La siniestralidad vial en Argentina continúa siendo uno de los principales problemas de seguridad pública. Aunque existen normas, campañas de concientización y controles de tránsito, especialistas advierten que la mayoría de los incidentes tienen un origen común: el factor humano.
El analista de seguros y siniestros viales Sebastián Horacio Trovato sostuvo al portal Realidad Sanmartinense que, en gran parte de los casos, los llamados “errores” al volante no son hechos azarosos, sino decisiones previas que incrementan el riesgo.
Entre las conductas más frecuentes que derivan en siniestros aparecen:
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Exceso de velocidad
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Uso del celular mientras se conduce
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Manejo bajo efectos del alcohol
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Desobediencia de señales de tránsito
Según Trovato, cuando un conductor adopta alguna de estas conductas está tomando una decisión consciente que puede afectar no solo su seguridad, sino también la de terceros.
La idea de “accidente” y la previsibilidad del tránsito
Una de las narrativas más extendidas en el debate público es la que describe los hechos viales como “fatalidades” o “accidentes” inevitables. Sin embargo, especialistas sostienen que el tránsito funciona como un sistema altamente previsible.
Cuando un conductor circula a una velocidad que reduce su capacidad de reacción o se distrae utilizando el teléfono móvil, el riesgo de siniestro aumenta significativamente.
En ese sentido, el desenlace no siempre es sorpresivo: muchas veces es coherente con la conducta asumida previamente.
Cultura vial y tolerancia social a la imprudencia
El análisis también apunta a factores culturales. En distintos ámbitos sociales aún persiste cierta valoración de conductas imprudentes, como conducir rápido o ignorar normas de tránsito.
Este fenómeno puede derivar en lo que especialistas denominan anomia, es decir, una ruptura entre las normas formales y las reglas realmente internalizadas por la sociedad.
Cuando el cumplimiento de las normas depende únicamente del control externo —por ejemplo, la presencia de un inspector o un control policial— y no de una convicción interna, la responsabilidad tiende a diluirse.
Conducir: una actividad de alto riesgo social
Manejar un vehículo implica operar una máquina de gran porte a velocidades que superan ampliamente la capacidad del cuerpo humano para resistir impactos.
Por eso, especialistas en seguridad vial sostienen que conducir no es una actividad neutral ni trivial, sino una responsabilidad que tiene impacto colectivo.
Entre los factores humanos más frecuentes vinculados a los siniestros viales aparecen:
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Distracción al volante
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Exceso de confianza
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Consumo de alcohol
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Conductas agresivas en el tránsito
Todos ellos están relacionados con decisiones personales que aumentan la probabilidad de incidentes.
Un debate que trasciende controles y sanciones
Las políticas públicas en materia de tránsito suelen enfocarse en controles, multas y sanciones. Sin embargo, especialistas advierten que estos mecanismos, aunque necesarios, resultan insuficientes si persiste una cultura social que relativiza el cumplimiento de las normas.
Cada conductor que decide ignorar una regla está asumiendo que el riesgo es aceptable. Pero el tránsito funciona sobre responsabilidades compartidas, donde cada conducta individual puede afectar a toda la comunidad.