Hablar con Oscar Smoljan es recorrer, en una misma conversación, la historia cultural de Neuquén, el pensamiento político y las transformaciones del arte contemporáneo. Invitado al programa Entretiempo por AM550, el exdirector del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén dejó definiciones que invitan a pensar.
“Yo creo que cualquier transformación que uno pretenda hacer tiene que estar motorizada por un hecho cultural”, afirmó, sintetizando una idea que marcó su gestión pública. Smoljan fue una pieza clave en la creación y consolidación del museo, el único Museo Nacional de Bellas Artes ubicado en el interior del país. Pero su mirada va más allá de la gestión: es una concepción profunda sobre el rol de la cultura en la sociedad.
“La economía es consecuencia de un cambio cultural. No concibo que un país se transforme solo a partir de un plan económico”, sostuvo.
Cultura, política y una misma raíz
Su recorrido político dentro de la Unión Cívica Radical no es ajeno a esa mirada. Militante desde joven —“entré a los 18 años”—, Smoljan sigue hoy activo dentro del partido y reafirma sus convicciones. “Creo en la democracia, en las instituciones, en la participación. Eso no está superado”, aseguró.
Para él, cultura y política no son campos separados, sino partes de un mismo proceso social. Durante su paso por la gestión municipal, impulsó que el área de Cultura tuviera rango de Secretaría, con presupuesto propio, convencido de que debía ocupar un lugar central en el Estado.
Con una vida dedicada a las artes visuales, Smoljan también ofreció una lectura crítica del presente. “Hoy el arte es más complejo. Ya no alcanza con la emoción: prevalece la idea sobre la estética”, explicó.
Según su visión, el arte contemporáneo exige un espectador informado, capaz de interpretar conceptos atravesados por la tecnología, la ciencia y la vida cotidiana. “No se puede ser un gran espectador sin información”, resumió.
Pero su análisis va más allá de lo estético. También cuestiona el rumbo del sistema cultural global. “Antes las instituciones eran espacios abiertos, democráticos. Hoy veo una cultura más elitista, más ligada al negocio”, advirtió.
En ese sentido, planteó que existe una fragmentación creciente y una pérdida del espíritu integrador que, según él, caracterizó décadas anteriores.
La experiencia frente a la obra
En tiempos de muestras inmersivas y experiencias digitales, Smoljan marcó una diferencia clave: la relación directa con la obra.
Recordó su visita al museo de Van Gogh en Ámsterdam, donde pudo recorrer en soledad gran parte de la colección del artista. “Cuando ves la obra original, la materia, la energía, eso no lo reemplaza una pantalla”, dijo, en referencia a las exposiciones inmersivas que hoy proliferan.
Para él, la experiencia física sigue siendo insustituible: “La pantalla corta la emoción”.
Familia, viajes y su otra pasión
Hoy, ya jubilado, Smoljan reparte su tiempo entre su familia —con hijos y nietos vinculados también al mundo creativo— y su actividad cultural. “Voy a la Bienal de Venecia porque esos eventos te permiten ver la producción actual”, contó.
Su mirada sobre el mundo, sin embargo, es crítica: habla de polarización, de extremos y de la necesidad de recuperar una cultura que integre y no divida. En medio de la charla, apareció un costado inesperado: su faceta de coleccionista de bicicletas. Todo comenzó en pandemia, cuando descubrió la historia de Pierre Caminade, un ingeniero francés que en la década del 30 diseñó bicicletas de aluminio inspiradas en la industria aeronáutica. “Eran livianísimas, desmontables y de un diseño increíble”, relató.
Intrigado, comenzó una investigación que lo llevó a rastrear ejemplares en Argentina y el mundo. El resultado es sorprendente: logró reunir 14 de las 17 bicicletas que llegaron al país en aquella época, además de piezas únicas a nivel global. “Es la colección más completa que hay en el mundo”, afirmó.
El interés internacional no tardó en aparecer: incluso existe la posibilidad de que su colección sea exhibida en el Tour de France.
Óscar Smoljan no se define solo por lo que hizo, sino por cómo piensa. Su trayectoria une gestión, arte, política y una curiosidad constante que lo llevó incluso a convertirse en referente de un mundo tan específico como el de las bicicletas históricas.
En cada tema aparece la misma idea de fondo: la cultura como herramienta de transformación. Y en tiempos de cambios acelerados, su voz propone algo simple y profundo a la vez: volver a pensar el arte, la sociedad y la política como parte de un mismo entramado.