La muerte de siete ballenas en menos de una semana en Península Valdés encendió las alarmas y puso bajo sospecha a la marea roja. Mientras los científicos buscan determinar si las toxinas marinas están detrás de la mortandad, en Río Negro surge una pregunta inquietante: ¿puede el fenómeno convertirse en una amenaza para las ballenas del Golfo San Matías?
La preocupación tiene fundamentos, pero también una incógnita que todavía nadie puede despejar. Mientras en Chubut intentan determinar qué está matando a ejemplares adultos y juveniles de ballena franca austral, en la costa rionegrina ya hubo una alerta sanitaria por marea roja. No hay pruebas de que ambos episodios estén conectados ni de que una floración tóxica avance hacia el Golfo de San Matías, pero los antecedentes obligan a mirar de cerca lo que ocurre en el mar.
El escenario más alarmante está en Península Valdés. Después de varios meses en los que la atención estuvo puesta en la muerte inusual de ballenatos, la aparición de siete ejemplares adultos y juveniles sin vida en apenas unos días modificó el panorama. Los cuerpos fueron encontrados en distintos sectores de Puerto Madryn y encendieron nuevas preguntas entre los investigadores, que ahora buscan determinar si las ballenas murieron después de ingerir toxinas producidas por determinadas microalgas.
La hipótesis de la marea roja no surgió de la nada. En 2022, una floración algal nociva coincidió con la muerte de 30 ballenas en los golfos de Chubut. Ahora, los especialistas analizan muestras de los animales fallecidos y de su contenido estomacal para establecer si existe una relación entre las muertes recientes y la presencia de biotoxinas. Los resultados todavía no son concluyentes y los investigadores advierten que no todas las muertes de esta temporada necesariamente tienen la misma causa.
En el caso de las crías, la investigación apunta por otra vía. En muestras de ballenatos se detectó la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, vinculada con cuadros infecciosos graves. La presencia de este microorganismo forma parte de una línea de estudio diferente de la que se sigue para los ejemplares adultos. La mortandad de ballenas en Chubut, por lo tanto, no puede explicarse todavía con una sola causa, y la posibilidad de que intervengan factores ambientales continúa bajo análisis.
¿Qué pasa en el Golfo San Matías?
En Río Negro, entretanto, existe un antecedente que impide considerar el problema como algo lejano. El 8 de septiembre, el Gobierno provincial dispuso una veda preventiva para la extracción, recolección, comercialización y consumo de moluscos bivalvos en el Área Natural Protegida Pozo Salado. Los análisis de mejillones recogidos en Punta Mejillón detectaron niveles de toxina paralizante superiores a los permitidos para el consumo humano. Fue una señal concreta de que las biotoxinas también pueden representar un riesgo en sectores de la costa rionegrina.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental: detectar toxinas en moluscos no demuestra que las ballenas del Golfo San Matías estén expuestas a la misma sustancia ni que puedan sufrir una mortandad como la registrada en Puerto Madryn. Para establecerlo se necesitan estudios específicos sobre el agua, las microalgas, la cadena alimentaria y la salud de los cetáceos. La presencia de especies potencialmente tóxicas tampoco significa, por sí sola, que exista una floración nociva activa.
El Golfo San Matías cuenta con campañas de monitoreo de cetáceos impulsadas por la Provincia, pero la pregunta que queda abierta es si los controles ambientales actuales permiten detectar a tiempo una eventual floración algal nociva capaz de afectar a la fauna marina. Por ahora, no hay confirmación de que el episodio de Chubut se esté trasladando hacia las aguas rionegrinas ni una advertencia oficial que anticipe una mortandad de ballenas en el golfo.
La incógnita es importante para una región en la que las ballenas forman parte del patrimonio natural y del atractivo turístico. Si las investigaciones en Chubut confirman la presencia de biotoxinas en los ejemplares muertos, será necesario conocer dónde se originaron, qué condiciones favorecieron su aparición y si existen señales similares en otros sectores del litoral patagónico. Esa información permitiría evaluar riesgos reales, en lugar de alimentar temores sin respaldo científico.
Por ahora, la situación exige vigilancia y respuestas, no conclusiones apresuradas. Península Valdés enfrenta una temporada de mortandad inusual, con causas todavía bajo investigación; Río Negro, por su parte, ya tuvo que aplicar una veda sanitaria por toxinas en moluscos.