El entrenador de tenis Leonardo Lerda reflexiona sobre los cambios en la enseñanza y la relación con las nuevas generaciones de deportistas. La importancia de la comunicación, el aporte de las neurociencias y el valor del error son algunos de los ejes de una mirada que busca formar jugadores más autónomos, capaces de interpretar el juego y tomar decisiones dentro de la cancha.
El tenis, como otros deportes, atraviesa una transformación en sus métodos de enseñanza y entrenamiento. Ya no alcanza con repetir movimientos, corregir gestos técnicos y seguir las indicaciones del entrenador. Hoy, la formación de un jugador también requiere desarrollar su capacidad para observar, anticiparse, interpretar situaciones y resolverlas por sí mismo.
En ese cambio de paradigma, la comunicación entre entrenador y deportista adquiere un papel central. Leonardo Lerda analiza cómo las diferencias generacionales, los aportes de las neurociencias y una nueva comprensión del error están modificando la manera de enseñar y aprender tenis. Desde su experiencia, plantea un desafío: dejar atrás al jugador que solamente ejecuta órdenes para formar deportistas independientes, capaces de decidir y encontrar respuestas dentro de la cancha.
¿De qué manera se trabaja actualmente con un chico de 17 o 18 años a la hora de planificar un partido, un entrenamiento o una táctica, y cómo se incorpora la devolución del propio jugador?
Es una muy buena pregunta, porque justamente es algo vital en mi relación con Faustino. Yo tengo 72 años y él tiene 18.
¿Cuántas generaciones hay entre uno y otro?
Mi mundo no tiene nada que ver con el de Faustino. El que tiene que hacer el esfuerzo de adaptación soy yo, el entrenador. Hay chicos que tienen una gran capacidad de comunicación: se sientan, opinan y buscan intercambiar ideas constantemente. Faustino, en cambio, es introvertido, y eso también requiere entender cómo relacionarse con él. Antes, en el tenis, el entrenador bajaba una línea sobre lo que el jugador debía hacer. Hoy creo que tenemos que formar jugadores independientes, capaces de tomar decisiones por sí mismos dentro de la cancha.
¿Cómo influye el conocimiento del cerebro y de las neurociencias en esta nueva forma de enseñar?
Nos obliga a cambiar la manera de comunicarnos. Antes hablábamos muchísimo y pretendíamos que el jugador ejecutara inmediatamente lo que le indicábamos. Hoy entendemos que hay que dar una indicación, dejar tiempo para que la procese y permitirle que intente, que fracase y que acierte. El error es una oportunidad para mejorar. Antes, cuando el jugador se equivocaba, el entrenador buscaba corregirlo y, muchas veces, terminaba enojándose o exigiéndole demasiado. Tenemos que entender que el tenis es un deporte de errores. Si un jugador gana el 60 % de los puntos, puede ganar el partido, aunque pierda el 40 % restante. Por eso, cuando un tenista no puede tolerar sus propios errores, aparece una contradicción con la naturaleza misma del juego.
¿Cómo se trabaja actualmente, desde el coaching y el entrenamiento, para desarrollar esas capacidades?
Hoy buscamos estimular la percepción, la anticipación, la toma de decisiones y la ejecución. Todo forma parte de un circuito. Por eso también trabajamos mucho con las neurociencias, que nos ayudan a comprender mejor cómo aprende el jugador y cómo podemos mejorar los sistemas de entrenamiento. Ya no se trata solamente de practicar direcciones durante una hora hacia un lado y otra hora hacia el otro. Tenemos que generar situaciones que se parezcan lo máximo posible a las que el jugador va a encontrar durante un partido.
¿Eso significa que la repetición técnica dejó de ser el eje principal del entrenamiento?
La repetición sigue siendo importante en determinadas etapas del desarrollo del jugador. Sin embargo, la enseñanza ya no puede estar basada exclusivamente en la técnica. Lo fundamental es desarrollar la capacidad del tenista para adaptarse, interpretar lo que sucede en la cancha y resolver situaciones en el tiempo disponible. El objetivo es que pueda tomar decisiones, anticiparse y ejecutar de acuerdo con lo que le plantea cada punto.