. Hacían como un ruido a vidrio. Hasta que quedó todo cubierto", recordó.
Domínguez detalló cómo fue el recorrido de la ceniza desde el lugar de la erupción hasta el mismísimo éjido urbano de Villa La Angostura y zonas aledañas: "Lo particular de esta erupción fue que todo empezó desde una grieta, no desde un cono como son los volcanes tradicionales. La presión generó una grieta y expulsó las piedras. Éstas se elevaron, más o menos, a 12.000 metros de altura y por obra del viento llegaron hasta acá, a 36 kilómetros de distancia".
Respecto del tamaño de las piedras pómez, Domínguez explicó que aumentaba conforme te acercabas al lugar de la erupción, sitio que tuvo la oportunidad de conocer junto a personal de la Brigada de Manejo del Fuego de Villa La Angostura: "Veías piedras de un tamaño considerable, pero dada su conformación volcánica las podías levantar con un dedo. Por eso las piedras que llegaron al Brazo Rincón (paraje cercano al paso fronterizo Cardenal Antonio Samoré) eran de mayor tamaño de las que vimos aquí en el centro".
Existe la fantasía popular de que la ceniza volcánica que cayó en 2011 sobre Villa La Angostura fue beneficiosa para la vegetación. No obstante, desde la ciencia la postura parece indicar otra cosa. "Lo que me ha comentado gente del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) es que este tipo de erupción en particular no aportó ningún elemento al suelo. No obstante, después de esto vi papas de un kilo y frutillas enormes, quizás, por lo que dicen desde lo técnico, porque la ceniza modificó la granulometría del suelo, hizo que se oxigenara más. Pero no hubo una modificación en los minerales", añadió Domínguez.
El inicio de la gestión de la emergencia y los factores climáticos
Como en la vida misma, como en la política, la gestión de la emergencia también tiene sus plazos. Y con el diario del lunes, Domínguez cuestionó que algunas lecciones aún no fueron aprendidas de la tragedia natural que tuvo lugar hace 15 años. "Nosotros (por el gobierno de la UVAC) estuvimos hasta diciembre de ese año e hicimos la etapa inicial de la gestión de la emergencia. Lo que estaba previsto era ver qué cantidad total de tapabocas teníamos en la localidad, desde lo que había en existencia en las ferreterías hasta los que se contaban en el depósito del viejo hospital. Lo mismo sucedió con el agua embotellada. Creo que no se tomó nota de lo que sucedió, que además puede volver a pasar: lo primero que se vio a afectada fue el agua, porque las tomas son a cielo abierto. Otra de las cuestiones fue la luz que, más allá de no contar con la interconexión, el cableado era y sigue siendo aéreo. No cambió nada", sostuvo al hacer referencia de lo que volcó en su libro.
Domínguez remarcó que desde la gestión municipal necesitaban la declaración de la emergencia para que Villa La Angostura estuviera en la agenda nacional. En ese sentido, el autor destacó el rol que desempeñaron el Ejército Argentino y otras fuerzas nacionales a la hora de ejecutar tareas en función de la necesidad. "Aparecieron los REPRO (Programa de Recuperación Productiva). Una parte del sueldo la aportaba el Estado porque, por ejemplo, los hoteles no trabajaban".
Como secretario de Gobierno municipal, Domínguez tuvo la responsabilidad de velar por el buen uso de la ayuda económica que se destinó para Villa La Angostura. "Llegaron fondos de Naciones Unidas (ONU), que fueron a Nación. De Nación a la provincia de Neuquén - que era gobernada por Jorge Sapag- y de la Provincia a la Municipalidad. Todo era controlado por la Auditoría General de la Nación (AGN). No hubo nada que objetar del uso de los fondos que se hizo hasta ese diciembre", remarcó.
Una de las primeras medidas del Comando Operativo de Emergencia (COE) fue la distribución de agua embotellada. Se le pidió a la población que el agua de red la usara para cuestiones de higiene, pero no para el consumo.
Respecto de la acción del viento en medio de la lluvia de ceniza, Domínguez remarcó que había momentos en que la afectación era plena, mientras que en otros, todo se iba para Chile. "Era como un campo de batalla. Teníamos la emergencia declarada, pero había algún que otro período de tregua. Hasta que se movía una hojita y, de nuevo, caía una nube entera de ceniza", graficó.
Como es sabido, el final del otoño y el comienzo del invierno en Villa La Angostura es una época muy lluviosa. En ese sentido, Domínguez destacó lo nocivo que era la combinación del agua con la ceniza, pero destacó la ayuda de la nieve. "Cuando llovía era como si cayera barro del cielo, pesaba, rompía los sistema del limpiaparabrisas. Pero cuando nevaba todo era más liviano, quedaba todo el pueblo cubierto de blanco. Lejos de lo que estamos acostumbrados, esto era todo monocromático, todo estaba teñido de gris", diferenció.
El mayor problema de la acumulación de la ceniza se deba en los techos de las edificaciones. Si se acumulaba demasiado se generaba como una placa compacta y el peso se podía cuadruplicar y hacer peligrar las estructuras. "Había grupos de adolescentes que como no tenían clases se juntaban para ayudar, sobre todo a las personas mayores que se veían imposibilitadas de llegar partes tan elevadas de sus casas", comentó Domínguez.
A medida que comenzaban a reabrir las escuelas, otra medida que tomó el Ejecutivo municipal de aquel entonces fue limpiar un lugar emblemático de Villa La Angostura. "Decidimos que la plaza San Martín debía ser despejada. Porque que ese lugar volviese a verse verde funcionaría como un shock de optimismo para toda la población".
La radio y la solidaridad; aliadas fundamentales en medio de la emergencia
Durante la emergencia vivida a raíz de las cenizas, Domínguez destacó a la radio no sólo como medio de llegada a los hogares, sino también como un canal donde la solidaridad de los vecinos tejió redes en los momentos más difíciles que atravesó el pueblo angosturense."La radio con pilas que las personas tenían preparada en la mochila fue lo único que no se cayó. Sin electricidad no había Internet ni teléfonos celulares. En el centro, como está el hospital siempre la situación es más leve, pero depende de los lugares, hubo vecinos que estuvieron más de una semana sin suministro. En esa situación, se dieron situaciones muy lindas: había quienes decían 'Tengo para cargar, vengan'. O por radio se escuchaban frases como: 'Tengo cuatro velas, pero para esta noche sólo preciso una'. Y donaban las otras tres", detalló con un brillo en los ojos.
En medio de esta situación, en la que supermercados aumentaban los precios de sus mercaderías y, aún así, las góndolas iban quedando vacías, la solidaridad hizo lo suyo. "Además de las velas, había gente que ya había vivido la erupción del año 60 y sabía de qué iba la cosa. Entonces, venían a la radio municipal y enseñaban (cual tutorial actual) a hacer mecheros. En esas muestras se vio lo mejor de las personas: algo que las hacía sentir útiles les daba motivos para arrancar".
Respecto a la provisión de víveres esenciales, Domínguez comentó que los camiones de Bariloche, San Martín de los Andes y Neuquén continuaron llegando. Una ayuda que únicamente se vio interrumpida en singulares ocasiones cuando la caída de ceniza sobre la calzada asfáltica era demasiada o, bien, de noche, por un tema de reducción de la visibilidad.
Para dejar testimonio, para los que vendrán
"Creo que la temporada de invierno de 2012, un año después de la erupción, fue un boom de turismo. Algo que sólo se compara con la locura que fue la post pandemia de COVID-19. Eso estuvo motivado por la gente que tenía sus reservas y la reprogramaron; gente nueva, que no conocía este lugar y vino; y lo que yo llamo el 'turismo del morbo', que quería ver cómo había quedado todo", reflexionó.
En base a todo lo vivido, Domínguez propuso que se edifique un monolito, un monumento o un busto en la Plaza de los Pioneros, el lugar donde funcionaron el COE y el Comando Operativo de Cocina (COC), actual dependencia de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA).
"Que la comunidad y el turista sepa que esto pasó. La historia tiene eso que alguien llega y al ver estos paisajes alguien puede pensar que nada pasó. La actividad del volcán duró 1 año, tres meses y 10 días, hasta que volvió a estar en verde (niveles bajo de alerta). De hecho, estos paisajes se fueron modificando. Y hay pocos casos en el mundo en el que toda una población quede afectada por una disrupción de origen volcánico", concluyó en horas previas a un homenaje que tendrá lugar en el Centro de Convenciones Arrayanes de la localidad a 15 años de la erupción.