Una situación tan insólita como alarmante sacudió a una familia de Bariloche: dos perros salieron de su casa en el barrio Lera y regresaron con una bolsa con marihuana que terminaron ingiriendo, lo que les provocó una grave intoxicación que requirió asistencia veterinaria urgente. Los dueños indignados se quejaron por la situación y el peligro que representa una bolsa de droga en la calle.
El episodio ocurrió durante la tarde de ayer, cuando una mujer abrió el portón para sacar el auto y los animales aprovecharon ese descuido para salir a la calle. En ese breve lapso, nadie imaginó lo que podía pasar. Sin embargo, minutos más tarde, uno de los perros regresó con una bolsa en la boca. A simple vista, su dueña pensó que se trataba de yerba u otro residuo común. Pero no era el ingrediente indispensable para el mate.
Con el correr de las horas, la preocupación empezó a crecer. Cerca de las 19, ambos animales comenzaron a mostrar signos claros de que algo no estaba bien: caminaban desorientados, perdían el equilibrio y tenían comportamientos completamente fuera de lo habitual. La escena, según relató la propietaria, era desesperante.
Ante ese panorama, la familia intentó contactar a distintos veterinarios. No fue fácil. La urgencia apretaba y la respuesta tardaba. Finalmente, una profesional logró acercarse al domicilio y, en un primer momento, el cuadro parecía aún más grave: se sospechaba un posible envenenamiento. Uno de los perros estaba prácticamente sin reacción y llegó a convulsionar, encendiendo todas las alarmas.
Pero el giro inesperado llegó en pleno intento de estabilización. Uno de los animales vomitó y allí apareció la clave: restos de marihuana. Lo que parecía un misterio comenzó a tomar forma. La bolsa que habían traído desde la calle no era un simple residuo: contenía droga. El descarte de alguien.
A partir de ese momento, el tratamiento se enfocó en contrarrestar los efectos de la intoxicación. Según explicó la veterinaria, la ingestión de marihuana en animales puede generar cuadros más severos que su consumo por inhalación, con síntomas como excitación extrema, temblores, desorientación y hasta episodios neurológicos.
Los perros fueron hidratados con suero, medicados y monitoreados durante varias horas. Uno de ellos fue el más comprometido y su recuperación demandó mayor atención, en una noche que la familia no va a olvidar fácilmente.
Finalmente, más allá del alivio porque los animales lograron estabilizarse, lo que quedó fue una mezcla de bronca y preocupación. Porque la pregunta es inevitable: ¿cómo terminó esa sustancia en la calle? Y, sobre todo, ¿qué hubiera pasado si en lugar de un perro la encontraba un chico?