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Lo vendieron como chatarra, lo reconstruyeron estudiantes y ahora será un monumento: la historia del avión de TAN

El avión Collón Curá durante décadas fue protagonista de vuelos sanitarios y de la integración aérea de la provincia de Neuquén. Después terminó desarmado en una chatarrería, hasta que un grupo de profesionales aeronáuticos logró recuperarlo y estudiantes y docentes del colegio San José Obrero lo reconstruyeron pieza por pieza. 

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Después de años de trabajo, investigación y compromiso, el avión Collón Curá de Transportes Aéreos del Neuquén (TAN) está cada vez más cerca de volver a ocupar un lugar en la historia de la Provincia.

Hay historias que parecen terminadas mucho antes de que alguien decida volver a buscarlas. La del Collón Curá, uno de los aviones emblemáticos de Transportes Aéreos Neuquén (TAN), podría haber terminado en una chatarrería. Su fuselaje estaba separado, las alas por un lado, la cola por otro y faltaban puertas, ventanas y numerosas piezas. Pero alguien volvió a mirar aquellos restos y entendió que allí no había solamente metal. Había una parte de la historia de Neuquén.

Hoy, después de años de trabajo, investigación y reconstrucción, aquel avión que estuvo a punto de convertirse definitivamente en chatarra está recuperando su forma original y tiene un nuevo destino: ser emplazado como monumento en el ingreso al Parque Valentina Norte, mirando hacia la rotonda.

El controlador aéreo Diego Wonham, autor del libro TAN Transportes Aéreos Neuquén 1960-2001. Alas neuquinas para la integración regional, fue uno de los impulsores del proyecto y contó en el programa Entretiempo por AM550 el increíble derrotero de la aeronave.

“Yo soy el coordinador general del proyecto. Nació por iniciativa de varios profesionales aeronáuticos de distintas organizaciones que nos pusimos de acuerdo para rescatar los restos del avión, para comprar la chatarra, básicamente”, dijo Wonham. Y así comenzó una historia que todavía no terminó.

El avión Collón Curá fue una de las tres aeronaves con las que TAN realizó durante cuatro décadas transporte de pasajeros y vuelos sanitarios, junto con las aeronaves Aluminé y Nahueve.

Un avión comprado nuevo por Neuquén

Para entender por qué alguien decidió rescatar un avión convertido en restos de metal hay que retroceder casi medio siglo. El Collón Curá fue uno de los tres aviones que Neuquén compró nuevos en 1977 para fortalecer la estructura de Transportes Aéreos Neuquén. Las otras dos aeronaves fueron bautizadas Aluminé y Nahueve.

Era un Turbo Commander, una aeronave norteamericana que llegó a la provincia para integrarse a una empresa que terminaría teniendo un papel fundamental en la comunicación aérea de Neuquén y de buena parte de la Patagonia.

Wonham explicó que el avión fue traído a Neuquén por Alfredo Pujante y Aldo Mástice. Allí aparece otro capítulo singular de la historia neuquina. Mástice, además de piloto, fue quien creó el escudo de la provincia de Neuquén. Según relató Wonham, durante aquellos vuelos fue imaginando y dibujando bocetos de lo que finalmente se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de la provincia. Por eso, el avión que ahora está siendo reconstruido no es solamente una vieja aeronave. También lleva en su historia una parte de la identidad neuquina.

La Cooperativa de Servicios Aéreos Neuquinos Ltda., integrada por exempleados de TAN, logró recuperar el fuselaje, las alas y la cola, y convocó al colegio San José Obrero para reconstruirla

Los aviones que salvaron vidas

Durante décadas, los aviones de TAN fueron mucho más que un servicio de transporte. En una provincia que todavía tenía grandes dificultades para conectar sus localidades, las aeronaves cumplieron una función fundamental. Los vuelos sanitarios fueron una de las tareas más importantes.

Wonham recordó que aquellos aviones realizaron miles de vuelos hacia distintos puntos del interior provincial para trasladar pacientes y responder ante emergencias sanitarias. “Arriba de esos aviones se salvó mucha gente y también mucha gente trabajó e hizo un gran esfuerzo”.

Por eso considera que recuperar el Collón Curá significa algo mucho más profundo que restaurar una aeronave. “Poder rescatar ese avión es un poco rescatar esa historia y ponerlo en valor implica reconocer el trabajo de todas esas personas”.

TAN llegó a ser la tercera línea aérea del país

La dimensión de aquella empresa puede resultar difícil de imaginar para quienes no conocieron aquella época. TAN no fue simplemente una pequeña línea aérea provincial. Llegó a tener más de 25 aviones y helicópteros a lo largo de su historia y alrededor de 120 empleados. Operó vuelos dentro de la Argentina y llegó a conectar Neuquén con distintos destinos de Chile.

“En los años 80 Neuquén era una provincia que tenía una línea aérea que unía con esfuerzo propio Neuquén y Chile”, recordó Wonham. Agregó un dato que ayuda a dimensionar aquella experiencia: TAN llegó a ser la tercera línea aérea del país. Voló desde San Juan hasta Tierra del Fuego y alcanzó entre sus destinos cuatro o cinco ciudades chilenas. La empresa funcionó entre 1960 y 2001 y dejó una huella en la historia del transporte aéreo regional.

Cuando el avión fue puesto a la venta por primera vez como metal, quienes luego intentarían recuperarlo quisieron comprarlo. Pero había un problema: todavía estaba prácticamente entero y el precio era demasiado alto. El tiempo hizo el resto.

La aeronave pasó por diferentes manos y distintos lugares hasta que, aproximadamente una década después, el grupo consiguió finalmente comprarla. Pero ya no compró un avión. Compró chatarra. “Lo compramos como chatarra y todo desarmado: con las alas por un lado, con la cola por el otro, con un montón de faltantes, puertas, ventanas...”.

Había que encontrar quién pudiera transformar aquel conjunto de piezas nuevamente en una aeronave. Entonces apareció el colegio San José Obrero. El rompecabezas gigante Los estudiantes y docentes del colegio asumieron una tarea que parecía casi imposible.

Del abandono al homenaje: la increíble reconstrucción del avión de TAN que hizo historia en Neuquén.

Wonham todavía recuerda el estado en que encontraron el avión. “Pensé que eso prácticamente estaba destruido”. Pero los alumnos hicieron lo que él define como un “rompecabezas gigante”. Reconstruyeron partes del fuselaje, fabricaron piezas que ya no existían y recuperaron elementos estructurales.

Hubo que fabricar hélices desde cero, además de cajones para los motores, partes del timón de dirección, puertas, refuerzos, cubremotores y capots. Cuando no existían planos o piezas originales para tomar como referencia, apareció otra ayuda.

En Viedma había un avión similar. Los especialistas y trabajadores de la aviación provincial de Río Negro aportaron medidas y referencias para que los estudiantes pudieran reproducir las piezas faltantes. “Nos ha ayudado un montón de empresas que donaron dinero, que donaron cosas para poder hacerlo”, contó Wonham.

 

Los alumnos que volvieron a entrar en la historia de TAN

La reconstrucción no fue solamente un trabajo de taller. También se convirtió en una experiencia educativa. Los estudiantes del San José Obrero pudieron acercarse a una actividad que para muchos de ellos era completamente desconocida. Visitaron hangares, conocieron aviones y helicópteros y tuvieron contacto directo con pilotos y trabajadores de la actividad aeronáutica.

“La idea del proyecto es traer un poco a la ciudadanía, en este caso a los chicos del colegio y a la comunidad del colegio, a lo que es la vida aeroportuaria”, explicó Wonham. El avión terminó funcionando, de alguna manera, como un puente entre generaciones.

Los jóvenes que hoy trabajan sobre sus restos están reconstruyendo una máquina que pertenece a una época que muchos de ellos solamente conocían por fotografías y relatos.

El proyecto convocó a estudiantes y docentes del colegio San José Obrero junto con exempleados de la empresa y actores vinculados a la actividad aeronáutica.

Una restauración que también reconstruye memoria

El trabajo no consistió simplemente en volver a darle al avión una apariencia similar a la original. Hubo que respetar las características estructurales de la aeronave para convertirla en un monumento que será colocado en altura.

El jefe del taller del área de Mecánica Industrial del colegio San José Obrero, Roberto Fernández, explicó que también se buscó preservar su identidad original: la pintura, las letras y especialmente el escudo provincial que lleva en la cola. Allí aparece nuevamente la figura de Aldo Mástice. La intención es que sus hijos y nietos participen de la reconstrucción del escudo que lleva la aeronave. Wonham confirmó que ya existen conversaciones con la familia. “La idea es que la restauración la hagan o los nietos o los hijos”.

El avión de TAN que terminó en una chatarrería y ahora vuelve a volar en la memoria de Neuquén.

El homenaje detrás de la aeronave

Hay otro episodio de la historia de TAN que vuelve especialmente significativa la recuperación. En 1977 fueron adquiridos los tres Turbo Commander. Uno de ellos sufrió un accidente en San Martín de los Andes durante un vuelo sanitario, cuando se dirigía a buscar a una bebé.

El accidente terminó con la vida de todos sus ocupantes. Entre ellos había integrantes del Aeroclub Neuquén, de TAN, de la Policía provincial y del Hospital Regional.

Por eso, para quienes impulsaron la reconstrucción, el avión que ahora volverá a estar visible en la ciudad también puede convertirse en un homenaje.

Pero sobre todo volverá a contar una historia. La historia de una provincia que durante décadas utilizó la aviación para unir localidades, trasladar pacientes, conectar territorios y acercar comunidades. También la historia de un grupo de personas que se negó a aceptar que ese pasado terminara convertido en metal para vender al peso.

Como resumió Wonham durante la entrevista: “poder rescatar ese avión y ponerlo en valor es un poco un homenaje a todas esas personas que hicieron grande Neuquén”.

El Collón Curá todavía no volvió a volar. Pero después de haber sido casi destruido, ya volvió a tener algo que parecía perdido para siempre: un lugar en la memoria de Neuquén.

 

La entrevista a Diego Wonham

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