El sonido profundo del bombo legüero tiene una historia que trasciende la música. Es parte de la identidad cultural de Santiago del Estero y, con el paso del tiempo, se convirtió también en una invitación a encontrarse, compartir las raíces y hacer de la calle un escenario para la expresión popular.
Con ese espíritu nació en Santiago del Estero la Marcha de los Bombos, una iniciativa impulsada por Froilán González y Teresa (Tere) Castronuovo que encontró en el bombo legüero un símbolo de pertenencia y una herramienta para convocar al pueblo. La propuesta fue creciendo y extendiéndose a distintos puntos del país, llevando el pulso de la cultura santiagueña a otras provincias y acercando generaciones alrededor de una misma tradición.
La Marcha propone mucho más que una manifestación musical: convierte el espacio público en un lugar de encuentro donde los bombos, las guitarras, las chacareras y las voces populares expresan una identidad compartida. No hace falta ser músico para participar; alcanza con sumarse al ritmo colectivo y reconocer en esas expresiones una parte de la historia cultural argentina.
Neuquén fue escenario de esa celebración con una nueva edición de la Marcha de los Bombos y las actividades que la acompañaron. En la antesala del encuentro, la peña La Encendida de los Bombos, realizada el sábado 24 de octubre en la sede de AFUVEN, reunió a músicos y amantes del folklore en una noche de chacareras, baile y tradición.
Entre los protagonistas estuvieron Claudio y Gabriel Acosta, músicos llegados desde Santiago del Estero que compartieron su repertorio y la esencia de su tierra. Padre e hijo, unidos también por la música, encontraron en esta visita la oportunidad de llevar la chacarera santiagueña hasta la Patagonia y acercar al público neuquino a una tradición que se sostiene en el encuentro y la transmisión de saberes.
Durante la entrevista, los artistas destacaron el crecimiento de la Marcha de los Bombos y el valor de una propuesta que convoca a personas de diferentes edades y lugares. También remarcaron la importancia del bombo legüero como símbolo de la cultura santiagueña y como parte de un legado que permanece vivo cuando se comparte.
Para los Acosta, llevar su música a otros escenarios significa mantener presente la herencia de sus mayores y demostrar que el folklore sigue encontrando nuevas formas de llegar a la gente. Las chacareras, los instrumentos y el baile se convierten así en vehículos para transmitir costumbres, historias y sentimientos que forman parte de la identidad de un pueblo.
La llegada de esta expresión cultural a Neuquén también pone en evidencia el valor del intercambio entre regiones. En una provincia con sus propias tradiciones, músicas e historias, el encuentro con la cultura santiagueña abre un espacio para reconocer la diversidad que conforma la identidad argentina.
Porque el folklore no vive solamente en los escenarios ni en las celebraciones tradicionales. Vive en las familias que transmiten sus canciones, en quienes aprenden a tocar un instrumento, en los bailarines que siguen el ritmo y en cada comunidad que decide mantener vivas sus raíces.
Cuando el bombo legüero comienza a sonar y la chacarera invita a bailar, la tradición deja de ser solamente un recuerdo del pasado: se vuelve presente, encuentro y cultura en movimiento. Y desde Santiago del Estero hasta Neuquén, ese pulso sigue convocando a un país que encuentra en su música popular una manera de reconocerse y contar su propia historia