Hay artistas que llenan estadios con sus recitales. Bonnie Tyler, sin proponérselo, también lo hizo. Solo que en Argentina el escenario no fue un teatro ni un festival, sino una cancha de fútbol. La muerte de la cantante galesa, a los 75 años, provocó tristeza en el mundo de la música. Dueña de una voz áspera e inconfundible, dejó clásicos eternos como Total Eclipse of the Heart y Holding Out for a Hero.
Pero para millones de argentinos hay otra canción que la convirtió, casi sin saberlo, en parte del folclore futbolero. Se trata de "It's a Heartache", el éxito publicado en 1977 que, pocos años después, encontró una segunda vida en las tribunas del fútbol argentino.
Porque apenas suenan esas primeras notas en la memoria colectiva, ya nadie piensa en una balada de amor. Lo que aparece es otro estribillo, mucho más feroz. "Jugadores, la c... de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie."
No existe futbolista que quiera escuchar ese canto. Es la señal inequívoca de que la paciencia de la tribuna se terminó. Que el equipo no encuentra respuestas, que falta actitud o que el resultado obliga a reaccionar. Es un ultimátum musical que atraviesa generaciones.
De los parlantes a los tablones
Como sucede con muchas canciones de cancha, es casi imposible establecer el momento exacto en que una hinchada tomó prestada la melodía de Bonnie Tyler. Lo cierto es que durante la década del 80, cuando el pop dominaba las radios, las tribunas argentinas empezaron a apropiarse de éxitos internacionales y convertirlos en himnos futboleros.
Apenas suenan esas primeras notas en la memoria colectiva, ya nadie piensa en la balada de amor cantada por Bonnie Tylor. Lo que aparece es otro estribillo, mucho más feroz. "Jugadores, la c... de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie."
No importa si se juega en la Bombonera, el Monumental, el Gigante de Arroyito, el Amalfitani, la cancha de Cipolletti o cualquier estadio del país. Cuando el equipo no responde, la melodía vuelve a aparecer como un reflejo automático.
Bonnie Tyler jamás imaginó que una composición escrita por Ronnie Scott y Steve Wolfe terminaría transformándose en un símbolo del fútbol argentino. La letra original hablaba de un corazón roto. En estas tierras, en cambio, la melodía pasó a representar el enojo, la bronca y el pedido desesperado de compromiso del hincha hacia sus jugadores.
Su voz seguirá sonando en las plataformas de música y en las radios de clásicos. Pero también seguirá viva en las tribunas. Detrás de ese cántico que ningún futbolista quiere escuchar, seguirá latiendo, aunque muchos no lo sepan, la inconfundible voz de Bonnie Tyler.