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Una familia argentina guarda una escultura atribuida a Miguel Ángel, cuyo valor supera los US$450 millones

De confirmarse su autenticidad, sería la obra de arte más valiosa de la historia argentina. La historia de la pequeña escultura está atravesada por persecuciones, exilios, una investigación judicial y un secreto que se mantiene hasta hoy.

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Viernes, 09 de octubre de 2026 a las 16:27
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La obra, conocida en Italia como Il Giovannino, representa a San Juan Bautista niño y mide 30,5 cm

La historia parece salida de una novela, pero tiene un escenario real: una familia argentina que conserva desde hace generaciones una pequeña escultura blanca atribuida a Miguel Ángel Buonarroti, uno de los artistas más importantes del Renacimiento. La pieza, de apenas 30,5 centímetros, podría alcanzar un valor de hasta US$450 millones si los estudios internacionales confirman su autenticidad.

La obra representa a San Juan Bautista niño, conocido en Italia como Il Giovannino, y es considerada una posible pieza perdida del artista que dio vida al David y la Piedad y pintó los frescos de la Capilla Sixtina. Sin embargo, detrás de su posible valor histórico y económico hay una trama de silencios familiares, sospechas de robo y una investigación judicial que, más de tres décadas después, vuelve a despertar interés.

En 1997, el director del Museo de Bellas Artes de La Plata, Ángel Nessi, sostuvo que la escultura correspondía al artista del Renacimiento Miguel Ángel - Foto: Wikipedia

Una escultura que podría cambiar la historia del arte argentino

La atribución de la obra a Miguel Ángel no es nueva. En 1997, Ángel Osvaldo Nessi, historiador del arte y entonces director del Museo de Bellas Artes de La Plata, sostuvo que la escultura correspondía al artista italiano. Su dictamen convirtió la pieza en noticia internacional.

Ahora, nuevos estudios que se realizan en la Universidad de Bolonia, en Italia, reavivaron las expectativas sobre su procedencia y autenticidad. La confirmación por parte de especialistas internacionales sería determinante para establecer su lugar dentro del patrimonio artístico mundial.

Por el momento, la atribución sigue pendiente de una validación definitiva. La cifra de hasta US$450 millones está vinculada a una eventual confirmación de su autoría y no constituye una tasación definitiva de la pieza.

Una historia familiar que atravesó generaciones

Según la reconstrucción difundida sobre su recorrido, la escultura habría llegado al Río de la Plata en el siglo XVIII y permanecido en manos de una misma familia desde aquel entonces.

A lo largo de las generaciones, la pieza quedó envuelta en una historia de persecuciones, exilios y disputas que contribuyeron a alimentar el misterio sobre su origen. En las últimas tres décadas, sus propietarios optaron por mantenerse alejados de la exposición pública y preservar su identidad.

Esa decisión también alcanzó a la ubicación de la escultura. Aunque su existencia volvió a instalarse en la agenda internacional, no se conoce públicamente dónde está guardada.

El operativo judicial que buscó una obra presuntamente robada

La historia tuvo un capítulo judicial en abril de 1995, cuando una denuncia de la Policía Federal Argentina (PFA) puso en marcha una investigación sobre la procedencia de la pieza.

La presentación, basada en información aportada por informantes, sostenía que enviados del Vaticano buscaban recuperar la escultura, que presuntamente había sido robada de la Capilla Sixtina unos cuatro siglos antes e ingresado de contrabando a la Argentina.

La causa quedó en manos del juez en lo Penal Económico Julio Cruciani, quien consultó al nuncio apostólico Calabresi en la Nunciatura Apostólica. El 3 de mayo de ese año, el magistrado participó de un operativo junto con efectivos de la PFA y agentes de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

Los procedimientos incluyeron allanamientos en la vivienda de la familia y en la de un vecino. Sin embargo, la escultura no fue encontrada.

Poco después, a pedido de la Fiscalía, el juez desestimó la denuncia por considerar que los hechos no constituían delito y la causa fue archivada. El episodio dejó una huella en la historia de la obra, pero no permitió despejar las dudas sobre su origen ni establecer públicamente su paradero.

El silencio como resguardo de un patrimonio enigmático

Después de aquel episodio judicial, la familia heredera eligió llamarse al silencio. Durante años, la escultura permaneció fuera del foco público, mientras su posible atribución a Miguel Ángel seguía siendo una incógnita.

Ahora, sus propietarios decidieron contar la historia bajo estricto anonimato, en un momento en que los nuevos estudios realizados en Italia vuelven a poner la pieza bajo la mirada de los especialistas y críticos de arte.

Si se confirma que salió de las manos del maestro florentino, la pequeña figura de San Juan Bautista niño podría convertirse en un hallazgo excepcional para la historia del arte. Pero hasta que las investigaciones permitan establecer su autenticidad, seguirá siendo una obra rodeada de preguntas: cómo llegó a la Argentina, qué ocurrió durante los siglos que permaneció en manos privadas y dónde se encuentra hoy.

Una escultura de apenas 30,5 centímetros concentra así una historia que atraviesa generaciones y fronteras. Su valor potencial despierta asombro, pero el verdadero desenlace dependerá de una respuesta que todavía está pendiente: si Miguel Ángel fue, efectivamente, su autor.

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