El problema de la basura que durante años se acumuló a cielo abierto en el Alto Valle Oeste tiene ahora una cuenta en euros: Alberto Weretilneck firmó en París un crédito de 35 millones de euros con la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) para cambiar el sistema de residuos de Cipolletti, Allen, Fernández Oro, Cinco Saltos, Campo Grande y Contralmirante Cordero, con el objetivo de cerrar seis basurales, construir nueva infraestructura y recuperar ambientalmente 62 hectáreas.
Pero detrás del anuncio realizado durante la Argentina Week hay bastante más que una cifra millonaria. El proyecto GIRSU Alto Valle busca reemplazar el actual esquema, donde cada localidad resuelve como puede el destino de sus residuos, por un sistema regional en el que las seis ciudades compartan infraestructura, tratamiento y disposición final.
El plan contempla tres estaciones de transferencia, que estarán ubicadas en Campo Grande, Contralmirante Cordero y Fernández Oro. Allí se concentrarán los residuos para trasladarlos dentro del nuevo circuito regional. A la vez, se levantarán tres plantas de clasificación y pretratamiento en Cinco Saltos, Cipolletti y Allen. También está previsto un sitio de estabilización y disposición final, cuya localización deberá determinarse a partir de los estudios correspondientes.
En ese mapa, Cipolletti tendrá un papel central. El proyecto contempla construir allí el Complejo Socio Ambiental sobre el predio donde actualmente funciona el basural. No será simplemente un lugar para tirar basura con otro nombre: el diseño incluye tratamiento de residuos, capacitación, investigación, coordinación regional y un espacio de sensibilización ambiental.
El cambio también apunta directamente al paisaje que durante años dejaron los basurales. El programa fija como meta recuperar 62 hectáreas mediante restauración con vegetación nativa, además de reducir los impactos sobre el agua y disminuir al menos un 70% la presencia de aves carroñeras asociadas a los residuos a cielo abierto, dos años después del cierre de los sitios.
Además, el nuevo sistema incorpora una tecnología de tratamiento destinada a higienizar y estabilizar los residuos mediante un proceso térmico aeróbico sin incineración. La expectativa oficial es reducir el volumen de material que finalmente llegará a disposición final y aumentar la recuperación de materiales que puedan volver al circuito productivo. El proyecto también fija una meta ambiental de 35.000 toneladas menos de gases de efecto invernadero por año.
Pero hay otra parte de esta historia que no aparece a simple vista cuando se habla de los millones conseguidos en París. En los basurales hay personas que viven de la recuperación informal de materiales.
El relevamiento realizado por Provincia y los municipios registró más de 200 recuperadores urbanos en las seis localidades. El programa prevé acompañarlos con capacitación, alternativas de empleo formal, cooperativas, PyMEs y otras actividades vinculadas con el reciclaje y la economía circular.
¿Para qué servirán los 35 millones de euros?
Ahora bien, los 35 millones de euros no son una inversión francesa a fondo perdido. Es un crédito de la Agencia Francesa de Desarrollo. Río Negro fue autorizado a endeudarse por ese monto, más intereses, comisiones y otros gastos asociados. Las condiciones contemplan 60 meses de gracia para el capital y luego 14 cuotas semestrales iguales y consecutivas.
De ese dinero, €25,3 millones irán al componente ambiental, mientras que €1,4 millones estarán destinados a acciones sociales y educativas y otros €1,3 millones al fortalecimiento de la gobernanza del sistema. Los €7 millones restantes quedarán destinados a contingencias. En números redondos, casi tres cuartas partes del financiamiento estarán directamente vinculadas con las obras y acciones ambientales.
Río Negro comenzó a trabajar con la Agencia Francesa de Desarrollo en 2024, reformuló el proyecto durante 2025, firmó una carta de intención en abril de este año y en junio se informó la aprobación del crédito. La firma realizada ahora formaliza el financiamiento y abre la etapa de implementación.
El desafío, desde ahora, será bastante menos glamoroso que una firma en París: convertir los euros en máquinas, plantas, camiones, tratamiento y basurales cerrados. Y, sobre todo, lograr que seis ciudades que durante años manejaron sus residuos de manera fragmentada puedan funcionar como una sola región. Ahí estará la verdadera prueba del proyecto.