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Automedicación en aumento: un estudiante analizó 79 investigaciones y alertó sobre sus riesgos

Lucas Márquez analizó 79 investigaciones científicas publicadas durante la última década y advirtió sobre los riesgos de consumir medicamentos sin supervisión profesional. El trabajo también identificó factores sociales, económicos y sanitarios que influyen en esta práctica.
 

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Jueves, 15 de octubre de 2026 a las 14:16
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ucas Márquez explicó en diálogo con AM550 los riesgos de la automedicación y sus consecuencias para la salud. Foto: gentileza.

La automedicación es una práctica extendida en distintas partes del mundo y puede tener consecuencias tanto para la salud individual como para toda la comunidad. Así lo analizó Lucas Márquez, un estudiante de 23 años que cursa quinto año de la carrera de Medicina en Bariloche y que llevó adelante una investigación sobre el tema a partir de la revisión de 79 estudios científicos publicados durante los últimos diez años.

El trabajo, titulado “Automedicación como una práctica en crecimiento en los últimos 10 años”, buscó identificar la frecuencia de esta conducta, los motivos que llevan a las personas a consumir medicamentos por cuenta propia y sus posibles consecuencias. En diálogo con La Segunda Mañana, por AM550, Márquez también señaló una de las principales dificultades que encontró durante el análisis: la falta de estudios de alta evidencia realizados en Argentina.

Qué se considera automedicación

Uno de los puntos centrales de la investigación fue establecer qué conductas pueden considerarse automedicación. Márquez explicó que no se trata solamente de consumir un medicamento sin una receta, sino también de modificar por cuenta propia un tratamiento indicado por un profesional.

“Tomar un medicamento tiene que cumplir ciertas características, ciertos criterios para que uno lo pueda considerar como automedicación. El primero, que no tenga alguna prescripción de un médico o que no esté supervisado por alguien también facultado”, explicó.

En ese sentido, mencionó que el consumo de un analgésico como el ibuprofeno sin supervisión profesional puede encuadrarse dentro de esta práctica. También ocurre cuando una persona prolonga un tratamiento más de lo indicado, lo interrumpe antes de tiempo o modifica las dosis sin consultar.

El estudiante señaló que la falta de una definición unificada representa una dificultad para analizar la magnitud del problema a escala global. Los estudios revisados mostraron cifras de automedicación que van desde aproximadamente el 8% hasta valores cercanos al 100%.

Sin embargo, aclaró que esos porcentajes no son directamente comparables, ya que las investigaciones no utilizan necesariamente los mismos criterios para definir la práctica. “No podés comparar algo que tiene definiciones diferentes, y eso es como una limitación del estudio”, sostuvo.

Los riesgos de consumir medicamentos sin supervisión

Márquez advirtió que la automedicación puede provocar consecuencias que van desde complicaciones vinculadas con el medicamento utilizado hasta daños en distintos órganos, especialmente cuando los tratamientos se prolongan sin control.

Entre los riesgos mencionó posibles efectos cardiovasculares y renales, que dependen del fármaco, la dosis, el tiempo de consumo y las características de cada persona.

El estudiante de Medicina Lucas Márquez brindó detalles de su investigación sobre automedicación en La Segunda Mañana.

Además, alertó sobre la posibilidad de que los medicamentos oculten síntomas de enfermedades que requieren atención médica. En esos casos, el alivio momentáneo puede generar una falsa sensación de mejoría y retrasar el diagnóstico.

Una persona puede considerar que tiene una molestia menor y consumir un medicamento para aliviarla, cuando en realidad ese síntoma podría estar relacionado con un cuadro que necesita evaluación profesional. Por eso, el estudiante remarcó la importancia de no minimizar las señales que presenta el organismo ni prolongar tratamientos por cuenta propia.

La resistencia a los antibióticos, un riesgo para toda la población

La investigación también puso el foco en las consecuencias colectivas de la automedicación, especialmente cuando involucra antibióticos.

Márquez explicó que el uso inadecuado de estos medicamentos contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana. Esto significa que ciertas bacterias pueden volverse resistentes a los fármacos que antes permitían combatirlas, lo que dificulta el tratamiento de infecciones. “Puede tener consecuencias tanto individuales como para la comunidad”, resumió.

El problema excede a quien consume el medicamento sin indicación, porque la propagación de bacterias resistentes reduce la efectividad de tratamientos disponibles para otras personas. En consecuencia, el uso responsable de antibióticos y el cumplimiento de las indicaciones profesionales son fundamentales para preservar su eficacia.

Por qué las personas se automedican

Según el análisis de Márquez, la automedicación no responde a una única causa. Se trata de una conducta en la que intervienen factores individuales, culturales, económicos y vinculados con el funcionamiento del sistema sanitario.

Entre los motivos individuales, identificó la familiaridad con determinados medicamentos y la experiencia previa con síntomas similares. Muchas personas recurren a remedios que ya tienen en sus casas porque consideran que conocen el problema y saben cómo resolverlo.

“El acceso a la información es tan fácil hoy en día. Por ejemplo, la inteligencia artificial: uno puede entrar y preguntarle sobre un medicamento y al toque tiene información, o la publicidad que ve en la tele”, señaló.

A esto se suman las dificultades para acceder a consultas médicas, las distancias hasta los centros de salud, las demoras para conseguir turnos y las experiencias insatisfactorias de atención. El ahorro de tiempo también puede influir, especialmente entre quienes trabajan o estudian y buscan una solución rápida para continuar con sus actividades.

“No depende únicamente de algo cultural, sino que es un entrelazado de lo cultural, lo social, lo individual y toda la parte del sistema sanitario también”, advirtió.

Otro factor es la facilidad para acceder a información sobre medicamentos a través de internet, la publicidad y herramientas de inteligencia artificial. Márquez señaló que esa disponibilidad puede favorecer decisiones sin una evaluación adecuada de los riesgos y de las causas de los síntomas.

Automedicación para jugar al fútbol o dormir

Durante la entrevista, Márquez abordó situaciones cotidianas en las que algunas personas recurren a medicamentos para no interrumpir sus actividades, como tomar analgésicos para jugar un partido de fútbol pese a sentir dolor o consumir pastillas para dormir.

En el primer caso, explicó que aliviar una molestia no necesariamente significa que el problema de fondo haya desaparecido. Una persona podría continuar jugando mientras empeora una lesión y terminar con una complicación que afecte su recuperación y su actividad física posterior.

En cuanto a los medicamentos para dormir, señaló que también requieren una evaluación profesional, ya que detrás de la dificultad para conciliar el sueño puede existir una causa que necesita ser identificada.

El estudiante aclaró que existe un concepto de automedicación responsable, pero remarcó que debe estar acompañado de información adecuada sobre los medicamentos, sus dosis, los tiempos de administración y las señales de alarma que requieren una consulta médica.

La automedicación en niños requiere especial atención

Otro de los aspectos que surgieron del análisis fue la presencia de niveles elevados de automedicación en la población infantil en algunos de los estudios revisados.

Márquez explicó que, en estos casos, la decisión suele depender de los padres o de las personas responsables del cuidado de los niños, por lo que la información que tengan sobre los medicamentos resulta determinante.

“Muchas veces los cuidadores no tienen la información que se debe respecto a eso”, advirtió al referirse a las dosis y los tiempos de administración.

El estudiante sostuvo que antes de suministrar medicamentos a un niño es necesario evaluar qué le sucede y contar con indicaciones adecuadas sobre qué producto utilizar, en qué cantidad y durante cuánto tiempo. Las dosis y los intervalos de administración deben respetarse de acuerdo con la edad, el peso, el medicamento y la indicación profesional.

La recomendación es evitar trasladar automáticamente a los niños tratamientos que funcionaron en adultos o en otros episodios, ya que las necesidades y los riesgos pueden ser diferentes.

Márquez explicó que su trabajo se encuentra en proceso de correcciones y que espera que sea publicado en las próximas semanas, posiblemente en la revista Medicina Argentina.

La investigación busca aportar información sobre una práctica que presenta diferencias importantes entre países y regiones, y que está condicionada tanto por las decisiones individuales como por el acceso a los servicios de salud.

La entrevista completa

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