Después de su actuación con la Selección argentina en el Mundial, Lisandro Martínez regresó a su ciudad natal, Gualeguay, para pasar unos días con su esposa, Muriel López Benítez, y su hija Aurora. Durante este tiempo, Muriel compartió un video que rápidamente se viralizó, donde se ve al defensor del Manchester United barriendo la puerta de una casa mientras disfruta del momento con su hija.
La participación masculina en la crianza
El video generó una ola de elogios hacia Martínez por su compromiso como padre, lo que motivó a su esposa a reflexionar sobre la percepción social de la participación masculina en la crianza. Muriel López Benítez explicó que, aunque valora el compromiso de su marido, le preocupa que acciones cotidianas como estas se presenten como algo fuera de lo común.
En una conversación que compartió públicamente, Muriel mostró un mensaje de una amiga que decía: “Todos en las redes: ‘Ay, Licha, Licha con la nena y la escoba’. Pobre la madre, vomitada, 15 horas sin pegar un ojo”. A partir de esto, ella afirmó: “Aprovecho esta conversación entre amigos para decir algo que siempre he pensado: dejemos de romantizar a un padre por el simple hecho de cumplir con su rol y hacer lo que le corresponde”.
La modelo aclaró que su crítica no estaba dirigida hacia Lisandro, sino hacia la forma desigual en que se valoran las tareas de cuidado según el género. Destacó que “Licha es un padrazo porque se preparó para esto, porque lo deseaba, porque entendió la responsabilidad que implica ser papá y porque asumió el papel que le toca desempeñar”.
Muriel pidió que la participación de los hombres en la crianza sea vista como algo habitual y no como una excepción. “Mejor normalicemos que estar presente, cuidar, criar, involucrarse y responsabilizarse también es parte de ser padre”, sostuvo. Además, enfatizó que estas acciones no deberían considerarse méritos adicionales, sino responsabilidades inherentes a la llegada de un hijo, planificada o no.
Finalmente, la esposa del defensor concluyó que el compromiso paternal puede y debe ser reconocido, pero sin que parezca una conducta extraordinaria: “Claro que se valora y se reconoce, pero no debería parecernos extraordinario que un papá ejerza su paternidad”.