Este domingo, la vendimia en Chos Malal tuvo un significado especial. La familia Monsalve no solo llevó adelante la cosecha de sus viñedos, sino que convirtió la jornada en un verdadero encuentro con la tierra, la historia y el aprendizaje colectivo.
En un gesto que refleja el espíritu de la producción regional, Beto y Luis Monsalve abrieron las puertas de su bodega y compartieron su experiencia con estudiantes y docentes de la Tecnicatura Agroecológica que se dicta en Huinganco. Hasta allí llegaron jóvenes de distintos puntos del norte neuquino, como Colipilli, Los Miches, Las Ovejas, Varvarco, Manzano Amargo, Andacollo y la propia Chos Malal, consolidando una participación con fuerte identidad territorial.
La jornada fue mucho más que una cosecha. Entre racimos de uva, molienda y trabajo en la viña, se generó un espacio donde el conocimiento se transmitió de manera directa, en contacto con el suelo y los procesos reales de producción. Las variedades Malbec y Bonarda fueron protagonistas de una experiencia que conectó el pasado familiar con el presente productivo y la proyección futura.
Pero también hubo lugar para el encuentro humano. Las risas, las charlas, las empanadas caseras y las copas de vino acompañaron un día en el que el esfuerzo casi no se sintió. En ese clima distendido, el aprendizaje se volvió más profundo y significativo para quienes participaron.
Durante la actividad, los estudiantes pudieron conocer de primera mano las etapas que siguen a la cosecha: el despalillado y prensado de la uva, la fermentación donde el mosto se transforma en vino, el reposo, la maduración y finalmente el embotellado. Un recorrido completo, desde la viña hasta la copa.
Para la familia Monsalve, reconocida en Chos Malal por su dedicación a la producción artesanal, la jornada dejó una huella tanto en ellos como en los jóvenes. La transmisión de saberes, el valor del trabajo y el vínculo con la tierra se consolidaron como ejes centrales de una experiencia que trasciende lo productivo.
La vendimia, en este rincón del norte neuquino, demostró una vez más que no es solo cosecha: es identidad, es comunidad y es historia viva que se renueva en cada generación.