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Cristina llegó al VMOS sin experiencia y aprendió un oficio: “Estoy feliz porque puedo ayudar a mi familia”

Tiene 40 años y hasta hace tres meses nunca había trabajado en una obra ni en una empresa. Hoy monta techos, arma estructuras y trabaja con vigas, planchas, pernos y tornillos en uno de los grandes proyectos energéticos de Río Negro. Su historia refleja el impacto que busca generar la Ley 80/20.

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Miércoles, 07 de octubre de 2026 a las 09:12
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1. Del primer trabajo en una empresa a un nuevo oficio: “Estoy feliz”, cuenta Cristina desde el VMOS

Cristina Torres es de Sierra Grande y hace tres meses se incorporó al proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), donde descubrió un oficio que nunca había imaginado: trabaja en el montaje de techos. Nunca había trabajado en una obra ni en una empresa y hoy identifica vigas, planchas y discos por su numeración, arma estructuras y une cada pieza con pernos y tornillos. La oportunidad llegó de la mano de una de las principales inversiones energéticas que atraviesan Río Negro.

Hasta hace poco, todo ese mundo le resultaba completamente ajeno. No sabía cómo se organizaba una obra ni tenía experiencia en el montaje de estructuras. Pero empezó a aprender sobre la marcha y encontró algo que no esperaba: una tarea que le gusta. “Es algo nuevo, me interesa, me gusta lo que hago”, cuenta Cristina, mientras describe un trabajo que terminó convirtiéndose en una experiencia mucho más importante que aprender un oficio.

Porque detrás de las vigas y los techos hay otra cuestión que para ella tiene un peso enorme: consiguió un empleo registrado. Durante mucho tiempo buscó un trabajo “en blanco” que le permitiera tener aportes y pensar en una jubilación. Incluso tuvo la posibilidad de desempeñarse en tareas de maestranza, pero eligió quedarse donde había encontrado su lugar: arriba de la estructura, aprendiendo cada día algo nuevo.

Y ahí aparece una de las caras menos visibles de las grandes obras energéticas. Mientras las inversiones millonarias suelen medirse en kilómetros de caños, infraestructura, producción y dólares, para quienes viven en las localidades rionegrinas el impacto también puede medirse de otra manera: en un sueldo a fin de mes, en aportes jubilatorios y en la posibilidad de ayudar a la familia.

Cristina lo explica desde su propia experiencia. Al principio le costaba creer que semejante movimiento de capital pudiera traducirse efectivamente en oportunidades para vecinos de Sierra Grande. Conocía las necesidades de su comunidad y sabía que muchas veces los grandes anuncios quedan lejos de la vida cotidiana. Esta vez, sin embargo, le tocó ser protagonista. “Estoy feliz porque aparte de ayudarme a mí, puedo ayudar a mi familia”, afirma.

El caso forma parte del objetivo que Río Negro se planteó frente al desarrollo de sus proyectos energéticos. La llamada Ley 80/20 establece que al menos ocho de cada diez trabajadores afectados a las obras estratégicas deben ser rionegrinos. La Secretaría de Trabajo provincial tiene a su cargo la fiscalización de ese cumplimiento y el acompañamiento tanto a las empresas como a los trabajadores.

Para Cristina, toda esa discusión tiene una traducción mucho más sencilla. Hace apenas tres meses no había trabajado nunca en una obra. Hoy conoce materiales, herramientas y estructuras; aprendió un oficio desde cero y tiene un empleo registrado. Y, sobre todo, encontró algo que tampoco estaba en sus planes: un lugar desde donde volver a proyectar su futuro y el de su familia.

 

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