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Imágenes falsas, ansiedad y adicción: los desafíos de la IA para las infancias

La abogada Vanesa Ruiz planteó que la respuesta no pasa por prohibir estas herramientas, sino por enseñar a utilizarlas con responsabilidad. Advirtió sobre la difusión de deepfakes sexuales, la sobreestimulación y la pérdida de pensamiento crítico.

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Ruiz advirtió que el debate no debe limitarse al tiempo que los chicos pasan frente a una pantalla

La inteligencia artificial ya plantea desafíos concretos para las familias y las escuelas, desde la creación de imágenes íntimas falsas hasta las dificultades para desarrollar pensamiento crítico frente a la información digital. En ese escenario, la abogada Vanesa Ruiz, especialista en inteligencia artificial y directora del Instituto de Derecho e IA del Colegio de Abogados y Procuradores de Neuquén, sostuvo que la clave está en educar, establecer límites y definir responsabilidades.

Ruiz participó en Neuquén del primer Congreso Patagónico de Cultura para la Paz, realizado en el Teatro Español. Allí, docentes y directivos de escuelas secundarias se acercaron para consultar cómo actuar frente a situaciones vinculadas con estas tecnologías y qué herramientas pueden utilizar para acompañar a sus estudiantes.

Ruiz advirtió que el debate no debe limitarse al tiempo que los chicos pasan frente a una pantalla

“En vez de tener miedo y paralizarnos, el desafío es capacitarse y alfabetizarse”, planteó la especialista en diálogo con Entretiempo por AM550. Para ella, las personas deben aprender a desenvolverse como ciudadanos digitales, conocer las reglas de ese entorno y comprender que las decisiones sobre el uso de estas herramientas también tienen consecuencias fuera de las pantallas.

 

Ruiz pidió que las escuelas y las familias aprendan a actuar ante los abusos con IA

Uno de los ejemplos que mencionó fue el caso de alumnas de una escuela de Lomas de Zamora cuyas imágenes habrían sido manipuladas con inteligencia artificial, difundidas entre estudiantes y comercializadas en sitios para adultos. La situación derivó en una protesta frente al establecimiento y en reclamos de las familias para que se tomaran medidas.

La Guía EMA ofrece pautas para actuar ante situaciones problemáticas vinculadas con las tecnologías digitales y acompañar a chicos y adolescentes.

Ruiz remarcó que los chicos no deben quedar reducidos al lugar de víctimas de estas tecnologías. También hay que escuchar sus demandas, acompañarlos y definir qué responsabilidades corresponden a los adultos, los establecimientos educativos y las plataformas digitales.

“Los propios chicos están pidiendo a gritos que les digan qué se va a hacer con esto y que se tomen medidas”, señaló. La especialista consideró que estas situaciones deben debatirse de manera abierta y no quedar limitadas a conversaciones aisladas entre las autoridades escolares y las familias de los estudiantes señalados.

Como herramienta para orientar las respuestas, mencionó la Guía EMA, un recurso de acceso abierto que puede consultarse en Foro Digital y que también fue difundido por el Gobierno de Neuquén. El material incluye pautas para actuar ante situaciones problemáticas, acompañar a las personas afectadas y orientar tanto a docentes como a padres.

La prevención, sostuvo, requiere información concreta y preparación. No alcanza con advertir sobre los riesgos: las familias y las escuelas necesitan saber cómo intervenir cuando aparece un caso y cómo evitar que el daño se extienda.

 

Ruiz advirtió que la sobreestimulación también afecta el desarrollo de los chicos

La abogada puso el foco en los efectos que puede tener la relación cotidiana con las pantallas. Durante el Congreso Patagónico de Cultura para la Paz, contó que se abordaron preocupaciones vinculadas con la sobreestimulación, el sueño, el lenguaje y la regulación emocional de niños y adolescentes.

En ese contexto, destacó el concepto de tecnoferencia, presentado durante una exposición de Silvina Pedrouzo, integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría. El término describe las interrupciones en la interacción entre adultos y chicos provocadas por el uso de dispositivos tecnológicos. Puede ocurrir en el hogar, cuando un padre o una madre deja de prestar atención a una conversación por mirar el teléfono, pero también en otros espacios de cuidado y aprendizaje.

Ruiz advirtió que el debate no debe limitarse al tiempo que los chicos pasan frente a una pantalla. También importa qué hacen con esas herramientas, qué contenidos reciben y cuánto dependen de ellas para resolver problemas o interpretar la realidad.

“Hay que saber cómo usarla para potenciarte y no para perder tantas habilidades que después seas reemplazable”, explicó. Desde su perspectiva, la inteligencia artificial puede funcionar como asistente y ampliar las capacidades de las personas, siempre que no sustituya el razonamiento propio.

La preocupación también alcanza a los sistemas capaces de ejecutar tareas con mayor autonomía. Ruiz explicó que la inteligencia artificial agéntica puede recibir un objetivo y realizar una secuencia de acciones para cumplirlo, sin pedir autorización en cada paso. Por eso, consideró que la seguridad no depende solamente de cómo se utiliza una herramienta, sino también de los límites que se incorporan durante su diseño.

Para ilustrar ese riesgo, comparó la IA con un arma: su capacidad puede resultar peligrosa si la utiliza alguien que no sabe manejarla o si no existen restricciones adecuadas. La especialista sostuvo que los controles deben contemplarse desde el desarrollo de los sistemas y no únicamente después de que aparece un problema.

También mencionó el caso de Roblox, una plataforma cuestionada por familias que, según relató, acordó indemnizaciones y modificaciones para abordar aspectos relacionados con la adicción. Para Ruiz, ese ejemplo muestra que las plataformas pueden introducir cambios cuando se establecen límites y responsabilidades.

 

La regulación de la inteligencia artificial también se debate en el Congreso

Ruiz señaló que en el Senado de la Nación existen alrededor de 80 proyectos de ley vinculados con la regulación de la inteligencia artificial. Entre los temas que consideró urgentes destacó las consecuencias de estas tecnologías en la infancia y la responsabilidad de quienes diseñan, desarrollan y utilizan los sistemas.

Para la abogada, la discusión debe incluir la gobernanza de la inteligencia artificial: quién establece las reglas, quién concentra el poder y qué capacidad tienen los países para decidir cómo se desarrollan y utilizan estas herramientas.

En ese sentido, cuestionó los modelos que dejan en manos de las grandes empresas la definición de sus propios límites. También planteó que Argentina debe debatir qué lugar quiere ocupar: si será solamente consumidora de sistemas creados en otros países o si buscará desarrollar herramientas propias y establecer condiciones para su utilización.

Ruiz aclaró que no propone cerrar el acceso a la tecnología ni impedir que las personas aprovechen sus posibilidades. Su planteo apunta a combinar innovación, regulación y responsabilidad para evitar que los beneficios queden concentrados mientras los riesgos recaen sobre los sectores más vulnerables.

La especialista también advirtió que el miedo puede impedir que las personas aprendan a utilizar estas herramientas, mientras que la falta de límites puede facilitar usos perjudiciales. Por eso, consideró necesario analizar tanto las capacidades de la inteligencia artificial como las decisiones humanas que orientan su desarrollo.

 

Ruiz propone enseñar a verificar la información y formular preguntas

En su trabajo docente en la Universidad de Flores (UFLO), Ruiz propuso a sus estudiantes analizar un discurso sobre inteligencia artificial y contrastar las respuestas de distintas herramientas, entre ellas ChatGPT, Gemini y Grok. El ejercicio buscaba que identificaran diferencias, reconocieran ejes argumentales y elaboraran sus propias conclusiones.

La experiencia, contó, mostró que leer con atención, comparar fuentes y distinguir argumentos puede resultar difícil cuando la información llega en grandes cantidades y de manera inmediata. Sin embargo, los estudiantes lograron construir conclusiones propias cuando tuvieron que detenerse a analizar el contenido.

Ruiz también lleva ese aprendizaje a su vida familiar, con sus hijos de 10 y 13 años. Cuando recurren a ChatGPT para responder una pregunta, les plantea otras: dónde verificaron la fuente, si existe una única respuesta posible y qué aspectos pudieron haber quedado afuera.

“Tenemos que enseñarles a los chicos todas esas cosas. El pensamiento crítico sigue siendo nuestro”, afirmó.

Su planteo no apunta a impedir que niños y adolescentes accedan a la inteligencia artificial, sino a enseñarles a reconocer sus límites y a utilizarla sin renunciar a su propio criterio. Para Ruiz, la educación digital debe incluir preguntas, verificación de información y conversaciones abiertas sobre los efectos de estas herramientas.

La abogada también cuestionó que se intente resolver el problema con prohibiciones que después no se cumplen. Consideró que tanto estudiantes como docentes deben aprender a reconocer cómo cambia el razonamiento cuando se delega una tarea en una herramienta digital y cómo evitar que su uso convierta el aprendizaje en una respuesta automática.

El desafío, concluyó, consiste en decidir qué tareas conviene delegar en la inteligencia artificial y cuáles requieren una decisión humana. Esa definición resulta central para que la tecnología amplíe las capacidades de las personas sin desplazar su autonomía, su responsabilidad ni su dignidad.

 

La entrevista completa a Vanesa Ruiz:

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