La creencia de que los perros pueden “oler el miedo” en los humanos, fue motivo de debate tanto en la cultura popular como en la ciencia. Investigaciones recientes aportaron evidencia sobre la capacidad de éstos animales para detectar cambios emocionales en las personas a través del olfato. Esto genera nuevas preguntas sobre el alcance y las implicancias de esta habilidad sensorial.
La evidencia científica confirma que los perros poseen un sentido del olfato 10.000 o 100.000 veces más sensible que el de los humanos. Distintos estudios publicados en revistas especializadas, demuestran que los perros pueden identificar olores específicos asociados a estados emocionales como el miedo o el estrés, reaccionando de distintas maneras ante ellos. Esta capacidad se aplica en el ámbito de la terapia emocional y el apoyo psicológico.
La sensibilidad olfativa de los perros es capaz de detectar concentraciones mínimas de compuestos químicos en el ambiente, lo que les permite, no sólo identificar sustancias, sino también distinguir señales biológicas imperceptibles para las personas, como el miedo y el estrés, a través de cambios en el sudor y en la respiración humana. Este fenómeno se debe a las alteraciones químicas que se producen en el cuerpo bajo éstos estados.
Investigaciones recientes permiten confirmar que los perros pueden identificar el miedo en los humanos mediante señales olfativas. En otro experimento realizado por la revista Animal Cognition y la Universidad de Tours en Francia, se expuso a perros a olores humanos, recogidos tras inducir emociones de alegría y miedo. Los resultados demostraron que los animales reaccionaban de manera distinta: los olores de alegría incentivaban la interacción con extraños, mientras que los olores de miedo provocaban que los perros buscaran la seguridad del tutor, o se retiraran del lugar.
A diferencia de la creencia popular, la mayoría de los perros no suelen volverse agresivos al detectar el miedo en las personas, por el contrario, tienden a evitarlos y se mantienen alejados de los extraños, mientras buscan la cercanía de algún tutor o familiar con quien se sienten seguros.
Para quienes padecen cinofobia (miedo intenso e irracional a los perros), los especialistas recomiendan mantener la calma y evitar movimientos bruscos cuando se está cerca de algún can.
Las sugerencias incluyen, colocarse de costado, quedarse quieto, guardar silencio, y mirar al frente. No mirar directamente al animal ni intentar apartarlo (esto puede ser tomado como una agresión). Estas estrategias buscan minimizar el interés del perro y reducir la posibilidad de una reacción no deseada. Reiteramos, los perros no atacaran a una persona únicamente por detectar miedo a través del olfato.
El reconocimiento de los cambios emocionales de los humanos mediante el olfato, abrió nuevas posibilidades en el entrenamiento de perros de asistencia, ya que podrían ser entrenados para actuar como alerta temprana en casos de ansiedad o crisis emocionales, facilitando intervenciones rápidas y adaptadas a las necesidades de cada paciente.
Este enfoque refuerza el rol de los perros como agentes activos en la terapia psicológica y el manejo de síntomas asociados al estrés y la ansiedad. Algunos expertos advierten que aunque los perros puedan identificar el miedo, el estrés y la tristeza, no existe evidencia concluyente de que comprendan el significado emocional de estos estados, aunque quienes convivimos a diario con ellos y conocemos al dedillo su personalidad y sus reacciones, sabemos que es real el sentimiento de empatía.
La sensibilidad de los perros a las señales emocionales, los convierte en aliados valiosos en el ámbito de la salud mental, independientemente de su grado de empatía.
Fuentes consultadas: revistas especializadas Animal Cognition y PLOS ONE; Clara Wilson, psicóloga animal de la Universidad de Queen´s en Bélgica; Universidad de Tours en Francia; Clínica de Cinofobia y profesora Katherine Houpt Universidad de Cornell.