Un equipo de psicólogos estudió las reacciones de 28 caballos, a los que mostraban fotos que contraponían expresiones humanas positivas y negativas.
Ante las caras enojadas, los animales -que no habían recibido adiestramiento previo –movían la cabeza para mirar la imagen con sus ojos izquierdos, un rasgo asociado a la percepción de los estímulos negativos, dada la especialización del hemisferio cerebral derecho en el procesamiento de amenazas (la información proveniente del ojo izquierdo se dirige al lado derecho del cerebro). También se aceleraba su ritmo cardíaco y mostraban comportamientos ligados al estrés.
El estudio publicado en la revista científica Biology Letters, concluye que ésta respuesta indica que los caballos comprenden el significado de los rostros airados cuando los ven, algo que no había sido detectado hasta ahora en sus interacciones con humanos. Se comprobó entonces, que reaccionan mucho más a las expresiones negativas que a las positivas. Esto podría deberse a la importancia de reconocer amenazas.
Por ser animales sociales, aprendieron a identificar y comunicarse con sus pares y con humanos, con los que conviven desde hace miles de años. No solo interpretan la expresión de la cara, sino que la integran con el tono de voz, tanto si ya conocen a esa persona como si no. Son capaces de relacionar una cara con expresión amigable a un tono de voz tranquilo, o una cara enojada con gruñidos o gritos.
Ante estímulos negativos, como puede ser una cara de enfado, se acelera su ritmo cardíaco y se muestran inquietos con claros signos de estrés. Esta especialización del cerebro les permite anticiparse a situaciones negativas.
En estado salvaje, los caballos suelen vivir en grupos liderados por una yegua y como pueden ser presas de otros animales, desarrollaron un lenguaje propio para poder comunicarse. La principal manera de hacerlo es a través del contacto visual. También pueden interpretar el lenguaje corporal de sus compañeros, la posición de sus orejas, cabeza, patas y cuerpo en general. La comunicación auditiva también es muy importante.
Los caballos relinchan, resollan, rugen y hacen una serie de sonidos guturales, para transmitir distintas sensaciones: comunicar su ubicación al resto del grupo, advertir a otro de un peligro, darle la bienvenida a un individuo, transmitir afecto o felicidad como señal de cortejo para encontrar a las crías.