La localidad de El Cholar se prepara para vivir uno de sus eventos más representativos: la Fiesta del Ñaco. Durante el fin de semana, el norte neuquino se llena de música, encuentros y gastronomía regional en una celebración que reafirma la identidad cultural de la zona.
Sin embargo, la fiesta no solo es celebración. También es memoria. Es historia viva que sigue resonando entre el trigo, el agua del arroyo y el recuerdo de las familias productoras que marcaron el pulso de la región.
En ese entramado de tradición se levanta el histórico Molino Harinero San Francisco, declarado Monumento Histórico Provincial. La construcción de adobe y techo de carrizo conserva en sus paredes décadas de trabajo comunitario. Allí, donde hoy el tiempo parece detenido, alguna vez giró una enorme piedra de más de 500 kilos que, impulsada por el agua del arroyo El Cholar, transformaba el trigo en harina.
Fue el primer molino del Alto Neuquén y un punto de encuentro para productores de la región e incluso de Chile. Las familias llegaban con su cosecha, el trigo se tostaba en la cayana y luego ingresaba por la tolva para iniciar el proceso de molienda. Mientras tanto, los bueyes aguardaban afuera y el espacio se convertía en lugar de intercambio, mates y relatos compartidos.
La economía también era distinta. La molienda se pagaba en almud, una antigua unidad de medida para granos que luego se intercambiaba por alimentos o animales. Era una forma de vida en la que la producción familiar y la tierra marcaban el ritmo cotidiano.
El resguardo de este patrimonio estuvo en manos de la familia de Rosa Dina de Giménez, que mantuvo viva una parte esencial de la historia regional. Gracias a esa memoria, hoy se reconstruye el valor de un molino que fue motor productivo y social del norte neuquino.
En el marco de la Fiesta del Ñaco, el Molino San Francisco se resignifica: deja de ser solo una postal del pasado para convertirse en símbolo de identidad, producción local y pertenencia.
Porque en El Cholar celebrar también es recordar. Y mientras la música y los sabores vuelven a reunir a la comunidad, la historia sigue girando, como aquella piedra que durante décadas convirtió el trigo en alimento y encuentro.