¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Una bella historia de amor con forma de guitarra

En el extremo sur de la provincia de Córdoba, una enorme guitarra formada por 7.000 árboles que puede verse desde el cielo, mantiene vivo el recuerdo de Pedro y Graciela.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
Jueves, 10 de septiembre de 2026 a las 08:37
PUBLICIDAD
El homenaje más importante que le haya rendido un hombre a una mujer en suelo argentino.

A 20 kilómetros de General Levalle, en la provincia de Córdoba, se encuentra la estancia La Guitarra, de Pedro Martín Ureta. Desde el aire se puede ver un bosque con forma de guitarra, tal vez el homenaje más importante que le haya rendido un hombre a una mujer en suelo argentino.

Se trata del casco de la estancia cuyo diseño ocupa una superficie de 1200 metros de largo y 400 de ancho, obra del mismísimo Ureta, que mantiene vivo el recuerdo de una intensa historia de amor, conmovedora del principio al fin. La guitarra fue fotografiada por la NASA y se puede ver desde Google Earth.

Esta historia se remonta a la década del 60. Pedro, joven bohemio y soñador, después de viajar por todo el mundo, frecuentar artistas, participar de innumerables fiestas y conocer atractivos personajes revolucionarios, regresó a Córdoba. Tenía 28 años y la vida estaba a punto de darle una maravillosa sorpresa que tenía nombre y apellido. El joven, conoció y se enamoró de una bella mujer, bastante menor que él, Graciela Yrayroz, que por aquel entonces tenía 17 años.

Pedro y Graciela. La mujer no pudo ver ese sueño concretado.

Se casaron y fueron a vivir al campo de Pedro. En una oportunidad en que la flamante señora de Ureta sobrevoló la llanura cordobesa, vio un campo con forma de balde, ahí se le ocurrió que el casco de su estancia, el lugar soñado para criar a sus hijos, podía tener forma de guitarra, instrumento musical que ella amaba.

Lamentablemente, Graciela nunca pudo ver su obra concretada. Mientras cursaba su quinto embarazo, sufrió un desmayo a causa de un aneurisma cerebral y falleció a los pocos días. Tenía 25 años.

A partir de ese momento, Pedro, el hombre de campo, a cargo de sus hijos, comenzó a imaginar, para luego materializar, el sueño de su amada esposa. Fue un proyecto monumental del que solo él se hizo cargo, con la ayuda de sus hijos, porque los paisajistas que consultó, solo lo desalentaron. Le llevó más de 5 años definir el diseño. A fines de los años 70, Pedro comenzó a sembrar árboles, junto a su familia, en un lugar que parecía imposible. Una llanura semiárida, de vientos fuertes y sequías. Más de una vez estuvo a punto de claudicar.

Con tenacidad y superando las dificultades, plantaron árboles de 15 a 25 centímetros, para un crecimiento más rápido y fuerte, enfrentando el daño ocasionado por los roedores.

La obra está en el casco de la estancia cuyo diseño ocupa una superficie de 1200 metros de largo y 400 de ancho.

Pedro seleccionó cipreses californianos de color verde oscuro para los contornos y eucaliptus medicinales para recrear las seis cuerdas de la guitarra. El puente y la estrella de la boca, también se hicieron con cipreses. El contraste visual se potencia después de las lluvias, cuando los colores se avivan.

El crecimiento de la guitarra de árboles tomó 35 años para adquirir su forma definitiva. Lo curioso de todo esto, es que Pedro nunca vio su obra desde el aire, solamente a través de fotos. El hombre temía volar. Volvió a casarse con María de los Ángeles Ponzi, la encargada de la farmacia del pueblo y falleció el 19 de septiembre de 2019 a los 79 años.

Hoy la estancia está custodiada por sus hijos y nietos. En el blog de los Ureta, hay una recopilación de artículos periodísticos y textos poéticos de la familia, dedicados a ésta obra hecha para el cielo y observada por dentro: “camino por el mango de la guitarra y mis pulmones lentamente se abren por el fuerte aroma a menta que desprenden los eucaliptus”.

Un ex piloto de Austral, Gabriel Pindek, describió esa maravilla que pudo ver en su ruta aérea: “es increíble ver un diseño tan cuidadosamente planeado, a tanta distancia abajo. No hay otra cosa así”.

La NASA también escribió sobre Ureta y su guitarra: “creó un pedazo de arte terrestre para que pudiera verse desde un avión y resulta que también es visible desde el espacio”.



 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD