En tiempos donde casi todo pasa por una pantalla, las figuritas del Mundial siguen resistiendo. No importa cuánto avance la tecnología, cuántas aplicaciones aparezcan o cuánto crezca el universo digital: abrir un paquete, encontrar una difícil o cambiar repetidas continúa despertando la misma emoción de hace décadas. Y para Claudio Destéfano, especialista en marketing deportivo y coleccionista apasionado, ahí está justamente el secreto.
“Las figuritas físicas funcionan y las digitales no”, resumió durante una entrevista en el programa Entretiempo por AM550. La frase, simple pero contundente, encierra una mirada mucho más profunda sobre el fenómeno cultural que vuelve a explotar con la llegada del Mundial 2026.
Este hombre lleva años estudiando el vínculo emocional que millones de personas construyen con las figuritas. Y su teoría rompe con varias ideas instaladas. “El símbolo del fútbol parece ser la camiseta, pero la camiseta la usan los jugadores. La pelota también se comparte. En cambio, la figurita es la relación personal que cada uno tiene con sus ídolos”, explicó.
Por eso, sostiene, nadie quiere desprenderse de una figurita de Messi aunque tenga varias repetidas. “Si tenés tres Bochini, no cambiás ninguno. Lo mismo pasa hoy con Messi. Sentís que es tuyo”, señaló.
Para Destéfano, el furor por coleccionar no tiene solamente que ver con el fútbol. También habla de vínculos, recuerdos y herencia emocional entre generaciones. “Las figuritas son una oportunidad enorme para conectar padres con hijos o abuelos con nietos”, contó. “Si juego a la Play con mi hijo, me gana 7 a 1. Pero con las figuritas yo tengo historias para contarle. Puedo decirle cuál era la difícil del 67, del 74 o del 78. Ahí aparece algo mucho más valioso”.
Ese costado afectivo fue justamente el que terminó convirtiendo una pasión personal en una enorme acción solidaria.
Durante el Mundial de Qatar 2022, mientras el país entero hacía filas eternas para conseguir paquetes de figuritas, Destéfano y una comunidad de empresarios comenzaron a preguntarse qué pasaba con los chicos que no podían acceder a un álbum. “Pensamos en los chicos que estaban mirando el Mundial desde un hogar o un comedor y nunca iban a tener una figurita de Messi o del Dibu Martínez”, recordó.
Así nació una campaña para recolectar repetidas y completar álbumes destinados a hogares de todo el país. Lo que empezó como una idea pequeña para ayudar a diez instituciones terminó explotando de una manera inesperada.
Destéfano habló con referentes de Panini, les contó el proyecto y la respuesta sorprendió incluso a los organizadores. “Nos dijeron: ‘Vengan con una camioneta’. Y nos dieron 320 mil figuritas”, relató.
Durante el Mundial de Qatar 2022, mientras el país entero hacía filas eternas para conseguir paquetes de figuritas, Destéfano y una comunidad de empresarios comenzaron a preguntarse qué pasaba con los chicos que no podían acceder a un álbum. “Pensamos en los chicos que estaban mirando el Mundial desde un hogar o un comedor y nunca iban a tener una figurita de Messi o del Dibu Martínez”, recordó.
La iniciativa terminó alcanzando a 170 hogares de distintos puntos de Argentina. Miles de chicos pudieron tener un álbum completo gracias a una pasión que dejó de ser solamente un juego.
Ahora, para el Mundial 2026, el proyecto irá todavía más lejos. Aunque todavía evita revelar detalles porque las reuniones finales se concretarán en las próximas horas, adelantó que el nuevo objetivo estará enfocado en hospitales públicos.
“Queremos vaciar la plaza de figuritas repetidas de Argentina para que los chicos internados tengan las figuritas de la Selección al lado de su cama y puedan vivir el Mundial como lo viven nuestros hijos”, explicó emocionado.
La idea apunta a transformar algo tan cotidiano como una figurita en una herramienta de compañía y alegría para chicos que atraviesan situaciones difíciles.
Destéfano también reconoce que el fenómeno cambió mucho respecto de otras épocas. Antes, completar un álbum llevaba años. Hoy muchos chicos compran cientos de paquetes en pocos días y existen aplicaciones que controlan faltantes o incluso mercados donde se venden álbumes completos. “Se profesionalizó todo. Ya es un negocio”, analizó.
Sin embargo, pese a los cambios de consumo, cree que la esencia sigue intacta. Porque detrás de cada repetida, cada intercambio y cada figurita difícil todavía sobrevive algo que ninguna tecnología pudo reemplazar: la emoción de compartir.
Y quizás por eso las figuritas siguen siendo mucho más que papel. Para muchos, continúan siendo una puerta directa a la infancia.