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San Carlos de Bariloche: doce años de diálisis y una amiga le dará un riñón para vivir

Después de 12 años de diálisis y una larga espera por un trasplante, la Justicia de Bariloche autorizó a una mujer a donarle un riñón a su mejor amigo. Los estudios médicos, psicológicos y sociales confirmaron que se trata de un acto voluntario, altruista y sin intereses económicos.

Viernes, 08 de mayo de 2026 a las 17:48
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Después de 12 años de diálisis diarias, recibirá un riñón de su mejor amiga

Doce años conectado a una máquina, a la espera de una llamada que nunca llegaba y en la pelea diaria contra una enfermedad devastadora. En medio de esa angustia interminable, una amiga decidió dar el paso más extremo y valiente: ofrecerle uno de sus riñones para salvarle la vida. La Justicia rionegrina autorizó el trasplante tras comprobar que no existía ningún interés económico detrás de la donación y que el vínculo entre ambos era tan fuerte como el de una familia.

La historia golpea por donde se la mire. Él arrastra una insuficiencia renal terminal desde hace años y vive atrapado en una rutina agotadora de diálisis, tratamientos y controles médicos. Su estado de salud se volvió cada vez más delicado y la espera de un órgano compatible comenzó a transformarse en una carrera desesperada contra el tiempo.

Sin embargo, en medio de ese escenario oscuro apareció ella. No era una hermana, ni una pareja, ni una familiar directa. Era una amiga que conocía de cerca el sufrimiento diario, las internaciones, los momentos de crisis y el desgaste físico y emocional que provoca vivir dependiendo de una máquina para seguir respirando.

Con el correr de los años, esa amistad se volvió inseparable. Compartieron situaciones límite, acompañamientos permanentes y una cercanía tan profunda que terminó construyendo un vínculo casi familiar. Entonces, cuando la salud del hombre comenzó a deteriorarse todavía más, la mujer tomó una decisión que impactó incluso a los profesionales que intervinieron en el caso: ofrecerle uno de sus riñones.

Pero la voluntad no alcanzaba. La ley argentina impone fuertes restricciones para evitar el tráfico y la comercialización de órganos. Por eso, cuando no existe parentesco directo, la única salida posible es una autorización judicial excepcional. Y allí comenzó otra batalla.

El caso llegó a la Unidad Procesal de Familia de Bariloche mediante una medida autosatisfactiva, un mecanismo urgente que busca resolver situaciones donde el tiempo puede ser determinante. La Justicia debía analizar si detrás de la donación existía realmente un acto altruista o si había algún tipo de presión, interés económico o manipulación.

En ese contexto, intervinieron especialistas médicos, psicólogos, trabajadores sociales y organismos clave como el INCUCAI y el CUCAI Río Negro. Todos coincidieron en un punto central: la donación era genuina, voluntaria y completamente gratuita.

Además, los estudios médicos confirmaron que ambos eran compatibles y que el trasplante representaba la mejor posibilidad para mejorar la calidad de vida del receptor. También se determinó que el hombre estaba en condiciones de atravesar la compleja intervención quirúrgica.

Por otro lado, las pericias psicológicas fueron determinantes. Los informes sostuvieron que la mujer comprendía perfectamente los riesgos, las consecuencias y el alcance de la cirugía. Los especialistas remarcaron que actuaba con autonomía, madurez y sin ningún tipo de condicionamiento externo.

Las pericias sociales terminaron de consolidar el cuadro. Allí se describió una relación estable, prolongada en el tiempo y marcada por un acompañamiento constante. Los profesionales descartaron cualquier sospecha de beneficio económico o interés oculto, uno de los puntos más sensibles en este tipo de causas.

Durante la audiencia judicial, la mujer volvió a ratificar su decisión frente a la jueza de Familia. Explicó que su único objetivo era mejorar la vida de su amigo y darle una oportunidad después de más de una década de sufrimiento.

Finalmente, y tras analizar toda la prueba reunida, la magistrada resolvió autorizar la donación. En el fallo dejó en claro que se trata de un caso excepcional, donde el vínculo afectivo y la urgencia médica justificaban apartarse de la restricción legal prevista para este tipo de trasplantes.

Ahora, aunque todavía deberán cumplirse controles médicos y protocolos sanitarios antes de la cirugía, la esperanza volvió a aparecer para un hombre que llevaba 12 años esperando una segunda oportunidad.

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