Nahuel Orrego creció fascinado por los dinosaurios y hoy trabaja como guía del Museo Paleontológico Ernesto Bachmann, en Villa El Chocón. Todavía sale a caminar con amigos por el Cañadón Escondido con la esperanza de encontrar algún fósil y sueña con formarse profesionalmente para trabajar con los restos que cuentan la historia prehistórica de Neuquén.
La pasión de Nahuel por los dinosaurios comenzó cuando era chico, mucho antes de convertirse en guía del Museo Paleontológico Ernesto Bachmann de Villa El Chocón. En aquella época, podía pasar horas recorriendo las salas de la institución, observando los ejemplares y alimentando una curiosidad que, con el tiempo, también lo llevaría a explorar el terreno que rodea su localidad.
Hoy, esa fascinación forma parte de su trabajo cotidiano. Orrego recibe a turistas, familias y estudiantes que llegan para conocer los fósiles y las réplicas de dinosaurios que habitaron la Patagonia. Pero su vínculo con la paleontología no termina cuando cierra las puertas del museo: todavía sale a caminar con sus amigos por los alrededores de El Chocón, especialmente por el Cañadón Escondido, con la ilusión de encontrar algún resto prehistórico.
En una entrevista con el programa Nos Vamos, el guía contó cómo nació su interés, qué aprendió al trabajar junto a técnicos y paleontólogos y por qué sueña con dar el próximo paso: formarse profesionalmente y trabajar directamente con los fósiles.
De chico pasaba horas recorriendo el museo
Orrego vive en Villa El Chocón desde aproximadamente 2007 y su interés por los dinosaurios se alimentó tanto de las visitas al museo como de las películas y los documentales que veía desde joven.
Con el tiempo, aquella curiosidad se transformó en una oportunidad laboral. Después de la pandemia, alrededor de 2020 o 2021, comenzó a trabajar como guía de la institución, aunque no recuerda con precisión el año en que ingresó.
Desde entonces, su tarea consiste en compartir con los visitantes información sobre las especies exhibidas, los descubrimientos de la región y el trabajo que permite recuperar y estudiar los restos fósiles.
Uno de los momentos que más disfruta es observar la reacción de quienes se encuentran por primera vez con las réplicas de gran tamaño, especialmente la del Giganotosaurus carolinii, uno de los principales atractivos del museo.
Según relató, los chicos suelen acercarse corriendo para sacarse fotos, pero la sorpresa también alcanza a los adultos. La posibilidad de dimensionar el tamaño de estos animales en persona genera una impresión diferente de la que producen las imágenes o las películas.
Para Orrego, esa reacción es parte de lo que lo motiva a continuar aprendiendo y a transmitir sus conocimientos.
El Cañadón Escondido y la esperanza de encontrar un fósil
La curiosidad que nació frente a las vitrinas del museo también se trasladó al paisaje de Villa El Chocón. Orrego contó que todavía sale a caminar con sus amigos por los alrededores de la localidad y que, durante esas recorridas, suele observar las piedras y el terreno con la esperanza de encontrar algún resto fósil.
Uno de los lugares que frecuenta es el Cañadón Escondido, un sector que forma parte de los paisajes característicos de la zona.
La posibilidad de descubrir un hueso durante una caminata es una de las experiencias que más lo entusiasman. Sin embargo, también sabe que no todo resto que aparece entre las piedras pertenece a un dinosaurio: algunos pueden corresponder a animales actuales o a otros restos que requieren una identificación especializada.
Por eso, los hallazgos deben ser examinados por personas capacitadas antes de establecer su origen. La observación del terreno puede ser el primer paso, pero la identificación y el estudio científico son los que permiten determinar qué representa cada pieza.
En una región con un importante patrimonio paleontológico, esa combinación de curiosidad, exploración y conocimiento científico forma parte de la historia que Orrego busca transmitir a quienes visitan el museo.
Su experiencia junto a paleontólogos y técnicos
Aunque todavía no comenzó una carrera universitaria, Orrego encontró en el Museo Ernesto Bachmann una oportunidad para aprender de quienes trabajan con los fósiles.
Durante la entrevista, contó que tuvo la posibilidad de acercarse al laboratorio y participar en actividades vinculadas con los huesos originales. La experiencia le permitió conocer más de cerca el trabajo que existe detrás de cada pieza exhibida.
Además, explicó que buena parte de la información que comparte con los turistas la aprendió de los técnicos y paleontólogos con los que tuvo contacto. Cuando recibe una pregunta que no puede responder, busca información por su cuenta para ampliar sus conocimientos.
Ese aprendizaje es importante para su tarea como guía: no se trata solamente de reconocer las especies, sino también de comprender cómo se recuperan los fósiles, cómo se protegen durante una excavación y por qué es necesario estudiarlos antes de sacar conclusiones.
Orrego también recordó el caso de una excavación realizada después de lluvias torrenciales en la zona de ingreso a Villa El Chocón. Según su relato, un paleontólogo encontró huesos de un dinosaurio herbívoro y 15 dientes de un carnívoro que habían quedado expuestos sobre la ruta.
La excavación habría durado entre un mes y un mes y medio. Durante ese período, los visitantes podían acercarse para observar el procedimiento y conocer cómo se preparaban los bloques de protección utilizados para extraer los fósiles.
El episodio refleja el tipo de experiencias que alimentan el interés de Orrego por el trabajo científico y por las historias que se esconden en el terreno.
El sueño de trabajar con fósiles en el laboratorio de El Chocón
El próximo paso que imagina Orrego todavía está por definirse. Durante la entrevista reconoció que piensa en estudiar paleontología, aunque también le interesa formarse para desempeñarse en el área técnica, en contacto directo con los huesos de los dinosaurios.
En Villa El Chocón funciona el Laboratorio de Preparación e Investigación del Museo Paleontológico Ernesto Bachmann, donde se desarrollan tareas vinculadas con la preparación y el estudio de materiales paleontológicos.
Trabajar en ese ámbito representaría una manera de profundizar los conocimientos que adquirió como guía y acercarse a otra etapa del proceso científico: la que comienza cuando los restos son recuperados del terreno y continúa con su preparación, conservación y análisis.
Por ahora, Orrego sigue construyendo su camino desde el museo, aprendiendo de los especialistas y compartiendo con los visitantes la historia de los dinosaurios que habitaron la región.
Su recorrido tiene una particularidad: antes de explicarles a otros qué pueden encontrar en el museo, él mismo fue uno de esos chicos que se quedaban durante horas observando los ejemplares. Y aunque hoy conoce mucho más sobre ellos, conserva la misma curiosidad que lo llevaba a recorrer las salas cuando era pequeño.
Villa El Chocón, entre el turismo y la investigación paleontológica
El Museo Paleontológico Ernesto Bachmann es uno de los espacios de referencia para conocer el patrimonio fósil de Villa El Chocón y de la provincia de Neuquén. Su colección incluye fósiles originales y réplicas que permiten acercarse a distintas especies prehistóricas de la región.
La localidad también está vinculada con el descubrimiento del Giganotosaurus carolinii, cuyos restos fueron hallados en 1993 por Rubén Darío Carolini. Desde entonces, El Chocón se consolidó como un destino asociado con los dinosaurios, la divulgación científica y las visitas educativas.
Para Orrego, ese patrimonio representa tanto una oportunidad laboral como una pasión personal. Su tarea consiste en ayudar a otros a descubrirlo, mientras continúa aprendiendo y evalúa cómo convertir su interés por los fósiles en una profesión.
Y fuera del museo, cada caminata por el Cañadón Escondido mantiene abierta la posibilidad de un nuevo descubrimiento. No sabe si algún día encontrará un fósil, pero sigue mirando el terreno con la misma expectativa que lo acompaña desde chico.