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Chaquetas amarillas: por qué aumentan su presencia en otoño y qué riesgo implican

Una especialista del Ministerio de Salud explicó por qué estos insectos se vuelven más visibles en esta época y qué hacer ante una picadura. 

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Las colonias crecen hacia el otoño y buscan alimento cerca de las personas, especialmente en zonas de bosque y actividades al aire libre.

La muerte de un hombre en una zona rural de Loncopué generó preocupación por las chaquetas amarillas en la zona cordillerana de la provincia de Neuquén. El ataque ocurrió mientras realizaba tareas con leña y activó una reacción alérgica grave que derivó en un desenlace fatal.

En ese contexto, la bióloga Irene Roccia, referente del laboratorio de zoonosis y vectores del Ministerio de Salud, brindó precisiones sobre el comportamiento de estos insectos en diálogo con Entretiempo por AM550. Explicó que se trata de una especie introducida que logró expandirse en toda la Patagonia por su capacidad de adaptación y la falta de depredadores naturales.

 

Las avispas aumentan su actividad con el frío

Roccia indicó que, a diferencia de lo que muchas personas creen, en otoño las chaquetas amarillas intensifican su movimiento. “En esta etapa la colonia es grande, pero el alimento empieza a escasear. Entonces salen más a buscarlo”, detalló.

La especialista señaló que las obreras deben alimentar a otras integrantes de la colonia, lo que incrementa su presencia en espacios donde hay comida. Por eso se acercan a zonas donde hay personas, especialmente durante actividades al aire libre.

También aclaró que no buscan atacar a las personas. Se sienten atraídas por restos de alimentos, en especial carne u otros insectos. Esa conducta explica por qué aparecen en reuniones o espacios recreativos.

Cuando pican liberan feromonas que alertan a las otras integrantes de la colmena.

La bióloga remarcó que las picaduras suelen producirse cuando alguien interfiere sin saberlo con un nido. Estos pueden estar bajo tierra, en árboles o incluso en estructuras urbanas como techos o paredes.

“Cuando se sienten amenazadas, reaccionan en grupo. Liberan señales químicas que atraen a otras y eso puede generar múltiples picaduras”, explicó.

Además, detalló que cuentan con un aguijón liso que les permite picar varias veces. Esto marca una diferencia con las abejas y aumenta el riesgo en situaciones de contacto masivo.

 

Las reacciones alérgicas generan los cuadros más graves

En la mayoría de los casos, las picaduras provocan dolor, enrojecimiento e hinchazón. Sin embargo, Roccia advirtió que el mayor peligro aparece en personas alérgicas. En esos casos puede desarrollarse un shock anafiláctico, una reacción rápida que afecta la respiración y la presión arterial. Este cuadro requiere atención médica inmediata.

El episodio registrado en Loncopué se vincula con este tipo de reacción. La víctima recibió múltiples picaduras tras perturbar accidentalmente un nido en una zona arbolada.

 

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