La leyenda del fútbol Lionel Messi, que con 38 años acaba de hacer un triplete en el primer partido con la Selección Argentina en el Mundial 2026, no solo brilló por su talento, sino también por superar un serio obstáculo físico durante su infancia: un déficit de la hormona del crecimiento. A los diez años, cuando ya mostraba potencial en Newell's Old Boys, fue derivado al endocrino argentino Diego Schwarzstein porque su altura estaba por debajo del promedio, midiendo apenas 1,25 metros.
El diagnóstico confirmó un déficit en la hormona del crecimiento, un trastorno poco común que afecta aproximadamente a uno de cada 10.000 nacidos. Esta hormona, producida por la hipófisis en el cerebro, es crucial para el desarrollo en estatura y el crecimiento muscular. Sin tratamiento, un joven deportista con esta condición enfrenta dificultades para alcanzar un desarrollo físico óptimo y un mayor riesgo de lesiones.
Lio Messi: las lesiones, su estatura y la hormona de crecimiento
A los once años, Messi medía 1,32 metros, una altura habitual para un niño dos años menor. Por eso, comenzó un tratamiento con inyecciones subcutáneas de hormona del crecimiento, que se extendió por al menos tres años. En sus primeros meses, sus padres le aplicaban las inyecciones, luego él mismo aprendió a hacerlo, lo que le permitió complementar su déficit hormonal.
La crisis económica argentina de 2001 complicó que su familia pudiera pagar el costoso tratamiento. Newell's Old Boys no tenía los recursos y River Plate rechazó colaborar sin obtener el pase del jugador. Fue entonces cuando surgió la oportunidad de trasladarse a Barcelona, club que lo fichó a los 13 años con 1,48 metros, por debajo del mínimo requerido, pero bajo la condición de que continuara el tratamiento.
Su endocrino en Argentina ha señalado que sin la hormona del crecimiento, Messi no habría superado los 1,55 metros, mientras que actualmente mide 1,70 metros. El seguimiento médico riguroso se mantuvo hasta que sus niveles hormonales se normalizaron, aunque en algunos casos el tratamiento debe continuarse incluso de por vida.
La hormona del crecimiento ha sido objeto de controversia en el deporte por su vinculación con casos de dopaje. Sin embargo, en el caso de Messi y otros niños con trastornos hormonales, el uso está plenamente justificado y supervisado médicamente para tratar un problema real, no para mejorar el rendimiento deportivo de manera ilícita.
El caso de Messi pone en evidencia la importancia de un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado para este trastorno, que no es aplicable a todos los niños con baja estatura. Un endocrino es el profesional indicado para evaluar y determinar la necesidad de medicación, tras un seguimiento exhaustivo de la velocidad de crecimiento y maduración ósea.
Además, la historia de Messi inspira a muchos niños que enfrentan dificultades similares, recordando que detrás de cada talento hay una lucha personal y médica que muchas veces pasa desapercibida. Su carrera demuestra que el apoyo médico y familiar puede marcar la diferencia en el desarrollo deportivo y personal.
El seguimiento médico y el cuidado en el tratamiento
El tratamiento con hormona del crecimiento requiere un control constante para verificar la normalización de los niveles hormonales y evaluar la respuesta al medicamento. En casos donde el déficit es total, el suministro puede extenderse hasta la adultez para mantener funciones fisiológicas esenciales.
Este cuidado profesional diferencia el uso legítimo de la hormona en niños con déficit de aquellos usos indebidos en el deporte profesional. Messi es un ejemplo visible de cómo la medicina puede ayudar a superar un obstáculo físico sin afectar la transparencia ni la ética deportiva.