A veces las mejores ideas aparecen mucho antes de hacerse realidad. A Mónica Álvarez, una vecina de Villa La Angostura, le ocurrió mientras transitaba su maternidad cuando comenzó a imaginar una versión diferente de un clásico: un alfajor elaborado con harina de almendras y menos azúcar.
Tiempo después, la vida la enfrentó a uno de los momentos más difíciles que puede atravesar una madre: la pérdida de su hija Aurora. En medio del duelo, Mónica sintió la necesidad de buscar una actividad que le permitiera volver a enfocarse, ocupar la mente y salir adelante, ya que simultáneamente debía seguir adelante por su otra pequeña hija, Magui.
"Sentía que no podía quedarme de brazos cruzados", recuerda.
Fue entonces cuando aquella idea, que había quedado guardada durante sus primeros tiempos de maternidad, volvió a aparecer con fuerza.
La cocina como refugio
Lo que siguió fueron meses de ensayo, error y aprendizaje. La cocina se convirtió en un espacio de creación, pero también de contención. Familiares, amigos y vecinos participaron como degustadores improvisados, aportando sugerencias y opiniones para perfeccionar la receta.
"Cada comentario me ayudaba a mejorar", cuenta.
Así fue como poco a poco, los alfajores fueron tomando forma y la propuesta comenzó a encontrar identidad propia.
Del proyecto personal al emprendimiento local
Tras superar algunos obstáculos, llegó un paso clave: la habilitación para producir en la sala libre de gluten, en Villa La Angostura.
Con utensilios exclusivos y estrictos cuidados de elaboración, Mónica pudo ofrecer un producto apto para personas celíacas y comenzar a comercializarlo en distintos puntos de la localidad.
Así nació Almendra, una marca que no solo refleja una propuesta gastronómica diferente, sino también un recorrido profundamente personal.
Mucho más que un alfajor
Para Mónica, el verdadero valor del emprendimiento trasciende la venta de cada producto.
"Cocinar fue mi gran escape", asegura.
Además relata que detrás de cada preparación hay horas de dedicación, pero también una historia de resiliencia, amor y reconstrucción. Una forma de canalizar el dolor y transformar una experiencia profundamente difícil en algo capaz de generar bienestar.
Un proyecto con alma
Actualmente, Almendra sigue creciendo en Villa La Angostura. Sin embargo, su esencia permanece intacta: nació de una pasión por crear, pero también de la decisión de seguir adelante cuando todo parecía haberse detenido.
Porque detrás de cada alfajor hay una historia que habla de segundas oportunidades, de fortaleza y de una mamá que encontró en la cocina una manera de sanar.