Las mudanzas implican un proceso complejo, no solo para los humanos, también para los animales de compañía. Los gatos por su naturaleza territorial y su apego a la rutina, experimentan ansiedad ante los cambios en su entorno.
El estrés provocado por la mudanza o estar bajo una presión extrema, puede desencadenar, entre otras cosas cistitis idiopática (inflamación dolorosa de la vejiga) una afección física vinculada a éstos estados.
Los felinos establecen vínculos muy profundos con su espacio mediante el olfato y señales visuales. Por eso, la pérdida del sitio conocido y seguro, altera su sistema de referencia. A esto se le suma la sensibilidad del gato ante el estado anímico de sus dueños. El animal percibe la tensión, el cambio en el tono de voz y la alteración de la rutina diaria con los humanos, lo que potencia su nerviosismo.
El tamaño del nuevo hogar también influye: un lugar pequeño reduce el área de exploración, pero el acceso a jardines compensa la falta de espacio con oportunidades para la actividad física, un aspecto vital para su bienestar.
Para minimizar éstas reacciones, los expertos sugieren algunas medidas preventivas: preparar una habitación segura antes de comenzar a embalar, equipada con su cama, arenero y juguetes. Es muy importante mantener éste espacio intacto, para ofrecerle un refugio estable.
Otro tema a tener en cuenta es conservar la rutina de su alimentación y juegos para reducir la ansiedad.
Si el animal nunca ha estado en una caja transportadora, se recomienda introducirlo semanas antes de la mudanza, colocando premios o mantas que le resulten familiares, para generar una asociación positiva.
El día de la mudanza se recomienda alejarlo del ruido y del movimiento constante de muebles y personas. La mejor opción es ubicarlo en una habitación lejos del caos, con sus objetos conocidos o trasladarlo temporalmente a la casa de algún familiar o amigo.
Una vez en el nuevo domicilio, es importante preparar una habitación exclusiva con sus elementos básicos, antes de que el minino llegue al lugar, de ésta manera, reconocerá un entorno seguro desde el primer momento.
No olvidemos que cada animalito tiene una personalidad única y que su capacidad de adaptación, varía según sus experiencias previas.
Los humanos responsables, deberán observar su comportamiento durante todo el proceso, para detectar inmediatamente cualquier señal de malestar y garantizar un tránsito exitoso hacia el nuevo hogar.