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Techint perdió otra licitación clave y quedó afuera de la construcción del gasoducto de Vaca Muerta en Río Negro

El gasoducto unirá Neuquén con el Golfo San Matías y permitirá exportar 27 millones de m3 diarios. La obra fue adjudicada a Contreras y la italiana Sicim.

Jueves, 30 de abril de 2026 a las 08:15
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La obra quedó en manos de las constructoras Víctor Contreras y la italiana Sicim

El mapa energético del país acaba de sumar una jugada fuerte. El gas de Vaca Muerta ya tiene ruta definida hacia el mar y, con eso, hacia el mundo. La adjudicación del gasoducto que conectará Neuquén con el Golfo San Matías marca un antes y un después en el negocio del gas.

La obra quedó en manos de las constructoras Víctor Contreras y la italiana Sicim, que se impusieron en la licitación con una oferta cercana a los 530 millones de dólares. Fue una diferencia clave: unos 80 millones menos que la propuesta de Techint, que volvió a quedar afuera en un proyecto estratégico.

No es un dato menor. La compañía de Paolo Rocca ya había perdido terreno a comienzos de 2026 en otra licitación vinculada al GNL. Ahora, suma un nuevo golpe en una obra que define el futuro de la exportación energética.

El proyecto es ambicioso. Se trata de un gasoducto de 471 kilómetros que partirá desde Tratayén, en el corazón de Vaca Muerta, y llegará hasta la costa rionegrina. Por esa traza se moverán unos 27 millones de metros cúbicos de gas por día, con un destino claro: el mercado externo.

El esquema incluye además una pieza clave: una planta compresora que permitirá sostener el flujo del gas. Ese contrato quedó en manos de OPS, con una inversión cercana a los 95 millones de dólares y una potencia proyectada de 46.000 caballos.

Detrás del proyecto aparece un consorcio de peso: Southern Energy, integrado por Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. Todos alineados en un objetivo común: transformar el gas en divisas.

Los tiempos ya están en marcha. La idea es comenzar la obra a mediados de este año y tenerla lista en dos años, justo antes del invierno de 2028. Un plazo exigente para una infraestructura que puede cambiar la balanza energética.

 

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