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De la oficina al bosque patagónico: la historia de El Bocado

Facundo Milanessi dejó los bancos y una gerencia multinacional para empezar de cero en Villa La Angostura. Lo que nació como una golosina para sus hijos hoy está en más de 45 comercios de Neuquén, suma dos puntos de venta por semana y se consolidó como referente nacional de la garrapiñada artesanal.

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Martes, 06 de octubre de 2026 a las 22:16
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El 2 de noviembre de 2014, después de 1600 kilómetros de ruta desde Buenos Aires, la familia Milanessi llegó a Villa La Angostura. Ese mismo día, en plena primavera, una nevada inesperada cubrió el pueblo. Facundo lo leyó como una señal: habían elegido bien.

Con él venían Cecilia, su esposa y compañera desde hacía más de quince años, y sus tres hijos varones, que entonces tenían 4, 6 y 8 años. Atrás quedaban el tránsito, las oficinas y una carrera financiera que se había derrumbado dos veces. Por delante, un lago, un bosque y ningún plan cerrado.

 

Una carrera entre crisis

Facundo Milanessi se crió en La Matanza, estudió Comercio Internacional en la universidad del partido y fue el primer universitario de su familia. A los 18 años entró como pasante al Banco Hipotecario, donde años después tuvo su propia comercializadora de créditos hipotecarios, con sucursales en Morón y Ramos Mejía. La crisis de 2009 cortó los préstamos de un día para el otro, y por primera vez se quedó sin trabajo.

Volvió a empezar desde abajo en una consultora española de normas ISO: en cinco años llegó a ser gerente general, con despacho propio, secretaria y viajes a convenciones en Latinoamérica y Europa. En 2014 la casa matriz quebró en Europa y, en apenas 24 horas, todo eso desapareció. Ese día no había más sistema y nadie atendía el teléfono del otro lado del Atlántico.

"Con tres hijos y una estructura de gastos pensada para ingresos altos, la decisión fue rápida. Si había que arrancar otra vez, sería lejos de Buenos Aires y en un lugar donde vivir mejor", relata Facundo.

Del traje al delantal

Sus cuñados que vivían en Villa La Angostura les consiguieron las primeras entrevistas. El ex gerente se presentó para un puesto de heladero, sin ningún paso intermedio. No era un salto al vacío: había estudiado en el Instituto Argentino de Gastronomía, y los años en la consultora le habían dado formación en inocuidad alimentaria y gestión de procesos.

Milanessi todavía recuerda la heladería como una de las etapas más felices de su vida.

"Pero con tres chicos, las cuentas mandaban y ahí fue que pasé a trabajar en la única casa de cambio del pueblo", cuenta y agrega que ese mostrador lo hizo conocido entre vecinos y turistas.

En paralelo, empezó a dar clases de economía y finanzas personales en una escuela secundaria.

Una golosina de entrecasa

A fines de 2019, Facundo preparaba garrapiñadas de girasol, maní, almendras y nueces para sus hijos y para regalar a amigos. Un día subió una foto a su cuenta de Twitter, donde ya lo seguían miles de personas que lo conocían como "Mila". La respuesta fue inmediata: todos querían saber cómo comprarlas.

Su formación en calidad no le permitía mandarlas de cualquier manera, por eso averiguó y encontró la sala de elaboración comunitaria de la Municipalidad de Villa La Angostura, un espacio con cocinas separadas, controles de laboratorio y un bromatólogo a cargo. Ahí habilitó el producto a nivel local. Así nació El Bocado.

Cien paquetes en una hora

A fines de 2020, El Bocado obtuvo la habilitación nacional, que le abrió la puerta del mercado mayorista. Poco después se mudó a un local propio, con fábrica y una pequeña tienda.

"Cuando alguien imagina a un vendedor de garrapiñadas, piensa en un carrito en la plaza; el modelo de El Bocado siempre fue otro: elaboración controlada y venta a todo el país", cuenta Facundo.

La línea se amplió con snacks salados, 4 variedades con ingredientes representativos de la región, donde se destacan las almendras con merken y el maní con mostaza y miel . En 2020 Facundo cocinó en vivo en la feria Caminos y Sabores, en La Rural, en la misma grilla que Dolli Irigoyen y Osvaldo Gross. Al año siguiente, en el festival Sabores que Unen del Cerro Bayo, Germán Martitegui eligió sus almendras con merkén y Damián Betular, sus garrapiñadas de girasol, para los platos que presentaron.

"El episodio que mejor resume el fenómeno es el del pistacho. Antes de todo el furor, un amigo me insistió en que lo probara, y aunque me parecía demasiado caro para una garrapiñada consiguí cinco kilos y un sábado a la mañana me puso a cocinar. Mientras, Cecilia diseñaba la etiqueta, que imprimimos en casa, subimos el producto al catálogo de WhatsApp antes de almorzar y, una hora después, los cien paquetes estaban vendidos. La segunda tanda se agotó en once minutos, con lista de espera", relata Milanessi.

De la sala comunitaria a las góndolas

Hoy El Bocado vive su etapa de mayor expansión en puntos de venta. El hito más reciente fue llegar a todas las farmacias del grupo Global en Neuquén y alrededores: más de 45 locales donde sus garrapiñadas y snacks ya están al alcance de la mano.

Pero el crecimiento no se detiene ahí. La marca incorpora alrededor de dos puntos de venta nuevos por semana y mantiene su alcance en todo el país, el mismo que la vio nacer como fenómeno de las redes, con publicaciones de reconocidos influencers y figuras de los medios. Lo que empezó con envíos a seguidores de Twitter es ahora una red de comercialización que combina venta directa, mayoristas y góndolas físicas.

La temporada más dulce

El calendario de El Bocado tiene varias fechas marcadas como importantes, pero sin dudas la principal es el inicio de la temporada navideña, cuyo lanzamiento es el más esperado del año por clientes y comercios y habitualmente coincide con la participación en la feria BARILOCHE A LA CARTA en octubre.

"La Navidad es también la temporada que definió el lugar de la marca. En los últimos cinco años, las fiestas de fin de año le permitieron a El Bocado transformarse en el líder del mercado de garrapiñadas artesanales. Ahora, con más puntos de venta y nuevas alianzas, el desafío es sostener ese liderazgo en una escala mayor", explica su creador.

Casi doce años después de aquella nevada de primavera, la historia de los Milanessi sigue siendo la de una familia que eligió empezar de nuevo. Del escritorio bancario a la cocina, de quedarse sin trabajo dos veces a construir una marca propia. Y de una foto en Twitter a las góndolas de toda la Patagonia.

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