Federico Andahazi se convirtió en una de las voces más críticas respecto al impacto de la inteligencia artificial en la literatura tras revelar que un sistema de IA llamado Claude accedió sin permiso a la traducción al inglés de su novela El anatomista para entrenarse y replicar su estilo literario.
Durante una entrevista en Infobae a las Nueve, el autor explicó que su agente en Barcelona fue quien lo alertó sobre el hecho: “Anthropic, particularmente Claude, tenía la tarea de estudiar literatura. Solita entró a páginas piratas, se bajó de manera ilegal una cantidad de obras entre las cuales estaba El anatomista en inglés. Se entrenó con eso, ¿para qué? Obviamente para escribir”.
La era digital, la IA y los derechos de autor
Andahazi resumió con preocupación: “Una inteligencia artificial quiere ocupar mi lugar”. El caso forma parte de un debate más amplio sobre derechos de autor y la propiedad intelectual en la era digital, que ya ha impulsado demandas colectivas millonarias contra Anthropic, con figuras como Stephen King entre los demandantes.
El escritor calificó la situación como “impresionante” y destacó el carácter disruptivo de esta tecnología: “El propósito es sustituir a los escritores y poder escribir como lo haría un escritor”. Aunque reconoció la fascinación que generan estas herramientas, también alertó sobre sus limitaciones y la ausencia de profundidad en sus textos.
Sobre las capacidades de la inteligencia artificial para imitar estilos, Andahazi señaló: “La inteligencia artificial es tan inteligente o tan estúpida como lo es uno. La hace el interlocutor y puede escribir tan bien o tan mal como vos la entrenes o como ella se entrene”. Sin embargo, advirtió que “escribir es difícil y el estilo de cada escritor es la dificultad”.
En su experiencia como jurado de concursos literarios, detectó fácilmente los textos generados por IA, ya que “eran las únicas que estaban bien escritas” y presentaban ciertas características propias, como problemas en la estructura y métrica que delataban su origen artificial.
Andahazi afirmó que la inteligencia artificial “es una máquina de fingir” que puede emular ciertos estilos, pero carece de la mente, las emociones y la empatía humanas que dan vida a la literatura auténtica.
Consultado sobre la posibilidad de regular el uso de estas tecnologías, el autor fue tajante: “No hay nada que hacer. Lo que no hay que hacer, porque me parece que no tiene sentido, es regular, legislar. Son cosas que tienen una vida muy corta y que no sirven”.
En un momento de la entrevista, relató un diálogo con la IA: “Le planteo esto, le digo: ‘Me choreaste, te bajaste un libro sin pagar’. Me dice: ‘Yo, así como están las cosas, no te puedo restituir ese importe. Pero te puedo ayudar a redactar una demanda’”.
Para Andahazi, este fenómeno va más allá del daño económico: representa un cambio radical en la creación literaria y plantea desafíos inéditos para los escritores y la cultura. La posibilidad de que una IA pueda escribir “como Borges” es un ejemplo de los dilemas que están por venir.